MEMORIAS DE GETXO

miércoles, 27 de septiembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO -VI-



En esta entrada seguiremos con algunos casos de subastas de terrenos comunales, así como algunas iniciativas privadas para la construcción de caminos, que más tarde provocarían conflictos entre el Ayuntamiento y los particulares que los realizaron.

En enero de 1868, algunos trozos de terrenos comunales de los arenales salían a subasta: “...queda enterado el Ayuntamiento por el “Boletín Oficial de ventas de bienes Nacionales” N.º 49, del 18 del corriente, donde se anuncia la venta de dos trozos de arenales propios como de este Pueblo, para el 22 de febrero...” Ambos lotes estaban situados en Algorta, el primero en la zona de la Avanzada: “...Este lote confina por N. con la colina de Algorta llamada de la Abanzada por S. con arenales de D. Eduardo Aguirre, con la zona marítima de seis metros contados desde la cresta…, con la zona de tres metros para el servicio de la carretera de Algorta...” Dicho lote tenía 56.404 m² y estaba tasado en 331 escudos. El segundo lote: “...Confinaba por el N. con con las colinas de Algorta, y con el caminovecinal que se dirige a Lejona, por el S. con los arenales de D. Jose Niceto de Urquizu...” Estaba próximo al rio Gobela, era de 235.812 m², y estaba tasado en 693 escudos.

Pero las iniciativas altruistas de los asociados del Sr. Goya parece que tuvieron segundas partes, ya que en febrero de 1868 intervenía el Gobernador de la Provincia para hacer saber que la conservación del camino por ellos financiado debía de ser costeada por el Consistorio, quien decía en sus propias actas: “...El Ayuntamiento de Guecho con laudable fin y deseo de mejorar la agricultura, industria y comercio del pueblo que administra, a costa de grandes sacrificios, construyó en los años 1863, 1864 y 1869 varios trozos de caminos de coches, cuya ejecución no ha podido en parte satisfacer por carecer de fondos, y a la buena conservación de los mismos tampoco puede atender…, y que hallándose por esta causa mal parados, deberá si sus recursos no aumentan a echar mano de arbitrios extraordinarios…, y dejar el Pueblo en la miseria sin comunicación con la Capital de la Provincia...” Se lamentaba el consistorio de que tal coste, difícil de mantener por el Ayuntamiento, debiera de satisfacerse, ya que de saberlo hubieran preferido no autorizar a Goya y asociados a ejecutar con sus fondos dicho camino.


Los fondos del Ayuntamiento, como decía anteriormente escaseaban, tal es así que el camino que conducía hasta el campo santo de Algorta, cuyos terrenos habían sido expropiados a Dña. Josefa Ramona de Izcoa, para su ejecución, permanecían sin abonárselos, y el consistorio le decía que tan pronto como los fondos municipales lo permitieran, le serian devengados.

En marzo de 1868 se procedía al derribo del pórtico de la ermita vieja de San Nikolas, a fin de mejorar el ornato público e impedir que: “...se convierta en guarida de algunos malhechores que pudieran retirarse en esos locales...”

La extracción de arenas para sujetar los nuevos arenales adquiridos, fue otra de las actividades a las que los grandes hacendados recurrían. En junio de 1868 eran los hermanos Aguirre, Eduardo y Ezequiel, quienes solicitaban del Ayuntamiento dicho permiso: “...para extraer unos cuantos carros de tierra de la Avanzada, de esta jurisdicción, para sujetar una parte de las arenas de nuestra propiedad al Oeste del camino de Algorta a Las Arenas...” También la extracción de piedra era necesaria para las obras que se estaban realizando en el Pueblo, en puntos tales como la Playa de Ereaga, cuyo camino carreteril se estaba realizando en Mantequena, donde se amontonaban piedras para las obras de Algorta. Entre los lugares elegidos para la extracción estaban la Cantera de Aiboa, el alto de la Avanzada, incluso la procedente de Ereaga; también de la Galea , lugar en el que en un terreno comunal, junto a la casa Goicoeche D. Martin de Berasaluze extrajo piedra para la ejecución del camino de Iturrieta a Telleche.


En el Puerto Viejo de Algorta, en septiembre de 1.868, se realizaban las obras para adaptar la vieja ermita de San Nikolas para escuela de Náutica.

En diciembre de 1868, el gobernador civil de la provincia había ordenado se que procediera a la renovación de los Ayuntamientos, de acuerdo con lo dispuesto por el Gobierno de la Nación. Por ello se reunió el “Ayuntamiento General de Guecho”, en el edificio de la plaza de San Nikolas: “...bajo la presidencia de D. Luciano de Alday y D. Juan Ramón de Arana…, junto a la mayor y más sana parte del vecindario…, cuyos nombres se adjuntan más adelante…, se dio paso a la deliberación de cuatro negocios. En primer lugar se trató de la circular remitida por la Diputación General, del 25 de noviembre de 1868, referente a la Ley de sobre la organización y atribuciones de los Ayuntamientos, publicada por el Gobierno de la Nación, que es contraria al fuero de este señorío, por lo que este recomienda se obedezca pero no se cumpla. Hubo discordancia entre los participantes, sobre la avenencia al cumplimiento de la orden, por lo que se procedió a la votación, que dio como resultado que la gran mayoría dijeron se obedezca pero no se cumpla, en total fueron 99 los que se adhirieron a esa formula, contra 8 a favor de cumplir lo dispuesto por el Gobierno de la Nación…”


La situación en abril de 1869 de la carretera que iba desde la Avanzada hasta la Plazuela de Las Arenas (actual Puente Bizkaia), era desastrosa, hasta tal punto que los carruajes no podían transitar por ella. Por lo que el consistorio decidió: “...se proceda a la reparación y conservación, y existiendo en la playa de Ereaga amontonada y amartillada bastante cantidad de piedra, se formalice con algún carretero del pueblo, con toda la economía posible, la conducción de la citada piedra...” Aquella piedra amontonada en Ereaga que había sido apilada por un grupo de jornaleras de Algorta, fue contratada a D. Vicente de Elosua a nueve reales el m³. La piedra fue conducida al camino de Las Arenas por el carretero D. Julián de Menchaca. En total se transportaron 328 m³ de piedra.


En la próxima entrada veremos cómo se iban ejecutando los trabajos de la modernización del Pueblo; también abordaré el enlace del camino vecinal que iba unir la Venta del Ángel con la carretera que conducía de Bilbao a Plentzia.

domingo, 24 de septiembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO -V-



En esta entrada seguimos viendo los acontecimientos que en nuestro Pueblo sucedieron a lo largo del Siglo XIX.

Para julio de 1867 ya se habían sacado a la venta y habían sido adjudicados a especuladores terrenos y vegas, y se temía que siguiera adelante el expolio de bienes de propiedad municipal. Al igual que sucediera en el mes de enero, siendo ahora Alcalde de Getxo D. Agustín de Basáñez, varios concejales presentaban una moción para preservar terrenos, pastos y edificios de uso publico de propiedad común, de una posible venta a compradores privados. El Pueblo tenía montes argomales, pequeños terrenos y plazuelas, aún sin sacar a subasta. Estas plazuelas y pequeños terrenos eran utilizados como deposito de materiales de obras municipales. Además contaba con otras propiedades de propiedad pública: “...tres edificios destinados a escuela de niños de ambos sexos, con salón de Ayuntamiento y Juzgado de Paz (este último se referían al de San Nikolas); dos tabernas con depósitos municipales, otro de matadería…” Por ese motivo justificaban en la moción que: “...A fin de que la agricultura del vecindario y los servicios públicos no se vean perjudicados notablemente, sean exceptuados de la venta, además de los seis edificios públicos que posee el Pueblo. Los terrenos siguientes que se vienen utilizando para pasto, que son de aprovechamiento común y uso gratuito. Terrenos denominados Galea, Baserri, Aiboa, Canteras, Gobelaurre; y los terrenos inclinados de Arechetaurre y Avanzada en una línea desde este último punto en dirección oriente hasta el río Gobela y la parte arenosa hasta salvamento de náufragos y otros usos a la derecha del camino que se dirige hacía Algorta y Las Arenas...” Sin embargo, decidían dejar de libre venta: “...los extensos arenales que se encuentran a mano izquierda del camino, en dirección oriente, cuando hubiere proponente de los mismos. Debiendo ser exceptuados de dicha venta las campas y plazuelas denominadas Plaza Pública de Santa María, campa de Jauregui, terreno llamado San Martín, la alta del mismo nombre, la campa de Mujica (hoy plaza pública), la plaza de Banderas o Castillo (donde se celebra las festividades de San Nikolas), bajo las Banderas, Matzapatiena-Aspi, Areachugana, Galarenalde, Acheaurre, campa de Santicuena, terrenos frente y costado de Arrizubieta, Boulebar y sus inmediaciones, Angelena-Ondo, un terrenito frente a la casa de Francisco de Egusquiza que habita Ambrosio de Echevarria, campita de Azcorrena, Linduondo...” Como se puede observar la relación de propiedades municipales era muy extensa, y facultaron al Alcalde para realizar cuantas gestiones fueran necesarias para preservar esas propiedades municipales.


Los requerimientos del “Administrador de propiedades del Estado” eran continuos, hasta por pequeñas parcelas eran demandadas explicaciones, por no haber hecho constar estas en la relación de terrenos enajenables. A los que el consistorio se veía obligado a justificar indicando que eran pequeñas parcelas, de propiedad pública, utilizadas para servicios públicos. Era el caso de algunas parcelas en las zonas de iturribarri y de la casaTorrena. Otras veces el requerimiento era para realizar la tasación de terrenos por parte del Síndico municipal y el administrador del Estado. Tal fue el caso en septimbre de 1867 de unos arenales: “...en el camino carreteril que se dirigía a Lejona...” (en la Vega de Santa Eugenia). Las apetencias de los compradores eran insaciables.

Entre tanto el Ayuntamiento continuaba con la transformación del municipio, realizando nuevos caminos carreteriles. Era el caso del que conducía desde Mantequena (Algorta) hasta la ermita del Ángel de Getxo, pasando por la campa de Mujica (también ésta en Algorta, junto a San Nikolas) o el que iba desde Jauregi a la Galea que realizaron con un ancho de venticuatro pies. También actuaban sobre el suministros de agua a la población, que tenía que acudir a las fuentes públicas para obtenerla; se crearon fuentes en Alango (en el solar de Mazas), Satistegi para lo que realizaron dos caminos de acceso, uno desde la casa de Arteta y otro desde la carnicería; otra de esas fuentes fue la de Arechondo, la cual contaba con lavadero y tinglado; también próxima a la Iglesia de San Nikolas, junto a la casa de Juan Batxi. Las plazas públicas también fueron objeto de mejora de los espacios públicos, entre ellas se reparó la del mercado de San Nikolas, y se crearon otras nuevas como la de Jardingana (Cuatro Caminos) y en la Avanzada a la que dotaron de asientos y árboles.

Pero no todo eran satisfacciones, algunas quejas también se producían por las obras emprendidas. Tal era el caso del molino de Boluzarreta, al que las obras para construcción de un puente que comunicara con Leioa hacían retroceder las aguas impidiendo el curso de las ruedas. En octubre de 1867 sobre el Gobela solo había un puente de madera, y estaba en mal estado, al que las aguas en las grandes avenidas llegaban a tocar, retrocediendo las mismas, llegando a interceptar el paso entre Algorta y Leioa. Por ello se platearon construir un puente más solido, de piedra, que facilitara el paso a los vecinos y carros.


La playa de Ereaga como lugar de concurrencia de bañistas de otras poblaciones, fue otro de los lugares en los que se hizo necesario la ejecución de algún camino para acceso de coches, y eso que aún faltaban más de diecinueve años para la construcción de su primer Balneario “La Perla”. En octubre de 1867 varios propietarios de Algorta, entre ellos José Jorge de Goya, solicitaban permiso para realizar dicho camino en Ereaga: “...para construir a sus expensas un camino de coches para la playa de Ereaga por el sitio en que fue trazado por el Ayuntamiento en 1864. Las obras en que en él se realicen, quedaran a beneficio y propiedad del Ayuntamiento y sin reserva ni derecho alguno para los exponentes...” En aquel escrito los solicitantes decían que: “...la prosperidad ó decadencia del barrio de Algorta depende esencialmente de la mayor o menor concurrencia de bañistas a la playa de Ereaga, y ésta de los buenos o malos caminos que se dirigen a ella...” La localización de aquel camino según se escribía en el libro de actas: “...debía de partir desde la casa carnicería para finalizar en la plaza de Iturrichu de Ereaga...” En definitiva, más o menos, partía desde el comienzo de la cuesta Suarez hasta llegar frente a Igeretxe. Aquel paseo se construyo, según decían en las actas, con asiento de piedra sillar y decorado con un espléndido arbolado a lo largo de la playa de Ereaga. Parte de la piedra se trajo desde la playa de arrigunaga, que a decir de las actas: “...hallándose en la playa llamada de Arrigunaga, de esta Anteiglesia, bastante cantidad de piedra, que con solo amontonarla y muy poca preparación se presta a la reparación de dicha carretera...” Eso sí: el consistorio debido a sus mermadas arcas, no se comprometía a la conservación del mismo. Sin embargo, al año siguiente daría lugar a un pleito en el que intervino el Gobernador, ya que de lo acordado entre el Ayuntamiento y Goya y Socios, estos últimos se desdijeron.

Y era en febrero del siguiente año cuando otro camino carretero, este desde Las Arenas hasta las inmediaciones de la casa de J.J. Goya (que estaba situada en Atxekolandeta), era entregado a la diputación, siempre que esta se comprometiera a continuar dicho camino hasta la ermita del Ángel de Getxo.


Para noviembre de aquel año estaban próximas a terminar algunas obras proyectadas en 1864, entre ellas algunos tramos de camino entre Mantequena y la taberna del Ángel de Getxo, con un ramal que iba hasta la playa de Areatxu (Arrigunaga). La ejecución de las obras fueron responsabilidad del maestro de obras D. Juan Antonio de Menchaca, persona que a su vez realizó durante aquellos años, las mediciones de los terrenos y montes comunales.


En la próxima entrada seguiremos viendo cómo las vegas y terrenos comunales iban pasando a propiedades privadas, mientras algunos caminos se realizaban por iniciativa privada.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

UNA FIESTA LIGADA A “UNA LINDA CAPILLITA”, LAS MERCEDES



La Iglesia Parroquial de Las Mercedes de Areeta-Las Arenas es una construcción centenaria. El deslinde para la edificación del templo se realizó en 1.886, se terminó de construir en julio de 1887. El día 16 de julio del mismo año D. Pedro Lorenzo de Castañares (Arcipreste de Bilbao), bendijo el templo, que en un principio estuvo anejo a la Parroquia de San Nicolás de Algorta. El diario madrileño “El Siglo Futuro” del 21 de julio de 1887 recogía también el evento “...El sábado fue bendecida la nueva iglesia construida en Las Arenas de Bilbao, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Mercedes...” Sin embargo, fue el 28 de marzo de 1912 cuando el Ministerio de Gracia y Justicia aprobó por Real Decreto su paso a Parroquia.

Aunque ya antes de su construcción se celebraban las fiestas de Las Arenas, pero estas se circunscribían al entorno de la ermita de Santa Ana, fiestas que se celebraban por todo lo alto con presencia de numeroso público procedente de otros municipios, sobre todo de Bilbao. De ellas ya he escrito en varias de mis entradas.

Las fiestas de Las Mercedes comienzan a celebrarse a partir de la creación de una pequeña capilla en el lugar que hoy ocupa la iglesia del mismo nombre. Ya en los diarios bilbaínos eran recogidas desde 1887, año de su inauguración. Era anunciada el viernes 23 de septiembre de 1887 por el diario “El Noticiero Bilbaíno”: “…Mañana sábado se celebrará una misa solemne, en la nueva iglesia de las Arenas. El resto del día se solemnizará con el toque del tradicional tamboril y los acordes de la banda de Algorta, así como también en la mañana del domingo…” Es esta la primera referencia de prensa que se he encontrado. Incluso el “Liberal” de Madrid, de septiembre de ese año, ya hablaba del importante cambio que estaba experimentando nuestro barrio: “...para ir de Bilbao a Las Arenas, hay además de los infinitos vapores que recorren la ría, dos ferrocarriles y dos tranvías (se referían a los de Las Arenas y Portugalete). ¿Será necesario decir más en demostración del rápido florecimiento de la zona?” Y refiriéndose a nuestra playa decía: “...La playa de Las Arenas no es tan hermosa como la de San Sebastián, pero sí una de las mejores de España. Cuantos la visitan se enamoran de ella. Pocos de estos enamorados la son infieles…” 


Para hacerse una idea del movimiento de viajeros en esas fechas, baste recordar lo que escribía el diario madrileño “El Liberal”: “...Se calcula que durante el mes de Agosto han circulado sólo por el tranvía de Bilbao a Las Arenas 140.000 personas. Añádase a esto la circulación que habrá habido por el tranvía de la orilla izquierda, por el ferro-carril de Portugalete y podrá formarse una idea del asombroso movimiento de viajeros habido entre Bilbao y las dos orillas del Abra durante este verano...”

Otras fiestas acontecieron como las de septiembre de 1903, que transcurrieron con diversos espectáculos; mientras que en la Plaza del Mercado se realizaba el juego de “Los Ciegos Inteligentes”, a la vez se realizaba un concurso de dantzas vascas por parejas; más tarde actuaron los “Barrenadores” de piedra. Le seguiría por la tarde la romería y el baile. Todos los festejos fueron amenizados por la banda de música y los gaiteros de Etxarri Aranaz, y como no, con los siempre presentes tamborileros.

Pero no serán recogidas en un programa festivo hasta 1907. Y siempre, según los hábitos de la época, precedidas de la consabida misa mayor, en la iglesia de su nombre. También formaban parte de las costumbres de esos tiempos, los pasacalles encabezados por los tamborileros, así como la celebración de juegos para los pequeños, en la plaza contigua a la iglesia. Aunque la fiesta de mayores se celebra, a otras horas, en la llamada “Plazuela” (situada frente al actual Puente Bizkaia).


Una fiesta ligada a “Una linda Capillita”, Las Mercedes. Así definía la prensa bilbaina en 1910, la celebración de esta festividad en Las Arenas, vinculada a la iglesia del mismo nombre. Pero, aprovechando esa ligazón entre fiestas y edificio religioso, veamos cómo evolucionó, como describían en esos tiempos la “Linda Capillita”, y las costumbres de quienes nos visitaban:

Hacía tan solo diez años, aunque la tradición de nuestros visitantes ya venía desde el lejano verano de 1870, cuando se inauguraron los “Baños de Mar Bilbaínos”, que dichas gentes, en su mayoría procedentes de la Villa de D. Diego, acudían a nuestro barrio, y fervorosas ellas, cumplían su deberes religiosos en esa pequeña “Capillita”. Pero la colonia veraniega de familias bilbaínas fue en aumento, en tal proporción que hizo pensar en la necesidad de ampliar la capilla, construida bajo la advocación de Nuestra Señora de Las Mercedes.

La misma, al principio, tan solo contaba con una pequeña nave central, hablamos de la desaparecida tras la guerra de 1936, a la que se le añadirían dos naves laterales. Su arquitectura era severa y la patrona aparecía rodeada de flores y luces rojas y blancas que realzaba el conjunto. A ambos lados del altar mayor había otros dos altares más pequeños. De la iluminación se encargaban cinco magníficas arañas, regalo de orfebre D. Matías Romo. Estaban colocadas cuatro bajo los arcos laterales y una, de mayor tamaño, el la nave central. Otras luces de menor tamaño estaban repartidas por el coro y las naves. El adorno del altar mayor fue regalo de la señora de Olavarri, las obras se realizaron por suscripción popular, y fueron dirigidas por D. Lonardo Rucabado.


A las siete de la tarde, de ese día, con un templo rebosante de vecinos, se celebró un acto litúrgico. En una celebración de tal importancia no podía faltar el Alcalde de Getxo D. Idelfonso de Arrola, quien acudió portando la bandera del Ayuntamiento, acompañado por al banda municipal.

Ese año se inauguraba el órgano parroquial, que como venía siendo habitual, fue costeado por varias familias del ya populoso barrio y aprovechando los nuevos acordes, un coro compuesto de 40 voces de un orfeón de Bilbao, que cantó la Misa de Cesar Franck y el Credo de Gounod, dirigidos por el maestro Ansón y acompañados al órgano por el maestro D. Martín Pérez de Anucita; distinguiéndose en los solos los señores Laspiur y Arando. Durante el ofertorio se ejecutó una composición de Guridi, quien acudió personalmente.


La Junta de reformas tuvo un lugar preeminente en aquel acto. Ocupaban un lugar junto al presbiterio, los señores D. Ramón de la Sota, D. Alberto Aznar, D. Francisco Yermo y D. Enrique Borda. La homilía corrió a cargo de D. Tomás Gillin, quien disertó sobre “Todos los grandes hechos tienen un nombre y una historia”, en ella hizo historia de la institución de la orden Mercedaria. Al referirse a Las Arenas y al desarrollo que había adquirido en poco tiempo, dijo: “...Bendito pueblo que arrullado por la dulce sinfonía de unas olas en eterno rumor, has tenido las bendiciones del Cielo, sin que falte a tus anhelos esa prosperidad, que sueñan todas las municipalidades...” Para finalizar dedicó un recuerdo a los iniciadores de la reforma de la Iglesia y a los donantes.


Como venía siendo habitual en años anteriores, se celebró, por la mañana, una carrera ciclista. Por la tarde noche una romería y la proyección cinematográfica “Olimpia”. Durante años, en esas fechas se celebraron regatas en la ría. Mientras, los lugares de celebración fueron varios, la Plazuela de Las Arenas (junto al Puente Bizkaia), la calle Mayor y la propia plaza situada en la parte trasera de la iglesia. Actualmente vuelven a ser lugar de espacio festivo, la “Puente Zubia Plaza”, la de las Escuelas, la propia calle Mayor, y las calles María Cristina y Amistad donde se celebra el afamado concurso de caracoles, que ya va en su XXIII edición, y que como decía el pasado año:

!Zorionak a todos! por ser capaces de convertir nuestro barrio en un jardín gastronómico. ¡Getxo, además de su increíble atractivo urbanístico, forma un conjunto de barrios increíblemente alegres, que saben divertirse y hacer las delicias de sus visitantes también en la mesa!

Merece la pena hacer una visita ¡ No os lo perdáis!


¡ONDO PASA!

domingo, 17 de septiembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO -IV-



Al igual que en la anterior entrada, en esta, seguiremos viendo cómo afectaba la Ley de Desamortización a nuestros vecinos, así como otros acontecimientos derivados de la vida de nuestro Pueblo, que también incidían en sus vidas..

Tras la Ley de Desamortización, el 25 enero de 1867, para que se tuvieran en cuenta las directrices municipales de calles, callejones y rasantes, el Consistorio enviaba al Gobernador de la Provincia un oficio en el que decía: “...para que se proceda a realizar una nueva demarcación de todos los solares que se han enajenado en este pueblo, con objeto de edificar en los mismos, encargándose al arquitecto provincial D. Antonio de Goicoechea la inspección de las obras de los nuevos trazados, a fin de que se sujeten a los dispuesto en el plano entregado por el Ayuntamiento...” Se referían a la urbanización que se iba a emprender en el término de “Alangüetas” (Alango). En dicha zona el Ayuntamiento ordenó colocar una tablas y lápidas indicando las calles y callejones por las que no debían transitar los carros.

Las expropiaciones y ventas de terrenos comunes por parte del Administrador del Estado a particulares se sucedían y el Ayuntamiento trataba de hacer valer sus derechos. En enero de 1867 daba cuenta de una orden de dicho administrador: “...se oiga a este Ayuntamiento sobre la solicitud de la señora viuda de D. Máximo Aguirre e hijos, que pretenden se saque a remate un terreno sito en los Arenales de este Pueblo...” El terreno en cuestión era nada más y nada menos que la totalidad de los terrenos comunales de Las Arenas (y el actual Romo), ya que se describía de la siguiente manera en el acta municipal: “...lindan por el Norte con el pie de la colina de Algorta, por el sur con los arenales del Sr. Urquizu, y su prolongación hasta la zona marcada por el Sr. Ingeniero por el mar y el Gobela; por el Este por la zona marcada para el servicio público; por el Oeste con las márgenes del río Gobela: cuyos márgenes forman un trapecio irregular dividido en dos porciones desiguales por la carretera de Algorta...” Se solicitaba al Ayuntamiento que dijera si aquellos terrenos eran de propiedad del estado, comunes o de alguna otra corporación. El consistorio respondió que: “...Todo el terreno que se trata ha sido y es de común de vecinos de esta Anteiglesia, por hallarse en quieta y pacifica posesión del mismo, desde tan antiguo que su origen se pierde en la oscuridad de los tiempos, parte del terreno arenoso se halla al Oeste de la carretera, entre ésta y el mar. Por ningún título ni razón conviene venderse porque las mareas altas y tiempos tempestuosos, como sucedió hace bien poco tiempo, y todavía llegan las aguas del mar hasta las proximidades de la carretera, y además esta destinada a servicios públicos, como salvamentos marítimos y otros para carros de llanta estrecha. Respecto del resto del terreno, la mayor parte se opone este Ayuntamiento a su venta, reservándose en su caso, la indemnización que establece la Ley de Desamortización...” El consistorio acordó remitir lo aprobado, que se registró en le libro de actas, a la administración de propiedades del estado.

Para tratar de evitar las ventas de terrenos comunes contra la voluntad municipal, que perjudicaban los intereses de la mayor parte de los vecinos, que se iban a suceder en adelante, formar de acuerdo con la Ley de Amortización, expedientes de utilidad pública para aquellos terrenos en peligro de salir a remate para que quedaran excluidos. Para ello dio el consistorio amplias facultades al Sindico D. Ángel de Zavala y al Regidor D. Juan Manuel de Ugarte. A propuesta del síndico acordaban en mayo declarar de aprovechamiento común los terrenos argomales propios del pueblo, así como otros terrenos y plazuelas. Para realizar la relación de terrenos concernidos contrataban al maestro de obras D. Juan Antonio de Menchaca, fijando un salario de setenta reales por trabajo de seis horas. Tan preocupados estaban por las ventas de bienes comunales, que en mayo de 1867 decidían suscribirse al Boletín Oficial titulado “Ventas de Bienes Nacionales” durante un año, cuyo coste era de 84 reales año.


En febrero de 1867 el camino de la arena presentaba un deplorable estado, así que el Ayuntamiento tomó cartas en el asunto. Las cargas que soportaban los caminos del municipio, debido al continuo movimiento de coches y carros de todas clases, con excesivas cargas, desde Las Arenas hasta el Puerto, dejando la vía carreteril en un estado inservible. Y ya que la misma se sufragaba con recursos municipales, acordaba establecer un impuesto para paso de carros, carruajes y caballerizas, a fin de poder atender al mantenimiento de la misma,. Enviaba el acuerdo al Gobernador para su ratificación, en el que se decía: “...arancel de derechos que el Ayuntamiento de Guecho establece e intenta cobrar con aprobación de la superioridad, a todos carros y carruajes que pasen por el camino carretero de su jurisdicción , y que empezando por el barrio de Las Arenas, termina en el puerto de las mismas...” Las tasas que proponía el Ayuntamiento eran las siguientes:

Para coche común tirado por caballerías, por cada parada, la cantidad de 1,90 reales. Los de mayor tamaño tirados por tres caballos pagaban 2 reales. Los de menor tamaño, con una única caballería pagaban 0,90 céntimos.

Las Galeras, carromatos, carros de volante de cubo y carros de violín, con una caballería debían aportar 0,79 céntimos, precio que iba en aumento hasta llegar a los tirados por cuatro o más caballos que abonaban 2 reales.

Los carros del País, de llanta estrecha, con una yunta de bueyes pagaban 1,90 reales. Mientras que los de eje fijo lo hacían con 1 real, aumentando otro real por cada pareja de más.

Las tartanas de transporte de viajeros con una caballería abonaban 0,90 céntimos, subiendo otros 0,90 por caballería de más.

A principios de abril todavía no se había recibido la conformidad del Gobernador, por lo que el Ayuntamiento decidía aplicar de forma provisional el arancel aprobado en febrero, el mismo se cobraba en la caseta de camineros que estaba en el camino de la arena. En junio procedía el consistorio a la prohibición del paso de carros por el camino de la arena, hasta que no se terminaran las obras de reparación.

Entre tanto el Gobernador, el 2 de marzo de 1867, indicaba que debía crearse la figura del Alcalde Pedáneo para el barrio de Las Arenas, nombrando para dicho cargo a D. Diego de Uribarri, la corporación municipal se dio por enterada, fijando para el día 3 de ese mes como fecha de toma de posesión de dicho cargo. Se estudiaba las reposiciones de los puentes del Gobela y Aretxondo que presentaban mal estado. Se prohibía la exportación de piedra de las canteras del municipio a otros cercanos.


En junio de 1867 ya se habían vendido varios solares y parcelas de terreno arenoso en los arenales de Las Arenas (Romo), conforme a lo dispuesto en la Ley de Desamortización. Al anunciarse dicha venta acudió el Ayuntamiento a la autoridad competente de la Provincia manifestando, como decían anteriormente, que esos terrenos desde tiempo inmemorial pertenecían al Pueblo de Getxo, para lo que presentaron copia testimoniada de su posesión, que había sido: “...recibidas en el Juzgado de Primera Instancia de Bilbao en el año 1863, con intervención y audiencia del Ministerio Fiscal en representación del Estado. Todos los documentos presentados por el Ayuntamiento, en apoyo de que los terrenos enajenados eran propios de esta Anteiglesia y no del Estado, deben de obrar en poder del Gobierno Civil de la Provincia, en varios expedientes de 1865, y aún anteriores…” A pesar de la existencia de esos documentos y de las reclamaciones realizadas por el consistorio, los terrenos salieron a subasta sin que fuera notificado al Ayuntamiento: “...sin que al Ayuntamiento se le participase resolución alguna, fue llevada a cabo la subasta de dichos terrenos...” A pesar de las protestas del Ayuntamiento, que presentó ante el Juzgado de Primera Instancia de Bilbao una querella para que aquellos terrenos fueran adjudicados al municipio, y de que por unanimidad dieron poderes al vecino de Bilbao D. Francisco de Basterra para que les representara en aquella demanda. Pretendía el consistorio que de no recuperar aquellos terrenos, las indemnizaciones por los mismos: “...la cantidad que se consiga por esos terrenos arenosos sirva para sostener y mantener un Colegio de náutica...” Estaba claro que aquella Ley fue realizada “ad hoc” para beneficiar a potentados amigos, cuya influencia en el Gobierno de la Nación les hacía favorecerse de forma privada, de la venta de los terrenos comunales de nuestro Pueblo.


En la próxima entrada haremos un lapsus, para dar entrada a la festividad de Las Mercedes, fiesta local de Areeta-Las Arenas, para retomar en las siguientes el tema de los caminos, vegas, obras y otros aconteceres de Getxo durante el Siglo XIX.

jueves, 14 de septiembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO -III-



Siguiendo con estas entradas sobre caminos, vegas y otros aconteceres del Siglo XIX, seguiremos con las veredas por las que transitaban los carros en nuestro pueblo, y las incidencias de la Ley de Desamortización.

La educación también formaba parte de las obras que se estaban realizando en el Pueblo; en 1857 se creaba la escuela de Algorta (San Nikolas), su primer maestro fue D. Juan José de Jauregui, el segundo maestro fue D. Pedro Pascual de Alegría. Getxo ya contaba con 2.079 habitantes.

Las aguas eran otra de las preocupaciones vecinales, algunos habitantes de Getxo se dirigieron al Gobernador pidiéndole que conminara al Ayuntamiento a abrir fuentes y manantiales de agua potable para el abastecimiento de la población.

Tras el decreto sobre caminos de la Diputación Provincial de septiembre de 1860, siguieron diversas intervenciones municipales, fruto de un largo conflicto con la dicha institución, ya que no terminaba de enviarle una documentación que la misma requería, sobre las obras de los caminos del Pueblo. Nuestros ediles sorteaban como podían el asunto, indicando que los caminos acometidos mediante aportaciones vecinales no eran los de 1ª y 2ª si no los de rueda: “...que bien se les puede dar el nombre de rústicos, porque son para servidumbre exclusiva de carros del país de llanta estrecha, que por rutina se atiende a su reparación por prestación vecinal, sin presupuesto...” Al parecer en los cuatro años anteriores se aplicaba un impuesto de: “...cuatro maraverises en cántara de vino, con destino exclusivo a la reparación de calzada peatíl o de herradura...”

La representación vecinal en los actos que el pleno demandaba era obligatoria en 1864. La asistencia de hombres y mujeres a los actos convocados el 25 de septiembre de ese año, a decir de lo registrado por las actas, cuando menos resulta curiosa a día de hoy: “...Todos los vecinos, los que tienen juntas de bueyes, con ellos, y los que no también, deberán de acudir, donde haya hombre, asistirá el hombre, y donde solamente mujer o mujeres, la concurrencia será admitida por medio de mujeres o de lo contrario por medio de jornaleros hombres; con la condición de que la mujer que tenga su marido ausente deberá presentar peón varón o en su defecto dos mujeres…” En cuanto a la manutención de aquellos trabajadores, el Ayuntamiento facilitaba: “...Diariamente se dará por ración lo que sigue; a los carreteros medio azumbre de vino, a los peones varones un cuartillo de vino, a las mujeres peones medio cuartillo; a todos en general se les entregará media libra de pan diario…” El objeto de aquella convocatoria no era otro que la reparación de los caminos vecinales de Getxo.


En marzo de 1865 se sacaban a subasta, por el Estado, varios terrenos de Algorta y Las Arenas, además de todos los solares de la Avanzada. Entre los pertenecientes a Algorta estaban:

8.379 m² de juncales arenosos en Konporte, que fueron adquiridos por D. Francisco Guinea.

37.344 m² de juncales en Konporte, que fueron adquiridos por D. Manuel Achalandabaso.

Un terreno en Konporte de 5.391 m² que fue adquirido por D. Vicente Suarez.

Un terreno en Zabalekopozo de 1.641 m² que fue adquirido por D. G. R. de Urresti y D.Justo de Ugarte.

Un pequeño terreno en Matikoena de 546 m² que fue adquirido por D. Ignacio Meñaca.

Un terreno en Zabalekopozo de 1.577 m² que fue adquirido por D. Niceto Landesa.

Otro de tan solo 125 m² que fue adquirido por el Sr. Oriosolo.

Un terreno en Aiboa de 1.687 m² que fue adquirido por D. Jesús Bayo.

Los terrenos de mayor superficie vendidos fueron los de:

Uno en la Galea de 1.571.000 m² que fue adquirido por D. J. M. Martinez Rivas, que fue adquirido por 157.150 reales.

Un monte en la zona de Baserri de 264.430 m² que fue adquirido por D. Victor Chavarri.

Y un terreno en Aiboa de 440.700 m² que fue adquirido por D. Ignacio Ituarte.

El Estado a pesar de las protestas municipales, entre los días 27, 28 y 29 de julio de 1865, sacaba a subasta varios terrenos de Las Arenas, todos ellos de superficies superiores a los 10.000 pies², los compradores fueron:

D. Manuel de Zubillaga que adquirió 4 fincas, una de 12.712 pies² por 42.000 reales; otra de otros 12.712 pies² por 3.000 reales; la tercera era también de 12.712 pies² por la que pagó 4.000 reales y la cuarta de 10.136 pies² por la que pagó 5.000 reales.

D. Robustiano Larrondo adquirió una finca de 12.880 pies² por la que pagó 35.000 reales.

D. Niceto Landesa compró una finca de 12.880 pies² por la que pagó 19.000 reales.

D. Fernando Mieg adquirió una finca de 12.712 pies² por la que pagó 12.500 reales.

D. Eduardo Aguirre compró dos fincas, ambas de 12.712 pies² por la que pagó 4.000 y 4.100 reales.

D. Pedro Gondra adquirió una finca de 12.712 pies² por la que pagó 3.600 reales.

D. Diego de Uribarri, fue uno de los que más terrenos adquirió en aquella subasta, el primero de 12.880 pies² por el que pagó 4.200 reales; el segundo de otro 12.880 pies² por el que pagó 3.300 reales; el tercero de 12.712 pies² por el que pagó 3.100 reales; los otros cuatro eran de 10.136 pies² pagó por cada uno de ellos 1.574 reales.

D. José Antonio de Elizalde adquirió tres terrenos de 10.136 pies², pagó por cada uno de ellos 5.000, 7.500 y 13.000 reales.

D. José de Careaga adquirió 4 terrenos, dos de ellos de 12.712 pies², pagó por cada uno de ellos 15.100 y 5.000 reales; y otros dos de 12.880 pies², pagó por cada uno de ellos 5.000 y 3.500 reales.

D. José María Gondra adquirió 5 terrenos, tres de 12.712 pies², pagó por cada uno de ellos 4.300, 1.974 y 4.300 reales; los otros dos eran de 12.880, pagó por cada uno de ellos 2.500 y 2.450 reales.

Finalmente D. Marcelino Bareño adquirió un terreno de 12.251 pies² por el que pagó 2.542 reales.

En febrero de 1866 el Alcalde D. Juan Bautista Manene firmaba un decreto por el que las reparaciones de los caminos pasaban a realizarse, para evitar mayores gastos, por jornaleros. Así sorteaban las disposiciones de las Juntas Generales. Para mayo de 1866 el consistorio nombraba como peones camineros, encargados de las reparaciones de los caminos del pueblo, a D. Francisco de Elustondo y D. Ángel de Egusquiza. Los salarios eran de 6 reales diarios.

Durante el verano de 1866 se sucedieron algunos conflictos, relacionados con los argomales de Baserri con vecinos de Leioa, los de Getxo decían: “...algunos vecinos de Leioa llevan de los argomales comunes de esta Anteiglesia argoma como si fuese propia...” El consistorio ordenó identificar a los que sustraían dichos fardos, que la comunidad utilizaba para abono: “...sean identificadas las personas que realizan semejante abuso, sen multadas y castigadas convenientemente...” Para cumplir aquel acuerdo dieron curso del mismo al Alcalde de Leioa.

La circulación de carros y carruajes, con grandes cargas, deterioraban la calzada que iba: “...desde el barrio de Las Arenas hasta el punto llamado Arechondo en Algorta...” El consistorio afirmaba que los escasos recursos con que contaba hacían imposible su reparación, por lo que en noviembre de 1866 habían solicitado a la Diputación, les autorizara a crear un impuesto para aquellos carros, a fin de que sirviera para conservar dicha vía.

Por otro lado la libre circulación entre algunos puntos del municipio a veces se veía impedida porque algún propietario, que aún no siéndolo, cerraba los caminos. Fue el caso de la queja expuesta por el vecino de Berango, D. José María de Larrabeiti, que el 21 de julio enviaba un comunicado al consistorio, que fue tratado en el pleno del 16 de agosto de 1866. En dicho escrito se decía: “...que habiendo sido interceptado, sin duda de orden particular, el camino vecinal que se dirige a Las Arenas, en el punto llamado Errotasarreta (sin duda se refería al Caserío Errota-Sarra, próximo al Camino de Larrañazubi), que se halla situado entre la compuerta y la fabrica de cal hidráulica, se ordene la apertura de otro camino para el libre paso...” Sin embargo el Ayuntamiento afirmaba que: “...el camino que atraviesa la expresada vía es propio común de esta anteiglesia, y ha sido arrendado a D. Antonio de Echaniz, por orden de quien sin duda ha sido cerrado. Esta corporación acuerda que se oficie al denotado Echaniz, ordenándole que inmediatamente ponga el camino cerrado, en el ser y estado que anteriormente ha tenido, para que pueda transitarse por el mismo...”


Era la época en la que se acometían las obras del paredón de Asuarca, en el Puerto Viejo, porque las aguas que bajaban por la antigua ermita de San Nikolas, perjudicaban los cimientos de otras edificaciones. Acontecía en octubre de 1866, pero eso será asunto de otra entrada. Al mes siguiente el consistorio acudía a la Diputación a fin de cobrar parte de los depósitos, que tras la venta de terrenos comunales, impuesta por la ley de desamortización, le correspondía.

La extracción de arenas de las playas era otra de las actividades que para la construcción de edificios aparecía en nuestro pueblo, aunque parece que se realizaba sin autorización municipal, las de 1866 en la playa de Ereaga, fue multada con 15 reales. Más tarde se levantaría dicha prohibición. La traída de aguas potables a la población fue otra de las actividades. En ese año se estudió el suministro desde Berango al barrio de Las Arenas. Se aprobaba dicho suministro un 10 de agosto, el importe de aquellas obras supusieron para las arcas municipales 44.734 reales.

La pobreza en el pueblo hacía carta de presencia y alguna familia era socorrida con libra y media de pan diario, que iban a ser pagados con fondos municipales; para ello enviaba un oficio al tendero D. Antonio de Retureta, que tenía un establecimiento de bebidas y comestibles. Mientras el Ayuntamiento compraba tres retratos del general Méndez Núñez por 24 reales, de una partida destinada a gastos de oficina. No era el único gasto, que se cargaba a oficina, ya que el consistorio, por recomendación del Gobernador de la Provincia, en enero de 1867, se suscribía a la “Enciclopedia la Ley” de D. Juan Valero de Tornos, publicación que se editaba en Madrid, y cuyo coste era de 100 reales al año.


En la próxima entrada seguiremos viendo lo que supuso la Ley que dejó a nuestro pueblo sin terrenos de propiedad comunal.

lunes, 11 de septiembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO -II-



En la anterior entrada veíamos el inicio de los cambios que se iban a producir en nuestro pueblo, las normativas que a ello conducían y cómo la Ley de Desamortización afectaba a nuestros propiedades comunales.

En marzo de 1845, siendo Alcalde D. Francisco Antonio de Zalduondo, algunos vecinos, seguramente necesitados, recurrieron a sembrar en los arenales comunes de Romo. El Consistorio tomó cartas en el asunto nombrando a D. Juan Antonio Cortina para que esos parajes volvieran a ser utilizados siempre de acuerdo con la autorización municipal y para que su cesión repercutiera en las arcas comunes. No eran estos solamente los terrenos de la comunidad que inquietaban al consistorio, ya que los argomales de la zona de Baserri eran sometidos a litigio por apropiación no debida de algún personaje de la época.

La importancia de esos parajes para las arcas municipales y sus habitantes era debida, entre otras razones, a la necesidad de abonos para los terrenos de los arenales y a que el efecto de las guerras que se sucedieron durante el Siglo XIX, junto al expolio que supuso la desamortización de Mendizabal por la que estos terrenos pasaban a propiedad de ricos hacendados, provocaron que el municipio y los vecinos vieran sus empobrecer sus escasos recursos.

Las protestas del consistorio de poco sirvieron, ya que años más tarde, en 1894, los terrenos hasta esa fecha de propiedad común, fueron vendidos a acaudalados hacendados. La zona de Baserri fuere adquirida por Víctor Chavarri, la correspondiente al área de Aiboa-Alango lo era por Ignacio Ituarte, y la de la Galea hasta Sopelana por José María Martínez Rivas.

Mientras, los estragos ocasionados por la última guerra, hicieron que en enero de 1847, el consistorio procediera a la recuperación del camino de Mandavide en el alto de Las Arenas, así como el puente del Gobela, que se hallaba en ruinas, que daba paso hacía los arenales, y cuyo concurso era necesario para el servicio público por lo que encargaron un proyecto al maestro de obras José Antonio de Olascoaga. Aquel proyecto debía ser aprobado por: “...el Jefe Político de esta Provincia...” En junio de ese año el consistorio decidía intervenir para reparar los caminos, deteriorados como consecuencia de decisiones militares en la última guerra. Uno de los motivos para tomar aquella decisión era, a decir del consistorio: “...la necesidad de la inmediata reparación para el debido ornato público, por las muchas gentes que anualmente vienen a los baños de mar...” La remodelación alcanzó al “Camino Real Calzada” que iba desde la llamada “Iglesia Matriz”, que no era otra que la de “Andra Mari” (Getxo), hasta el punto conocido como: “...la Avanzada o Alto de los Arenales...” que se hallaba ya trazado por el maestro de obras Juan Antonio de Menchaca.


Sobre este puente y otras obras, consecuencia de la última guerra, ya hablaba en agosto de 1842 el consistorio regido por D. Juan Antonio de Sarria, que acordó: “...que a fin de que esta Comunidad no carezca de los beneficios concedidos por el Decreto de Cortes de abril de este año, donde se establecen ciertas reglas de indemnización para de daños causados durante la última guerra, se acuda a la Diputación Provincial de este Señorío con la solicitud y la manifestación de los perjuicios que sufrió esta Comunidad...” Entre los elementos que requerían ayuda se encontraban el Puente anteriormente citado, la taberna que en dichos arenales tenía Getxo, así como la casa del barquero, que atendía el paso a la Villa de Portugalete y que producía unos beneficios anuales a nuestro municipio de 1.200 reales.

Entre los años 1851-1852, el inventario de bienes del Municipio de Getxo arrojaba los siguientes datos:

En lo relativo a propiedades rusticas:

Disponía de sesenta peonadas de terreno en las Vegas que le rentaban un capital de 9.000 reales y le dejaban una renta anual de 189 reales.

Un terreno en San Martín que le aportaba un capital 800 reales y una renta anual de 15 reales.

Diversos prados y juncales en Lamiako que le aportaba un capital 27.000 reales y una renta anual de 540 reales.

Otros en la playa de Lamiako le aportaban un capital 34.267.

Y las canteras de Alango le aportaban un capital 16.000.

En lo relativo a claustros y capellanías:

El Convento de Santa Mónica de Bilbao le aportaba un capital 11.000 reales y una renta anual de 247 reales.

El Convento de la Esperanza le aportaba un capital 8.400 reales y una renta anual de 189 reales.

El Convento de Santa Clara de Portugalete le aportaba un capital 49.270 reales y una renta anual de 1.231 reales.

La Capellanía de Lekumberri le aportaba un capital 15.675 reales y una renta anual de 391 reales.

En otros valores disponía de:

La testamentaria de Dña. Antonia de Mugica le aportaba un capital 5.000 reales y una renta anual de 2.000 reales.

La testamentaria de D. Juan Bautista Zabala le aportaba un capital 2.000 reales y una renta anual de 800 reales.

Los títulos de propiedad de aquel inventario se extraviaron con ocasión de la última guerra. Las discusiones entre el Estado y el Consistorio getxotarra, sobre la titularidad de las vegas, siempre estuvieron presentes. En octubre de 1851 el Alcalde D. Juan Antonio de Menchaca, en una entrevista mantenida con el Juntero de Caminos e Impuestos D. Felix de Uhagon, para decidir el amojonamiento de los arenales de Lamiako, al manifestar el Juntero: “...que todo lo que baña el agua del mar correspondía al Gobierno...” El Alcalde se opuso y afirmó que: “...dichos arenales se consideraban desde tiempos inmemoriales como propios de la Anteiglesia...”

En 1852 se iba a realizar el proyecto de camino real de Bilbao a Plencia por Deusto, Erandio, Lujua, Laukiniz y Urduliz, el Ayuntamiento de Getxo protesto el trazado, ya que le parecía más razonable que el mismo transcurriera por Deusto, Lutxana, Erandio, Leioa, Getxo, Berango, Sopelana y Barrika. Finalmente ese fue el trazado.

Un año más tarde, en 1853, se añadía el tinglado adosado a la iglesia de San Nikolas, en lo que hoy es el edificio de la Biblioteca, años más tarde en 1866 el suelo tuvo que ser reparado debido a su mal estado.


Dentro de las obras que se estaban realizando en la llamada “Playa de Lamiaco”, playa que al parecer era conocida popularmente como “La del Caudal”, y las marismas situadas entre el monte de Axpe y la playa de Algorta, en 1853 D. Antonio de Salcedo y Landecho solicitaba al Ministerio de Fomento la concesión de dichas marismas. Estas quedaban cubiertas por las pleamares por las aguas que se introducían por el puente llamado de los “Ocho Ojos” (En 1788 el Consulado de Bilbao realizó uno de los puentes que comunicaban Axpe con los llamados Arenales de Lamiako, estaba en el paso de Axpe, al lado del molino de Udondo, que pertenecía al mayorazgo de Barraicúa. Se le denominó “Puente de los ocho ojos”). Las intenciones del Sr. Landecho eran las de utilizar dichas marismas para cultivo, para ello se proponía cerrar el puente anteriormente citado, y canalizar los ríos Udondo y Gobela, encauzándolos y dándolos salida al puente. Por lo que el Ayuntamiento de Getxo no veía con buenos ojos aquella operación, que invadía terrenos de propiedad comunal del municipio.

En junio de ese año se tomaba la decisión de realizar las obras de desmonte de la Avanzada: “...Cuya vista arredra a los muchos transeúntes que por lo expuesto de aquel paso...” Se referían al paso de “Punta Begoña” hacía la playa de Ereaga. Ese mismo año por orden de la Diputación, y con encargo de realizar las obras al Ayuntamiento de Getxo, se derribaba el morro del castillete que daba a la ribera, se trataba del “Castillete de Arrigunaga”, que ya presentaba un aspecto ruinoso y suponía un peligro para los vecinos.


En las próximas entradas iremos viendo como todos aquellos acontecimientos influyeron en el devenir de Getxo.