MEMORIAS DE GETXO

lunes, 30 de enero de 2017

EL PRIMER AYUNTAMIENTO



Los lugares de reunión de nuestros vecinos al constituirse como Ayuntamiento siguieron una ruta descendente, desde el barrio Alto (Getxo), hasta su actual ubicación en el barrio bajo (Algorta). No eran nuestros antepasados muy explícitos en la ubicación de los lugares, tampoco hoy lo somos, por ejemplo con el fechado de carteles festivos, como si diéramos por sentado que !ya se sabe! Por lo que se irán repitiendo situaciones confusas en la ubicación del Ayuntamiento, con descripciones como: “Casa de las Escuelas” o “Casa del maestro”, que servirán tanto para su localización en el barrio rural como para Algorta.

Nuestro nacimiento como comunidad habría que situarlo en torno a principios del Siglo XVI, de la mano del solar del mismo apellido, los “Guecho”. Se describía en un manuscrito del cronista D. Lorenzo de Padilla: “...el Cronista Lope García de Salazar afirma: que cuando los Moros se apoderaron de la península, se acogió a esta tierra de Guecho un noble..., hizo en ella su casa y habitación y edificó el Monasterio de Santa María, que permanece, y alrededor de él sepulcros, de los Señores de esta Casa porque antiguamente no se usaba sepultar a nadie dentro de la Iglesia sino alrededor de la puerta...” Cuenta D. José María Beascoechea, en su libro “Monografías de Pueblos de Bizkaia” que: “...El primitivo asentamiento debió de ser muy reducido, en fecha tan tardía como 1515, todavía no sobrepasaba las veinte fogueras...”

Tratar de conocer cuando se celebró la primera sesión es difícil de lograr ya que durante la segunda guerra entre Carlistas y Liberales en 1874, la documentación del archivo municipal de Getxo, se trasladó a un casa de Bilbao, escondiéndose en un camarote; en dicha casa cayeron varias bombas, lo que provocó un gran incendio que quemó la mayor parte de la documentación histórica municipal. Entre esta documentación se encontraban los justificantes de propiedad de la mayor parte de los solares de Las Arenas.


Pero su primer Ayuntamiento, el primer lugar de reunión, de los vecinos de Getxo (Andra Mari), nos la da el Libro de Elecciones (1788-1874) cuya primera Acta comienza así: “...En el Cementerio de la Iglesia Parroquial de esta Noble Anteiglesia de Guecho, a primero de Enero de 1788, ante Mi Juan Bautista de Arias, Escribano Real, vecino..., Y congregados en cuerpo de comunidad, según tienen por costumbre los señores Regidores...” En 1797, en un documento municipal del Archivo Municipal de Getxo, del Libro de Decretos de 1797, es descrito ese hecho en su primera pagina: “...En el Cementerio de la Casa Parroquial de esta Anteiglesia hoy domingo a treinta días de este mes de abril de 1797, estando juntos y congregados en cuerpo de comunidad, como tienen uso y costumbre los señores Juan Antonio de Artega y Antonio de Aresti y muchos vecinos para tomar algunas decisiones...” Al parecer hasta esa fechas, no había existido libro alguno de decretos, lo que había causado algunos problemas, a decir de ellos “...En este Ayuntamiento se hizo presente por diferentes vocales, que por no haber habido en esta República libro de decretos, se habían ocasionado algunos inconvenientes...” Esta circunstancia llevó a la creación del primer “Libro de Decretos”.



Y el siguiente tema a tratar, tras iniciarse aquel registro de acuerdos, fue el de los cánones del aguardiente, cuyo consumo debía de ser importante, ya que aparecía como un guadiana, en la mayor parte de los libros. “Bebida espiritosa” que llegaba al pueblo en barricas de madera, acordaron que: “...siempre que se trajera a este Pueblo el aguardiente en barricas de madera o en otra forma, se dé aviso a los fieles regidores antes de vender, y estos tasen y den el precio en que se ha de vender...” Otro de los temas tratados fue el de la aguas de los pozos, que inundaban y embarraban los zaguanes del Puerto de Algorta, provocando no pocas epidemias. También acordaron, que por la falta de tiempo para seguir todos los temas municipales, fijar el primer domingo de mes para ver estos en la Casa Escuela. Uno de los acuerdos más curiosos era el referido, a esa costumbre, hoy tan arraigada de celebrar dando culto a Baco y Mecenas, en cualquier “comida de trabajo” con los dineros públicos: “...que no se hagan gastos de comidas y bebidas por cuenta de esta comunidad..., teniendo presente que muchos fieles regidores, que han sido de esta Anteiglesia, han hecho muchos gastos de comidas y bebidas, con ocasión de posesión de la Canal que hay entre esta Anteiglesia y la villa de Portugalete, en los días de sisas, vegas y casas pertenecientes a ella...” Acordaban que en lo sucesivo estas “saturnales” se celebraran por cuenta de los comensales.

El vino, las bebidas espiritosas y el Txakoli eran otros de los temas recurrentes que se trataron en aquel primer Ayuntamiento. En cuanto a esta última bebida, acordaban que se procediera a iniciar su venta el día 7 de enero, teniendo prioridad la venta de la producción local, y que se realizaría en las tabernas locales, y mientras que se realizara la misma no pudiera hacerse en ningún lugar del Pueblo, excepto en la taberna de los Arenales. Proclamaban que: “...Si se conociere que alguna persona traen vino chacolí o mosto de cosecha de otro pueblo, y no diere cuenta el arrendatario de la sisa, se pueda denunciar y quitar para sí...” Se fijaban tres lugares de venta uno en el barrio alto (Getxo rural) y otros dos en el barrio bajo (Algorta).

La documentación existente en el Archivo Municipal era otra de las preocupaciones años más tarde. En 1840, el consistorio tomaba conciencia del deterioro de los mismos, y se comisionaba al secretario municipal para su organización y arreglo, dando cuenta del coste de aquellas medidas. Eran los tiempos del regidor D. Antonio de Retureta.


Según contaba el trinitario D. Carlos Zabala en su “Historia de Getxo”: “...A partir de la implantación de la Constitución de 1812 los ayuntamientos fueron cerrados. El primer "Salón Consistorial” se instaló en la "Casa colegio”, censado en un suplemento fogueral de 16 de diciembre de 1798. En la "Estadística" ordenada por la Diputación General del Señorío en 1848, el "Colegio” se señala después de "Elejalde” y delante de "Tranpena”. En la Rotulación municipal de 1887 se le sitúa entre el caserío "Matxalen” (n° 109) y la parroquia (n° 111). Lleva el número 110, y se le denomina " Escuela pública"...” 



El 30 de enero de 1839, el estado de los documentos municipales era caótico, los traslados, la humedad y el no disponer de un sitio adecuado, los había llevado a un estado ruinoso. Al ir al archivo los fieles regidores y abrir los cajones donde se guardaban, vieron: “...con dolor que los documentos hallados en él estaban reducidos la mayor parte, a basura, aunque se puedan abrir, por lo que para salvar lo que se pueda, pasarán para orearlos a la casa de la señora viuda de D. Juan Bautista de Arias...”

En 1842, todavía se celebraban las reuniones de cabildo en el pórtico de la iglesia matriz de Santa Maria (Andra Mari) de Getxo, bajo la presidencia de D. Antonio de Sarria, a quien se denominaba “Alcalde Constitucional”. Aunque las mimas también se seguían haciendo en la llamada “Casa de las Escuelas” o “Casa del maestro de Escuelas”. Todos aquellos asuntos y acuerdos, que el Ayuntamiento tomaba, comenzaban con la protocolaria frase de “...Trata en razón de...”

Las reuniones dejan de realizarse en el cementerio de la Iglesia de Santa María, sin duda alguna por la preponderancia que iba adquiriendo el barrio de Algorta sobre el de Santa María, trasladándose las sesiones a un edificio del Puerto Viejo, pasando a celebrarse en el local que la “Sociedad de Prácticos Lemanes” tenía en el puerto de Algorta. En varias actas, aparece ya recogida con más exactitud la localización del nuevo Ayuntamiento, es el caso de la fechada el 7 de septiembre de 1857, que dice: “...Reunidos este día 7 de septiembre de 1857, en el Salón Echechu de esta jurisdicción de Guecho los señores D. Juan Ramón de Cortina (Teniente Alcalde), D. Jose María de Diliz, D. Antinio de Basagoiti, D. Luciano de Alday...” También se repite esta descripción en el Libro de Sesiones del 29 de agosto 1860, donde se dice: “...En el salón Echechu de la jurisdicción de esta Anteiglesia de Guecho donde el Ayuntamiento acostumbra a reunirse...”


El edificio denominado “Etxetxu” sirvió de Ayuntamiento hasta su traslado a San Nikolas en 1860. Ya en el acta del 21 de enero de 1860 aparece recogido: “...En la Anteiglesias de Guecho y Casa Escuela de la feligresía de Algorta, reunidos los concejales presentes que suscriben y forman el Ayuntamiento bajo la presidencia de D. Ramón de Mugica...” Previamente en dicho lugar se había construido la escuela, entre 1850-1860. En 1867 se construyó la casa del maestro y se añadió el “Salón de Sesiones” del Ayuntamiento de Getxo. El Consistorio celebró en ella sus sesiones hasta 1928. 



En 1917, el consistorio encarga al arquitecto D. Fidel de Iturria el proyecto de una nueva Casa Consistorial, obras que dieron comienzo a finales de aquel año. Y a pesar de que en abril de 1927 se rumoreaba de que para octubre del mismo año serían trasladados todos los servicios municipales al nuevo edificio, este traslado no se realizó hasta el 28 de enero de 1928 a la nueva Casa Consistorial entre las calles Aiboa y la Algortako Etorbidea (según publicaba el periódico “El Liberal” del 29 de enero de 1928), el lunes día 30 de enero iba a ser la fecha en que comenzara a funcionar el nuevo Ayuntamiento, no obstante al no estar terminadas algunas de sus instalaciones, fundamentalmente el salón de sesiones, se convino en posponer su inauguración. La inauguración oficial coincidió con la celebración del Consejo de Ministros del 29 de agosto de 1929.

Las primeras decisiones tomadas en esa nueva sede municipal, al día siguiente martes 31 de enero, fueron el reglamento Sala Cuna y el nombramiento del médico ayudante del Cuarto de Socorro de Las Arenas.


Hasta aquí un pequeño repaso por el transcurso histórico de nuestro Ayuntamiento de Getxo, que le llevó a recorrer durante años diversas sedes, las de Andra Mari (Getxo), Puerto Viejo, plaza de San Nikolas y finalmente su actual ubicación en San Ignacio (Algorta). Estos datos están sacados del Libro de Acuerdos de 1868-1871, signatura 4657-8 del Archivo Municipal de Getxo; del diario “Irurak Bat” de 1869 y del diario “El Noticiero Bilbaino” de 1927, 1928 y 1929.

jueves, 26 de enero de 2017

EL TERCIO VASCONGADO Y LA ISLA DE CUBA


Las guerras que se desarrollaron en Cuba para lograr su emancipación de España sucedieron entre 1868 y 1898. Duraron 30 años. Y es en el primer periodo 1868-1871 durante la llamada “Guerra de los Diez Años, que terminaría con el llamado “Pacto de Zanjón”, cuando se iba a crear el denominado “Tercio Vascongado”, del que formarían parte algunos vecinos de Getxo.

Ya desde principios del año 1869 se empezaban a recibir noticias a través de los medios escritos de la rebelión en la Isla de Cuba. La campaña de agrupamiento del “Tercio Vascongado” contó con la pronta ayuda de la “Junta de Comercio de Vizcaya”, quien a través de su órgano de información, el “Boletín de Comercio”, de la Villa de Bilbao publicaba un manifiesto el 27 de febrero de 1869 y el concurso del diario bilbaíno “Irurac Bat”, que el 28 de febrero publicaba un artículo de prensa. Criticaban algunas de las cuestiones expuestas por la cámara de comercio a la vez que indicaban los recursos conque las entonces llamadas “Provincias Vascongadas” podían ayudar al gobierno central. Fundamentalmente cuatro eran los puntos en que entraban en discordia el rotativo y la Junta de Comercio, referidos a: el largo tiempo necesario para reunir el tercio; la prevención y el recelo con que el ejército regular miraba a los cuerpos francos y los grandes sacrificios económicos para reunir la expedición, ya que dichos sacrificios iban a recaer principalmente en los que menos interés tenían en el éxito de aquella contienda. Las actuaciones entre unos y otros estaban referidas a la figura que iban a representar en aquella guerra los tercios vascos, a quien algunos decían cuando se referían al recelo: “...el recelo con el que mira el ejercito a los cuerpos francos..., no podemos pensarlo..., no cabe en la nobleza del soldado..., mirar con recelo al hermano que pelea bajo la misma bandera...” Y se preguntaban respecto de otras campañas: “...¿Nuestros brillantes tercios fueron solo a servir de acémilas? Hacía ya cuatro meses que había estallado el primer chispazo de aquella guerra en las Antillas. Y mientras la rebelión progresaba en la isla, la rotativa acusaba a la Diputación de Bizkaia de continuar con su mutismo.

Ante tanta presión, las tres diputaciones asumieron la organización de los Tercios para Cuba en 1869. Aunque si lo hicieron, fue para proteger su sistema foral. Ya en marzo de 1869 el conflicto llegaba a nuestro Pueblo. Así, el día 4 de marzo se reunía en el salón de plenos, en sesión extraordinaria, bajo la presidencia de D. Luciano Alday el pleno del consistorio getxotarra. En la misma se daba cuenta de una Circular de la “Diputación General del Señorío de Vizcaya” para que se nombrara a un representante del municipio en la Junta de Distrito para que los representantes de los pueblos nombraran a dos delegados. Decían que“...fueran revestidos de amplias facultades..., para que asistan al salón de la diputación..., y resuelvan lo que estimen conveniente a los intereses generales del Señorío, sobre los lamentables sucesos de la Isla de Cuba...” Para representar los intereses de Getxo quedaba nombrado su primer edil D. Luciano Alday.


Pocos días más tarde, el 20 de marzo, se daba cuenta de una circular de la diputación en la que se autorizaba al Ayuntamiento de Getxo a destinar fondos municipales para: “… contribuir a la suscripción pública abierta con destino a sufragar los gastos que ocasione la formación de un contingente de hombres con destino a la Isla de Cuba...” Aquella circular recomendaba: “... crear una comisión especial que promueva en el vecindario una suscripción voluntaria...” En ella llamaban al patriotismo de los vecinos y a formalizar a la mayor brevedad las listas de los contribuyentes, el consistorio alardeaba de: “...Que todo el vecindario, sin excepción de fortunas se halla interesado en que la rebelión de la Isla de Cuba sea sofocada...” Encabezando la suscripción con 300 escudos y nombraba como comisionados a D. José Ramón de Uriarte y a D. Juan Bautista de Cortina, para promover entre el vecindario aquella suscripción.

El 30 de abril de 1869 se daba cuenta de otra circular del la diputación, en la que se recordaba que se hicieran efectivas las cuotas de suscripción voluntarias destinadas a la formación del Tercio Vascongado. El vecindario, no se sabe si fue a toque de corneta, aportó: el pueblo alto Getxo (Andra Mari) 88 reales y el del pueblo bajo Algorta 2.110 reales y 84 céntimos.

El sábado 8 de mayo a las ocho de la mañana salia de Bilbao el Tercio vizcaíno y se ha reunia en Gasteiz a sus compañeros de las otras provincias hermanas, para marchar juntos desde allí hacia la isla de Cuba.

El primer envío de los Tercios para la isla de Cuba estaba compuesto por 500 voluntarios. El segundo “Tercio Vascongado” que salió de las tres provincias vascas hacía Cuba estaba ya formado a finales de 1869. Se calculaba que salieron hacia la perla de las Antillas cerca de 1.500 voluntarios. En la mañana del 2 de junio de 1869 llegaba al puerto de La Habana el vapor “Gipúzkoa, llevando a bordo a los “Tercios Vascongados”. Una comisión salió a recibirlos embarcados en otros vapores. Iban acompañados de bandas de música, además de los “Txapelgoris” de las ciudades de la provincia de Matanzas (Colón, Cárdenas y Guamutas). Sobre sus pecheras llevan unas inscripciones que decían: “...Euscaldunac ondo etorriac izan zaiteztela Habanaco uri eder onetara. Comisioac ugarte gucionen icenean eguiten ditzute ongui etorria. Osasuna...” Poco les iba a durar aquel ambiente festivo. En el mes de agosto del mismo año, un general que había combatido en la Guerra de Secesión Americana D. Adolfo de Cavada les infringiría una sangrienta derrota. Quedaron sobre el campo de batalla 50 Txapelgorris que iban al mando del Comandante Francisco de Iruretagoyena. Pocos años más tarde, en 1872 llegaría la tercera Guerra Carlista, a partir de la que los Tercios Vascongados quedaron disueltos para 1873.

Durante las contiendas, antes de partir hacia el frente, todo suele ser enaltecimientos y alabanzas, en las que hacia los voluntarios getxotarras tocaba no faltaron los términos de: “...Patriotas, nobles, buenos vecinos...” Mas cuando las mismas terminan, sobre todo si se pierden, los antaño exaltados como héroes pasan a ser ignorados cuando no despreciados. Algunos de aquellos viejos repatriados combatientes de la guerra de Cuba solicitaron en 1900 ser indemnizados con alguna cantidad por los sufrimientos padecidos en la misma, y porque a otros anteriormente en su misma condición, se les había gratificado con ayudas similares a las que ellos solicitaban. La cantidad vista desde hoy era insignificante: 50 pesetas. Ellos decían que: “...Creemos tener derecho a la misma por haber sido satisfecha a otros repatriados de su clase...” Lo hacían en un escrito dirigido al Consistorio de Getxo. Los firmantes eran los vecinos del municipio D. Eduardo Eiguren, D. Enrique Vidaurrazaga y D. Severiano Cayero. El municipio rechazó la ayuda aduciendo que las anteriores se habían realizado por la condición de extrema pobreza de los demandantes. Así se cerraba una página de la historia de aquel “Tercio Vascongado” anteriormente aplaudido, más tarde olvidado. Entre 1887-1870, de los vascos afincados en Cuba 1134 eran de origen Bizkaino. De ellos, 47 eran naturales de Getxo.


Los datos de esta entrada están extraídos de los Libros de Decretos (1868-1871) del Archivo Municipal de Getxo, expedientes: Del año 1869 número 4657-8 y de 1900 número 4476-2. Además de varias publicaciones del diario bilbaíno “Irurac Bat” del año 1869.


lunes, 23 de enero de 2017

ROMO, SU CAPILLA E IGLESIA



Romo, su Capilla e Iglesia. A lo largo de los años Romo ha visto crecer diferentes centros de carácter religioso, todos ellos en un espacio reducido, entre las confluencias de las calles Kresaltzu, Lope de Vega, que en su día se llamó “La Electra” y Ezequiel Aguirre también llamada “Del 30 de Marzo”.

La primera de ellas, una simple capilla que en nace en 1934 por iniciativa de D. Manuel Eskauriaza, párroco de “Nuestra Señora de las Mercedes” de Las Arenas, quien solicitó ayuda a las “Hijas de la Unión Apostólica” para dirigir la capilla. Se construyó la misma como casa-convento y se le llamó “Nuestra Señora de los Ángeles”. Se inauguró en junio de 1935. La prensa de la época dio una amplia cobertura a dicho acto, así periódicos como “El Pueblo Vasco”, rotativa gracias a la cual se conservan unas magnificas fotografías del momento; “El Noticiero Bilbaíno”, que dedicó en su décima página un espacio al momento de la inauguración; “El Nervión”, que encabezaba con una imagen del acto; “La Tarde”, en su página segunda en la sección “Del Arenal al Mar” y en su porta con una fotografía del acto; el diario “Euzkadi”, que llevaba en su octava pagina, en su sección “De Bilbao al Abra” un amplio reportaje y “La Gaceta del Norte”, que las recogía en sus paginas de los días 16 y 18 de junio de 1935, ambas en la octava pagina, en el apartado “Márgenes de la RÍa” con fotografías incluidas.


El diario “Euzkadi” titulaba el día 18 de junio de 1935 “...Con asistencia de su ilustrísima el Obispo de Gazteiz se celebra la sesión de clausura de la Asamblea de Acción Católica Parroquial de Ondarreta y la bendición de la capilla de Romo...” A lo largo del artículo detallaba la inauguración de la Capilla de “Nuestra Señora de los Ángeles” de Romo. El domingo 16 de junio de 1935 se produjo dicho acontecimiento en el barrio de Romo. La solemne bendición de la capilla levantada junto a la escuela parroquial, se construyó aneja al grupo escolar (católico) que había sido inaugurado poco tiempo antes.

La bendición corrió a cargo del Obispo D. Mateo Mugica, quien ofició la solemne misa inaugural. Le acompañaban el ilustre canónigo de la Metropolitana de Valladolid D. Alberto de Onaindia quien se encargo de la homilía y del párroco de Las Arenas de la iglesia de “Nuestra Señora de las Mercedes”, D. Manuel de Eskauriaza, a quien felicitaron como promotor de la iniciativa. Al acto inaugural acudieron el entonces alcalde D. Luis Urresti acompañado de algunos miembros de la corporación municipal, así como profesorado de la escuela y la directiva de Acción Católica local. También participó la benefactora de las escuelas parroquiales Sra. de Alday. Por la tarde como complemento del acto se celebraron varios festejos. Como se puede apreciar en la fotografía superior las escuelas eran más bajas que hoy en día, actualmente tienen un piso más.


La otra iglesia, esta sí parroquia del barrio, se comenzó a gestar más tarde. El 17 de noviembre de 1955 el entonces Obispo de Bilbao D. Casimiro Morcillo decidió la construcción de la Parroquia de San José de Romo, y de forma provisional funcionó como centro parroquial en la capilla anteriormente citada. Se nombró como Párroco a D. Juan María Arrinda Zabala. El proyecto de construcción fue obra de los Arquitectos Celestino Martínez y Emiliano Amann. El 9 de febrero de 1956 fue colocada la primera piedra en un día desapacible de nieve. Comenzaron las obras de construcción en junio del mismo año. La bendición del templo se celebro el 15 de marzo de 1959, a las doce del mediodía, con repique de campañas, que anunciaban la llegada del Obispo de Bilbao D. Pablo Gurpide Beope, quien fue recibido por los párrocos de Romo D. Juan María Arinda, el de Las Arenas D. Eduardo Isasmendi y el de San Ignacio D. Ignacio Bilbao. Las tallas del templo fueron obras del escultor madrileño D. José Luis Sánchez. Sin embargo. su inauguración se efectuó el 19 del mismo mes por coincidir con la festividad de San José, la celebración fue dirigida por el Vicario General D. León María Martínez, que contó con la asistencia del Prelado y autoridades civiles.



Esta Capilla y escuelas que el consistorio de Getxo compró a “Las Madres Reparadoras” en el año 1985, que se enfrentan a su desaparición en medio de la protesta vecinal, son uno de los pocos vestigios, junto a las “Casas Baratas”, de los edificios históricos de Romo.

jueves, 19 de enero de 2017

LAS PRIMERAS BOYAS DE LA BARRA



A pesar de que el primer asentamiento humano en la Anteiglesia de Getxo cabría situarlo en torno a 1390, según el libro “Monografías de Pueblos de Bizkaia” de José María Beascoechea, ya en 1502 se habían comenzado a realizar las primeras instalaciones portuarias. Y es de este tema del que trataré en esta entrada, y de cómo en algunas ocasiones, gracias a la lectura de periódicos de época se puede llegar a obtener datos referidos a obras en nuestra Anteiglesia, ría y puerto, de carácter histórico.

En el caso que nos ocupa, estas obras siguieron los patrones de algunos puertos de Francia y Bélgica (Amberes), los cuales fueron modelos para la instalación de las primeras boyas de seguridad allá por el año de 1502 para los navíos que se adentraban en el Puerto de Bilbao, los cuales se encontraban con la peligrosa “Barra de Portugalete”. Aprovechando que citamos a nuestra Villa vecina, decir que: “...El límite con Portugalete quedó fijado en 1586 por sentencia de la Cancillería de Valladolid, elevada a Carta Ejecutoria. Según éste, media ría era de jurisdicción portugaluja y la otra media de Getxo...”

Existieron varias causas que motivaron la peligrosidad de la temida “Barra de Portugalete”:


Una de ellas era el continuo movimiento de las mareas, que provocaban la formación de playas en el tramo inferior de la ría. Con la llegada de la bajamar se movía la arena hacia las inmediaciones de Portugalete, formando una barra de grandes dimensiones, perpendicular a la ría, provocando el cierre de la entrada. En la misma se abrían pequeños pasos de difícil tránsito. Pasos que variaban en su emplazamiento y que se abrían a la izquierda de la embocadura. 



Otra de las causas de esta peligrosa barra eran las aportaciones provenientes de arenas, lodos y cascajos que del rio “Grezalzu” (Gobela) proyectaba: “...junto a la casa de Las Arenas, y desemboca frente a Portugalete...” Esta casa no podría ser otra que la del Consulado de Bilbao o la casa del barquero. Ese cauce más tarde sería cambiado y conducido en línea recta hasta desaguar en el mar junto a una peña que se encontraba en el paraje denominado “La Begoña”, en la esquina de la actual playa de Balanar (La Bola).

En 1502 se instalaron en la llamada “Barra de Portugalete” y en la ría unas boyas similares a las de los puertos anteriormente citados. La instalación de las mejoras de la entrada al puerto corrieron a cargo del Ayuntamiento de la Villa de Bilbao, Prior y Cónsules de Contratación de Burgos: “...quienes dieron encargo al maestro cantero Garita (hombre de mucho renombre en lo tocante a construcciones) y al agrimensor francés M. Giot de Beogrant. Estos estudiaron las obras que eran factibles de realizar para el amejoramiento de la ría hasta llegar a a Portugalete y la Barra...” En esa época lo que hoy conocemos como Areeta-Las Arenas, no era si no una zona de prados juncales semi encharcados, que se hallaban bajo los montes de “Gasteluz”.


En aquel tiempo eran muy frecuentes los naufragios y encallamientos en la misma ría de Bilbao y en la desembocadura por las peligrosas corrientes y los bajos de arena que estas provocaban. Pronto Garita y Giot de Beogrant se aplicaron con tal entusiasmo a la tarea encomendada, que no tardaron en presentar su plan de obras para la mejora de la navegación. Según su plan lo primero que había que realizar era desviar el curso del rio Grezalzu (Gobela), obligando a que desembocara junto a las peñas de Punta Begoña. La obra consistió en abrir un canal de 410 brazas de longitud por 5 de ancho y 1 de profundidad; y se construiría una estacada de 40 brazas de largo, reforzada con rocas y tierra, realizándose en la misma madre del río una presa; además la obra contaba con un puente sobre el cauce y un camino para carros bajo el puente en dirección a Las Arenas. Su costo estimado fue de 6.820 reales. El informe de los expertos parecía sacado de los de hoy en día, por su optimismo, decían: “...Esta obra será cosa fixa y de arte que dure para siempre...” Finalmente aquel proyecto no se acometió, en su lugar realizaron otro menos ambicioso, consistente en colocar a la entrada de la ría unas boyas traídas desde Flandes. Mientras el río “Grezalzu” (Gobela) sufriría modificaciones importantes, que lo llevarían a recorrer en paralelo las calles Errekagane e Ibaigane de Getxo, para seguir por Grabriel Aresti (Leioa) hasta su desembocadura actual en el río Udondo. Las últimas las hemos podido ver todos.



Las mentes pensantes de la época se dieron pronto cuenta de que el futuro de la Villa bilbaína estaba en la ría y por las informaciones que les llegaban de los expertos marinos, decidieron colocar, al igual que existían en otros puertos de Europa, unas boyas que aseguraran la navegación en la ría bilbaína. El procurador bilbaíno D. Juan de Bermeo acudió a la corte diciendo: “...los navíos y naos que salían por el canal de la ría, cerca de Portugalete, por la poca agua e a causa de estar siempre en un lugar muchos navíos y gente, se perdían bastantes de estos..., que habiendo esta villa fabricado y colocado ciertas boyas en la barra a fin de que los navíos no se perdiesen, lo cual interesaba a los mercaderes, maestres y tripulantes y al real servicio, se debía autorizar que lar mercaderías pagasen un tanto para el sostenimiento y personal de dichas boyas...” La corte contestó que se informara al “Corregidor del Condado de Vizcaya” el licenciado D. Francisco de Vargas, para que dictaminara sobre la materia, finamente parece que su informe fue positivo y se llevó a cabo la instalación de aquellas boyas. El concejo municipal y la Casa de Contratación de Bilbao, en 1511, presentarían una incitativa real al corregidor para que informara de la necesidad de imponer un gravamen sobre los navíos para reemplazar las seis boyas que se habían perdido en la ría. Este fue el primer proyecto para mejorar la barra frente a Las Arenas y Portugalete, pese a que el primer barrio aún no se había comenzado a construir, y era tan solo una marisma. Los detalles de esta obra constan en el registro numero 201 del archivo del Ayuntamiento de Bilbao.


No fue esta la única indicación que se utilizó para la entrada de los navíos en la ria, en 1791 se instalo un sistema de señales, mediante banderas, que eran colocadas en el fortín de San Ignacio (Usategi), las cuales podían ser vistas desde Artxanda. Aquellas indicaciones eran sumamente necesarias para la navegación, ya que en el periodo que iba desde 1715 a 1795 naufragaron en el Abra 14 barcos, pero esos serán temas para una próxima entrada. Las medidas para el salvamento de náufragos, de buques encallados o hundidos por los temporales y barra se sucedieron a través de los años, buena prueba de ello es que el 28 de marzo de 1885, el “Club Náutico de Bilbao” daba cuenta de una suscripción para “...Establecer una Estación de Salvamento de Náufragos en la Barra del Nervión...” A la cifras conseguidas hasta esa fecha 38.475,75 pesetas venían a unirse las donadas por el comandante del vapor ingles “Guyenne” y del capitán y tripulación de otro de nacionalidad española el “Rivera”, que subían la cifra hasta los 38.580,75 pesetas. Con ello quedaba claro, que todos los barcos y compañías navieras estaban interesados en lograr, aunque fuera a través de una suscripción, la seguridad de la Barra de Portugalete.

lunes, 16 de enero de 2017

LA PLAYA DE LOS NIÑOS



La playa de los niños”, “el paraíso de los niños”. Con estos singulares nombres se conocía a una de las playa de nuestro municipio, la de Areeta-Las Arenas, también llamada “Ondarreta”. Sus arenas y aguas bravas eran dignas de admiración en 1876. Sin embargo, al estar en mar abierto, la fuerza del mar, en más de una ocasión, puso en peligro a animosos bañistas e instalaciones balnearias. Así lo contaban las paginas de prensa a primeros de agosto de ese año: “...un joven empleado del balneario de “Baños de Mar Bilbaínos” tuvo la desgracia de ser arrastrado por la corriente del mar, algo enfurecida..., una hora después de sucedido el percance no había vuelto en si...”

Eran los tiempos en que estaba en construcción parte de la defensa del balneario, su muro de contención, y se anunciaban las primeras llegadas de veraneantes desde Bilbao a nuestras playas: “...Ha empezado un movimiento no conocido, hasta hoy, de carruajes, vapores y vehículos con toda clase de gentes, que se dirigen sin cesar a Portugalete, Algorta y Las Arenas, sitios deliciosos que tanto embellecen nuestros alrededores...” Tiempos en que las aguas de nuestra playa eran un vergel marino para la pesca del txipiron. Se llegaron a contar hasta 67 lanchas faenando esta especie en agosto de 1885.


Fue en 1888 cuando se inauguró un nuevo balneario. Pertenecía a Dña. Felipa Bustingorri, propietaria del Hotel “Las Delicias”. Estaba junto a la playa de Las Arenas, en el que se anunciaban por primera vez, los famosos helados “Las Delicias”, de mantecado, albérchigo, fresa, limón y ponche a la romana, placeres que algunos niños disfrutaban camino de la playa. Durante ese mismo año, en el mes de julio, el balneario de los Aguirre, durante una de sus múltiples fiestas estivales, dedicó una polka con el sugerente nombre de “Las Arenitas”, seguramente dedicada a esa bella playa.

Pese a que habían visto mermar su espléndido tamaño, antaño 1,5 kilómetros en su pleno apogeo, que se extendía desde Churruca a Balanar (La Bola), a finales del Siglo XIX, no por eso dejo de ser una de las playas más tranquilas y seguras de Bizkaia. Sus arenas eran blancas y suaves, sus aguas tranquilas para la seguridad de los pequeños, sus servicios eran otra de las características que la hacían ser cotizada por los veraneantes, que llegaban de todos los puntos geográficos.


A finales del Siglo XIX, nuestra playa estaba casi tomada por las plataformas de las casetas de baño, que tiradas por yuntas de bueyes, acercaban a los tímidos bañistas hasta la orilla del mar; más de un caballista se dirigió corcel en mano hacía aquella espectacular playa. Eran famosas en la época las casetas de baño de Nicasio Román por su característico color blanco y chocolate. Y a pesar de que la playa era inmensa, las casetas de baño copaban casi toda su extensión. Ahora, a pesar del reducido tamaño con el que habían quedado sus arenas, (apenas 250 metros), ganaba en seguridad porque estaba al resguardo del los contramuelles, las casetas de baño. Además los bañeros y las maromas ampliaban su seguridad.

Era habitual ver pasear a señoras de punta en blanco, luciendo sombrillas estampadas, tocadas con pamelas a la última moda de Europa. Los caballeros lucían también sombreros canotier (gondolero) o bombín, que contrastaba con los vetustos atuendos de los bañeros. Los niños de la alta burguesía lucían inmaculados trajes de marineros, tocados de sus respectivos sombreros o viseras. El grueso de los bañistas, más discretos, vestía sus atuendos habituales, cubriéndose con tradicionales pañuelos o txapelas. Los hábitos en cuanto a la indumentaria, fueron variando con el paso del tiempo.


Iban desde los trajes casi conventuales de finales del Siglo XIX en que las señoras se enfundaban para cubrir sus formas hasta los trajes formados por camisa pantalón, que cubrían mulos y subían hasta el cuello. El color que dominaba era el negro, que evitaba cualquier insinuación pecaminosa. Pasaron, a principios del XX, a ser también largos, más atrevidos insinuando cuerpo, a rayas horizontales, en los que ya entraban los tonos claros. 

En 1925, comenzaron a aparecer algunas cámaras fotográficas. Resultaba curioso ver a los fotógrafos en medio de corros de niños y personas de edad, en una playa de Las Arenas, que dejaba ver tras su paseo edificios, hoy ya desaparecidos. Entre ellos la antigua iglesia de Las Mercedes.


En los años 30 se seguía manteniendo la costumbre de estar vestido, incluso de traje, en la playa. En los 50 los hombres llevaban trajes de baño de una pieza, que podían ser alquilados en las casetas de “Rita la bañera”. Eran los conocidos como “taparrabos” que llegarían a finales de los 50. A partir de ahí el traje de baño evolucionó rápidamente y con la llegada del “bikini” a mediados de los 60 el cuerpo, sobre todo la mujer, se libró de las llamadas “capas de cebolla”. También el material playero durante la primera década de mediados del Siglo XX (1950) fue cambiando, y a pesar de que las casetas de baño aún eran las reinas de la playa, habían reducido su tamaño, y eran de tela a rayas, fijadas mediante vientos. También se alquilaban las sillas de mimbre con techumbre, aunque estas ya se usaban a principios de los años 30.


Durante esos años y los 60 la primera línea de mar estaba tomada por los botes de remo, algunos varados en la arena y otros como autenticas plataformas de salto; eran embarcaciones que provenían de embarcaderos cercanos, aunque muchas de ellas habían salido del dique de Portugalete. Esa costumbre era antigua, ya que en algunas fotografías de 1928, también se podían apreciar esos botes de remos, en un frente playero lleno de casetas de lona.

La playa de Las Arenas parecía estar acotada, según la procedencia de los bañistas, la zona izquierda, la más próxima a Churruca, era sobre todo lugar de esparcimiento de los habitantes de la margen izquierda; la zona central era área de solárium de los habitantes del barrio arenero, y la derecha parecía estar reservada para los procedentes de Romo y la calle Urkijo, aunque muchos de estos, al igual que decenas de jóvenes de todo el barrio, prefirieran el embarcadero como lugar de baños. Las llegadas a las playas también se efectuaban siguiendo rituales recorridos, los de la margen izquierda de la ría lo hacían por el Muelle de Evaristo Churruca, los de Areeta-Las Arenas preferían, en general, seguir la senda de las calles Arieta o Barria, aunque también, al igual que los de Romo accedían por Miramar. En general, había un hábito de vestimenta entre los niños y jóvenes. Predominaban la zapatillas blancas, las populares “Bamba”, portando bajo sus brazos una toalla enrollada en forma de tubo. Los que llegábamos por Miramar, al acercarnos a la fuente de Zugazarte, ya percibíamos el aroma inconfundible del yodo marino, que traía una refrescante brisa pelágica, era señal de que en breve arribábamos a nuestra querida playa.


Ya solo faltaban los velomares y los anuncios flotantes, pero con ellos llegó la contaminación de las aguas, fruto de la industria y los vertidos de fecales, que a veces nos pasaban rozando, de los que se solía decir, como en la famosa canción bilbaína: “...Entre las angulitas había un pez gordo, arrimamos el farol... y era un MOC..., así de grande y así de gordo...” Así aquella fantástica playa, que un día viera pasear por sus orillas a la distinguida clientela de la casa de “Baños de Mar Bilbaínos”, a que la prensa denominara “La playa de los niños” fue degradándose y perdiendo a los pequeños revoltosos, que aportaban alegría y vida a aquella incipiente población. Rapaces que con sus camisolas y gorros blancos iluminaban los días del estío.


En ella formaban parte del paisaje: Los guarda playas impecablemente vestidos de blanco, cuerpo que en mayo 1929, destinaría a uno de sus miembros a la playa de Las Arenas, estableciendo que el servicio se desarrollara de 9,30 a 13,30 por la mañana y de 16 a 20 horas por la tarde. Todos ellos eran requeridos con cierta estatura, rondaban 1,75 de media. El guarda playa asignado a Las Arenas fue D. Fulgencio Larrazabal. A todos ellos se les realizó un pequeño examen destinado a comprobar sus conocimientos de las obligaciones del cargo, y entre sus cometidos estaba: “...el que todos los bañistas debían usar inexcusablemente para desnudarse las casetas o cabinas...”, solamente eran escusados del uso los menores de 6 años. También los barquilleros con sus inconfundibles tambores de colores con ruleta de la suerte al hombro. Y algunas señoritas de compañía, que cuidaban a los niños de “familia bien”. No era extraño ver, sobre todo en la zona izquierda de la playa, a jóvenes enjabonándose (aún no habían llegado las duchas). Los amigos del lucimiento, jóvenes en pleno apogeo vital, aprovechaban la audiencia para improvisar espectaculares saltos en plancha, sobre una orilla prácticamente sin agua. Los bloques, en los años 50-60 fueron otra de las atracciones para practicar el salto, esta vez sí, con suficiente calado.


Hoy, gracias a los tratamientos de las aguas industriales y residuales, los vertidos contaminantes que antes iban directos a la ría, y con ello a nuestras playas, poco a poco hemos visto mejorar la calidad de las aguas y la del propio litoral. Nuestra playa y sus aguas están volviendo a ser lugar de baños, recuperando a visitantes, amantes del sol y mar, quizá algún día vuelva a ser "La playa de los niños". Y rememorando los versos de “Wordsworth”. Finalmente decir: ”...Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello, que en mi juventud me deslumbraba..., el recuerdo de aquellos días subsistirá para siempre...”.



jueves, 12 de enero de 2017

LA ESCUELA DE NAUTICA DE ALGORTA



La Escuela de Náutica de Algorta nació al albur del Decreto del 8 de julio de 1787, que ordenaba la fundación de escuelas de pilotaje y marinería en todos los consulados de mar y puertos habilitados para el comercio con las Américas.

Pero su fecha de creación no se puede fijar hasta el 28 de abril de 1868, fecha en la que el Ayuntamiento de Getxo abrió un expediente, para la transformación de la Ermita de San Nicolás de Bari de Algorta en Escuela de Náutica. La Ermita de San Nicolás de Bari fue construida en la década de 1650-1660, siendo Párroco de Santa María de Getxo D. Plablo de Alday. En 1808 comenzó a funcionar como parroquia, se cerró al publico el 2 de julio de 1863.

El lugar elegido para la escuela fue dicha ermita, situada en la bajada de la calle San Nicolás, al llegar a la plaza de Jenaratxu, edificio que fue en su tiempo la antigua perrera (calabozo) del Puerto Viejo. Al comenzar el expediente, el consistorio decía: “...El Ilustre Ayuntamiento de la Anteiglesias de Getxo estudiadas las urgentes necesidades de formar una escuela de Náutica y las ventajas que de ella reportarán al vecindario y juventud, erigir una casa que suministre los departamentos convenientes y capacidad al efecto, y habiendo reconocido el antiguo edificio de la Iglesia de San Nicolás de Bari de Algorta..., en los conceptos que requiere la instrucción de la navegación es inmejorable, puesto que desde sus salones se verán continuamente abundantes operaciones de maniobra que son importantes para los alumnos de la carrera de pilotos...”

El edificio, era propiedad del Obispado de Gazteiz, y hacía años, en 1863, que había visto cerrar sus puertas debido al estado de ruina que presentaba. Otro de los motivos de la elección era que al poder aprovechar las paredes de la antigua ermita, se abarataba el costo de construcción. El Consistorio, antes de preparar los planos para su remodelación, solicitó el preceptivo permiso al Obispado. Quien indicó el método que debía seguir la construcción del citado edificio: las paredes del edificio debían ser apeadas, a excepción de las que daban al este, oeste y sur, sin que el mismo impidiera el paso público. La mampostería y sillería tenían que ser extraidas de las canteras del Pueblo. El replanteo debía de realizarse dejando el suelo del edificio a 186 milímetros por encima del suelo existente de la iglesia. Se hacía desaparecer la forma ovalada que tenía la pared este de la ermita. De esta manera se iba describiendo cómo se iban a desarrollar las obras del nuevo edificio. El presupuesto para aquella obra ascendió a 5.930 escudos.


El 4 de enero de 1868, el obispo de Gasteiz dirigió un escrito al Ayuntamiento de Getxo, en el que decía: “...Depuradas más y más las noticias del uso y destino que ha tenido en tiempos anteriores la Ermita de San Nicolás de Bari de Algorta, y habida ya seguridad de que allá fue construida con el único fin de celebrar la Santa Misa, para que los dedicados a la pesca pudieran cumplir el precepto de audición más cómodamente, como así se ha verificado, y que si alguna vez llegó a inhumarse algún cadáver, ha transcurrido tanto tiempo que no puede tener inconveniente alguno de que sea habilitado dicho lugar, ni por otra parte se falte a las disposiciones vigentes, vena dar y por el presente doy la licencia necesaria para que la referida Ermita de San Nicolás de Bari de Algorta pueda dedicarse a escuela de Náutica...” Así, el obispo daba su autorización para la remodelación del nuevo edificio, pero ponía la condición de que: “...en la pared que sirva de portada al mismo edificio, o bien en otro punto muy visible del mismo, se coloque incrustado, o en otra forma, una cruz que indique haber sido santo, dicho local...” Firmaban el acta D. Domingo de Arteta primer teniente de Alcalde de la corporación municipal y el secretario D. José de Abarrategui.

Para la ejecución de las obras se presentó un plano fechado el 29 de abril de 1868, en el que se recogían unas vistas de alzado del edificio así como una sección del edificio; en las plantas en las que se recogía la distribución del edificio, se indicaba sombreado con negrilla las paredes que se iban a aprovechar (Ver fotografía superior).

El 11 de diciembre de 1868, D. Martín de Berreteaga, en representación de la Cofradía de Mareantes, se dirigía por escrito al Ayuntamiento de Getxo, exponiendo lo siguiente: “...la Cofradía de Mareantes en cuya representación comparezco, como Mayordomo, en junta general celebrada el día 24 de febrero último, acordó que cedía al municipio todos los derechos que tenía adquiridos en los consumos de vinos y aguardientes, de esta Anteiglesia a virtud de escritura que entre esa corporación y la representada por mi, se otorgó el año de 1842, pero con la condición de que por esa parte se había de establecer el próximo año en el edificio destinado al efecto, una escuela de Náutica...” En aquel escrito, recordaban que la citada escuela debía servir para formar a los jóvenes como pilotos, y que el sostenimiento de la misma debía correr a cargo de la corporación local.

El 2 de octubre de 1868 la “Diputación General del Señorío de Vizcaya” autorizaba a sacar a remate las obras de la Escuela de Náutica. El 4 del mismo mes el Ayuntamiento de Getxo firmaba un decreto por el que dichas obras salían a remate y colocaba en lugares visibles de todo el Pueblo dicho decreto. El 18 de octubre de 1868 se firmaban el otorgamiento de la escritura, por decreto del día 4 del mismo mes, de la Diputación General, ante el notario y vecino de la propia Anteiglesia de Getxo D. José Manuel Sarría, firmaban la misma D. Luciano de Alday y el regidor D. Juan Ramón Arana. El 12 de abril de 1870 las obras de la Escuela de Náutica, realizadas por D. Antonio de Uriarte, habían concluido y que habían sido revisadas por el maestro de obras (titulo equivalente al de arquitecto municipal) D. Francisco Ciriaco de Menchaca.

El 8 de marzo de 1879 se firmaba el documento de cesión de la Ermita de San Nicolás de Bari para Escuela de Náutica, ante el notario de Portugalete D. Ricardo de Vildosola, entre las representaciones del “Ayuntamiento de Getxo” y de la “Cofradía de Mareantes del Puerto de Algorta”. El documento se titulaba “Escritura de convenio obligación y renuncia de derechos”. Entre los asistentes a aquel acto se encontraban: D. Ignacio de Arias (Notario del Colegio del Territorio de la Excelentísima audiencia de Burgos), D. Martín Berreteaga (Mayordomo de la Cofradía de Mareantes del Puerto de Algorta). Mediante aquel acto quedaba rescindido el convenio celebrado entre ambas corporaciones en el año 1842; a la vez que se nombraban las comisiones para establecer las condiciones de la escritura de la Escuela de Náutica. Por parte de la Cofradía fueron nombrados D. Julián de Mandaluniz, D. José Antonio de Uriarte y D. Mariano de Arana. En dicha escritura se establecían: “...los derechos correspondientes al Puerto en los impuestos municipales y el establecimiento de la Escuela de Náutica...”. Se celebró una Junta de la Cofradía, el 24 de febrero de 1878, en el salón del “Etxetxu”,bajo la presidencia del Alcalde de Getxo D. Ramón de Arecheta, en la cual se decía: “...estando convocados y reunidos en junta de hermanos cofrades los mareantes de este Puerto..., con su Mayordomo D. Angel de Zabala..., a petición de éste, se acuerda relevarle, pasando al cargo de Mayordomo su segundo D. Julián de Manzaluniz, además de a los señores D. Martin de Berretega y D. Eulalio de Madariaga...” En dicha junta se nombró una comisión encargada de revisar las cuentas del Puerto en la misma también se reclamaron al consistorio: “...los impuestos municipales en consumos de vinos, aguardientes y licores...”.


Resultaban curiosas las expresiones “Este pobre Pueblo” o “Este sensato Pueblo”, las cuales aparecerán en muchos párrafos de los escritos, tanto de escrituras como de cartas protocolarias, que no eran si no una manera de tratar de ahorrar en el pago de tributos. Pero en dicho escrito, si algo se expresaba con claridad era que: “...el gremio de Mareantes de este Pueblo renuncia para siempre a todos sus derechos..., a favor del Ayuntamiento..., de la referida Escuela de Náutica...” Pero salvaguardaba sus derechos la Cofradía de Mareantes con el siguiente párrafo: “...Que en el caso inesperado de que el Ayuntamiento una vez aceptadas las condiciones que preceden dejare de cumplirlas en todo o en parte el gremio tendrá derecho de pedir la nulidad del todo...” Aquellas escrituras quedaban en manos de D. Ricardo de Vildosola (Notario de Portugalete). El director y maestro de aquella escuela fue D. Eusebio de Echaniz.

Pero como casi todo en esta vida tiene un final, a la Escuela de Náutica también le llego su hora. La escasez de alumnos provocó que en abril de 1882 se viera avocada al cierre. Esto llevó a que fuera necesario estudiar la situación legal en que quedaban los acuerdos firmados entre Ayuntamiento y Cofrades, por lo que se solicitaron varios informes legales a diversos juristas, entre ellos D. Salo de Zayas, D. Lorenzo de Areilza y a un abogado bilbaíno de apellido Sr. Ugalde. En el informe que realizó uno de estos abogados D. Lorenzo de Areilza se indicaba que: “...Habiendo estudiado la escritura de convenio, obligación y renuncia de derechos otorgada en 10 de noviembre de 1879..., y las actas de acuerdos y decretos así como la escritura de 1842..., así como la escritura de obligación y compromiso del 1 de agosto de 1880..., y debido a que la escuela está destinada a cerrarse por la falta de alumnos..., su director D. Eusebio de Echaniz ha cesado en su cargo con el beneplácito de la Corporación Municipal...” A partir de ahí se planteaba el destino que se tenía que dar a aquel edificio que había albergado a la Escuela de Náutica y a sus fondos, respecto al cese de funcionamiento era claro que: “...el Colegio no lo constituyen el maestro y las paredes, si no que lo esencial son los alumnos, sin los cuales no tiene razón de ser. La escuela cesa por falta de alumnos, independiente mente de la voluntad del Ayuntamiento, ajeno a su voluntad y contrario a sus deseos...” Al parecer el tema de los arbitrios de bebidas alcohólicas causó algunos problemas de interpretación legal, ya que se consideraba que no podía ser la Cofradía quien cobrara la parte alícuota de aquellos los impuestos, por lo que se solicitaron varios informes legales a diversos juristas, entre ellos a D. Salo de Zayas, D. Lorenzo de Areilza y a un abogado bilbaíno de apellido Sr. Ugalde. En el informe emitido por el Sr. Areilza se decía: “...llega por tanto el momento de en que debe empezar a satisfacer los 10.000 reales anuales a la Cofradía de Mareantes, no creo que habrá la menor dificultad en que esta suma figure en los presupuestos...” Aquel derecho de la Cofradía que venía de antiguo, se temía que pronto pudiera dejar de cobrarse por: “...que se teme que muy pronto vendrá la nivelación tributaria de estas Provincias con las de Castilla...” Así que se aconsejaba, dada la falta de antiguos justificantes, y a la mayor brevedad: “...y bajo la base de la escritura del 10 de noviembre de 1879, capitular con la Cofradía de Mareantes la suma de a esta se debe, y acordar su pago en unos cuantos años...” Al parecer no tenía que haber problemas para tomar esa decisión, y así lo indicaba en dicho informe: “...sé que casi los mismos individuos de la Corporación Municipal son los de la Cofradía, y porque una vez los fondos en manos de la misma podrán ser invertidos en obras de provecho, sin necesidad de los requisitos y autorizaciones que son indispensables en el Ayuntamiento...” Dentro de las opciones que se barajaron para el destino de aquellos fondos estaban el sostenimiento de una Escuela Nocturna para adultos, socorrer a viudas y huérfanos para emplearlos en trabajos del Puerto.


Este viejo edificio ha permanecido bajo la administración municipal a lo largo de los años. Ha tenido diferentes funciones, entre ellas la de calabozo o “Perrera”, vivienda del contramaestre del ayuntamiento, vivienda de maestros. Se le denominó también “La casa de los Maestros”, porque en ella vivieron durante muchos años cuatro maestros, Dn. Antonio, Dn. Bernardo y dos maestras; también fue residencia de un Sobrestante del Ayuntamiento Juan Sáez, padre de “Pajarón”.


Así fue como nació la Escuelas de Náutica de San Nicolas de Bari de Algorta que aportó un innumerable número de afamados pilotos a este Municipio. Hasta aquí un pequeño apunte sobre ella. Estos datos están sacados de los expedientes municipales: Libro de decretos de 1868 expediente 4657-8 y del de los expedientes del mismo año 4602-8 y 4625-9.