MEMORIAS DE GETXO

domingo, 17 de septiembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO -IV-



Al igual que en la anterior entrada, en esta, seguiremos viendo cómo afectaba la Ley de Desamortización a nuestros vecinos, así como otros acontecimientos derivados de la vida de nuestro Pueblo, que también incidían en sus vidas..

Tras la Ley de Desamortización, el 25 enero de 1867, para que se tuvieran en cuenta las directrices municipales de calles, callejones y rasantes, el Consistorio enviaba al Gobernador de la Provincia un oficio en el que decía: “...para que se proceda a realizar una nueva demarcación de todos los solares que se han enajenado en este pueblo, con objeto de edificar en los mismos, encargándose al arquitecto provincial D. Antonio de Goicoechea la inspección de las obras de los nuevos trazados, a fin de que se sujeten a los dispuesto en el plano entregado por el Ayuntamiento...” Se referían a la urbanización que se iba a emprender en el término de “Alangüetas” (Alango). En dicha zona el Ayuntamiento ordenó colocar una tablas y lápidas indicando las calles y callejones por las que no debían transitar los carros.

Las expropiaciones y ventas de terrenos comunes por parte del Administrador del Estado a particulares se sucedían y el Ayuntamiento trataba de hacer valer sus derechos. En enero de 1867 daba cuenta de una orden de dicho administrador: “...se oiga a este Ayuntamiento sobre la solicitud de la señora viuda de D. Máximo Aguirre e hijos, que pretenden se saque a remate un terreno sito en los Arenales de este Pueblo...” El terreno en cuestión era nada más y nada menos que la totalidad de los terrenos comunales de Las Arenas (y el actual Romo), ya que se describía de la siguiente manera en el acta municipal: “...lindan por el Norte con el pie de la colina de Algorta, por el sur con los arenales del Sr. Urquizu, y su prolongación hasta la zona marcada por el Sr. Ingeniero por el mar y el Gobela; por el Este por la zona marcada para el servicio público; por el Oeste con las márgenes del río Gobela: cuyos márgenes forman un trapecio irregular dividido en dos porciones desiguales por la carretera de Algorta...” Se solicitaba al Ayuntamiento que dijera si aquellos terrenos eran de propiedad del estado, comunes o de alguna otra corporación. El consistorio respondió que: “...Todo el terreno que se trata ha sido y es de común de vecinos de esta Anteiglesia, por hallarse en quieta y pacifica posesión del mismo, desde tan antiguo que su origen se pierde en la oscuridad de los tiempos, parte del terreno arenoso se halla al Oeste de la carretera, entre ésta y el mar. Por ningún título ni razón conviene venderse porque las mareas altas y tiempos tempestuosos, como sucedió hace bien poco tiempo, y todavía llegan las aguas del mar hasta las proximidades de la carretera, y además esta destinada a servicios públicos, como salvamentos marítimos y otros para carros de llanta estrecha. Respecto del resto del terreno, la mayor parte se opone este Ayuntamiento a su venta, reservándose en su caso, la indemnización que establece la Ley de Desamortización...” El consistorio acordó remitir lo aprobado, que se registró en le libro de actas, a la administración de propiedades del estado.

Para tratar de evitar las ventas de terrenos comunes contra la voluntad municipal, que perjudicaban los intereses de la mayor parte de los vecinos, que se iban a suceder en adelante, formar de acuerdo con la Ley de Amortización, expedientes de utilidad pública para aquellos terrenos en peligro de salir a remate para que quedaran excluidos. Para ello dio el consistorio amplias facultades al Sindico D. Ángel de Zavala y al Regidor D. Juan Manuel de Ugarte. A propuesta del síndico acordaban en mayo declarar de aprovechamiento común los terrenos argomales propios del pueblo, así como otros terrenos y plazuelas. Para realizar la relación de terrenos concernidos contrataban al maestro de obras D. Juan Antonio de Menchaca, fijando un salario de setenta reales por trabajo de seis horas. Tan preocupados estaban por las ventas de bienes comunales, que en mayo de 1867 decidían suscribirse al Boletín Oficial titulado “Ventas de Bienes Nacionales” durante un año, cuyo coste era de 84 reales año.


En febrero de 1867 el camino de la arena presentaba un deplorable estado, así que el Ayuntamiento tomó cartas en el asunto. Las cargas que soportaban los caminos del municipio, debido al continuo movimiento de coches y carros de todas clases, con excesivas cargas, desde Las Arenas hasta el Puerto, dejando la vía carreteril en un estado inservible. Y ya que la misma se sufragaba con recursos municipales, acordaba establecer un impuesto para paso de carros, carruajes y caballerizas, a fin de poder atender al mantenimiento de la misma,. Enviaba el acuerdo al Gobernador para su ratificación, en el que se decía: “...arancel de derechos que el Ayuntamiento de Guecho establece e intenta cobrar con aprobación de la superioridad, a todos carros y carruajes que pasen por el camino carretero de su jurisdicción , y que empezando por el barrio de Las Arenas, termina en el puerto de las mismas...” Las tasas que proponía el Ayuntamiento eran las siguientes:

Para coche común tirado por caballerías, por cada parada, la cantidad de 1,90 reales. Los de mayor tamaño tirados por tres caballos pagaban 2 reales. Los de menor tamaño, con una única caballería pagaban 0,90 céntimos.

Las Galeras, carromatos, carros de volante de cubo y carros de violín, con una caballería debían aportar 0,79 céntimos, precio que iba en aumento hasta llegar a los tirados por cuatro o más caballos que abonaban 2 reales.

Los carros del País, de llanta estrecha, con una yunta de bueyes pagaban 1,90 reales. Mientras que los de eje fijo lo hacían con 1 real, aumentando otro real por cada pareja de más.

Las tartanas de transporte de viajeros con una caballería abonaban 0,90 céntimos, subiendo otros 0,90 por caballería de más.

A principios de abril todavía no se había recibido la conformidad del Gobernador, por lo que el Ayuntamiento decidía aplicar de forma provisional el arancel aprobado en febrero, el mismo se cobraba en la caseta de camineros que estaba en el camino de la arena. En junio procedía el consistorio a la prohibición del paso de carros por el camino de la arena, hasta que no se terminaran las obras de reparación.

Entre tanto el Gobernador, el 2 de marzo de 1867, indicaba que debía crearse la figura del Alcalde Pedáneo para el barrio de Las Arenas, nombrando para dicho cargo a D. Diego de Uribarri, la corporación municipal se dio por enterada, fijando para el día 3 de ese mes como fecha de toma de posesión de dicho cargo. Se estudiaba las reposiciones de los puentes del Gobela y Aretxondo que presentaban mal estado. Se prohibía la exportación de piedra de las canteras del municipio a otros cercanos.


En junio de 1867 ya se habían vendido varios solares y parcelas de terreno arenoso en los arenales de Las Arenas (Romo), conforme a lo dispuesto en la Ley de Desamortización. Al anunciarse dicha venta acudió el Ayuntamiento a la autoridad competente de la Provincia manifestando, como decían anteriormente, que esos terrenos desde tiempo inmemorial pertenecían al Pueblo de Getxo, para lo que presentaron copia testimoniada de su posesión, que había sido: “...recibidas en el Juzgado de Primera Instancia de Bilbao en el año 1863, con intervención y audiencia del Ministerio Fiscal en representación del Estado. Todos los documentos presentados por el Ayuntamiento, en apoyo de que los terrenos enajenados eran propios de esta Anteiglesia y no del Estado, deben de obrar en poder del Gobierno Civil de la Provincia, en varios expedientes de 1865, y aún anteriores…” A pesar de la existencia de esos documentos y de las reclamaciones realizadas por el consistorio, los terrenos salieron a subasta sin que fuera notificado al Ayuntamiento: “...sin que al Ayuntamiento se le participase resolución alguna, fue llevada a cabo la subasta de dichos terrenos...” A pesar de las protestas del Ayuntamiento, que presentó ante el Juzgado de Primera Instancia de Bilbao una querella para que aquellos terrenos fueran adjudicados al municipio, y de que por unanimidad dieron poderes al vecino de Bilbao D. Francisco de Basterra para que les representara en aquella demanda. Pretendía el consistorio que de no recuperar aquellos terrenos, las indemnizaciones por los mismos: “...la cantidad que se consiga por esos terrenos arenosos sirva para sostener y mantener un Colegio de náutica...” Estaba claro que aquella Ley fue realizada “ad hoc” para beneficiar a potentados amigos, cuya influencia en el Gobierno de la Nación les hacía favorecerse de forma privada, de la venta de los terrenos comunales de nuestro Pueblo.


En la próxima entrada haremos un lapsus, para dar entrada a la festividad de Las Mercedes, fiesta local de Areeta-Las Arenas, para retomar en las siguientes el tema de los caminos, vegas, obras y otros aconteceres de Getxo durante el Siglo XIX.

jueves, 14 de septiembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO -III-



Siguiendo con estas entradas sobre caminos, vegas y otros aconteceres del Siglo XIX, seguiremos con las veredas por las que transitaban los carros en nuestro pueblo, y las incidencias de la Ley de Desamortización.

La educación también formaba parte de las obras que se estaban realizando en el Pueblo; en 1857 se creaba la escuela de Algorta (San Nikolas), su primer maestro fue D. Juan José de Jauregui, el segundo maestro fue D. Pedro Pascual de Alegría. Getxo ya contaba con 2.079 habitantes.

Las aguas eran otra de las preocupaciones vecinales, algunos habitantes de Getxo se dirigieron al Gobernador pidiéndole que conminara al Ayuntamiento a abrir fuentes y manantiales de agua potable para el abastecimiento de la población.

Tras el decreto sobre caminos de la Diputación Provincial de septiembre de 1860, siguieron diversas intervenciones municipales, fruto de un largo conflicto con la dicha institución, ya que no terminaba de enviarle una documentación que la misma requería, sobre las obras de los caminos del Pueblo. Nuestros ediles sorteaban como podían el asunto, indicando que los caminos acometidos mediante aportaciones vecinales no eran los de 1ª y 2ª si no los de rueda: “...que bien se les puede dar el nombre de rústicos, porque son para servidumbre exclusiva de carros del país de llanta estrecha, que por rutina se atiende a su reparación por prestación vecinal, sin presupuesto...” Al parecer en los cuatro años anteriores se aplicaba un impuesto de: “...cuatro maraverises en cántara de vino, con destino exclusivo a la reparación de calzada peatíl o de herradura...”

La representación vecinal en los actos que el pleno demandaba era obligatoria en 1864. La asistencia de hombres y mujeres a los actos convocados el 25 de septiembre de ese año, a decir de lo registrado por las actas, cuando menos resulta curiosa a día de hoy: “...Todos los vecinos, los que tienen juntas de bueyes, con ellos, y los que no también, deberán de acudir, donde haya hombre, asistirá el hombre, y donde solamente mujer o mujeres, la concurrencia será admitida por medio de mujeres o de lo contrario por medio de jornaleros hombres; con la condición de que la mujer que tenga su marido ausente deberá presentar peón varón o en su defecto dos mujeres…” En cuanto a la manutención de aquellos trabajadores, el Ayuntamiento facilitaba: “...Diariamente se dará por ración lo que sigue; a los carreteros medio azumbre de vino, a los peones varones un cuartillo de vino, a las mujeres peones medio cuartillo; a todos en general se les entregará media libra de pan diario…” El objeto de aquella convocatoria no era otro que la reparación de los caminos vecinales de Getxo.


En marzo de 1865 se sacaban a subasta, por el Estado, varios terrenos de Algorta y Las Arenas, además de todos los solares de la Avanzada. Entre los pertenecientes a Algorta estaban:

8.379 m² de juncales arenosos en Konporte, que fueron adquiridos por D. Francisco Guinea.

37.344 m² de juncales en Konporte, que fueron adquiridos por D. Manuel Achalandabaso.

Un terreno en Konporte de 5.391 m² que fue adquirido por D. Vicente Suarez.

Un terreno en Zabalekopozo de 1.641 m² que fue adquirido por D. G. R. de Urresti y D.Justo de Ugarte.

Un pequeño terreno en Matikoena de 546 m² que fue adquirido por D. Ignacio Meñaca.

Un terreno en Zabalekopozo de 1.577 m² que fue adquirido por D. Niceto Landesa.

Otro de tan solo 125 m² que fue adquirido por el Sr. Oriosolo.

Un terreno en Aiboa de 1.687 m² que fue adquirido por D. Jesús Bayo.

Los terrenos de mayor superficie vendidos fueron los de:

Uno en la Galea de 1.571.000 m² que fue adquirido por D. J. M. Martinez Rivas, que fue adquirido por 157.150 reales.

Un monte en la zona de Baserri de 264.430 m² que fue adquirido por D. Victor Chavarri.

Y un terreno en Aiboa de 440.700 m² que fue adquirido por D. Ignacio Ituarte.

El Estado a pesar de las protestas municipales, entre los días 27, 28 y 29 de julio de 1865, sacaba a subasta varios terrenos de Las Arenas, todos ellos de superficies superiores a los 10.000 pies², los compradores fueron:

D. Manuel de Zubillaga que adquirió 4 fincas, una de 12.712 pies² por 42.000 reales; otra de otros 12.712 pies² por 3.000 reales; la tercera era también de 12.712 pies² por la que pagó 4.000 reales y la cuarta de 10.136 pies² por la que pagó 5.000 reales.

D. Robustiano Larrondo adquirió una finca de 12.880 pies² por la que pagó 35.000 reales.

D. Niceto Landesa compró una finca de 12.880 pies² por la que pagó 19.000 reales.

D. Fernando Mieg adquirió una finca de 12.712 pies² por la que pagó 12.500 reales.

D. Eduardo Aguirre compró dos fincas, ambas de 12.712 pies² por la que pagó 4.000 y 4.100 reales.

D. Pedro Gondra adquirió una finca de 12.712 pies² por la que pagó 3.600 reales.

D. Diego de Uribarri, fue uno de los que más terrenos adquirió en aquella subasta, el primero de 12.880 pies² por el que pagó 4.200 reales; el segundo de otro 12.880 pies² por el que pagó 3.300 reales; el tercero de 12.712 pies² por el que pagó 3.100 reales; los otros cuatro eran de 10.136 pies² pagó por cada uno de ellos 1.574 reales.

D. José Antonio de Elizalde adquirió tres terrenos de 10.136 pies², pagó por cada uno de ellos 5.000, 7.500 y 13.000 reales.

D. José de Careaga adquirió 4 terrenos, dos de ellos de 12.712 pies², pagó por cada uno de ellos 15.100 y 5.000 reales; y otros dos de 12.880 pies², pagó por cada uno de ellos 5.000 y 3.500 reales.

D. José María Gondra adquirió 5 terrenos, tres de 12.712 pies², pagó por cada uno de ellos 4.300, 1.974 y 4.300 reales; los otros dos eran de 12.880, pagó por cada uno de ellos 2.500 y 2.450 reales.

Finalmente D. Marcelino Bareño adquirió un terreno de 12.251 pies² por el que pagó 2.542 reales.

En febrero de 1866 el Alcalde D. Juan Bautista Manene firmaba un decreto por el que las reparaciones de los caminos pasaban a realizarse, para evitar mayores gastos, por jornaleros. Así sorteaban las disposiciones de las Juntas Generales. Para mayo de 1866 el consistorio nombraba como peones camineros, encargados de las reparaciones de los caminos del pueblo, a D. Francisco de Elustondo y D. Ángel de Egusquiza. Los salarios eran de 6 reales diarios.

Durante el verano de 1866 se sucedieron algunos conflictos, relacionados con los argomales de Baserri con vecinos de Leioa, los de Getxo decían: “...algunos vecinos de Leioa llevan de los argomales comunes de esta Anteiglesia argoma como si fuese propia...” El consistorio ordenó identificar a los que sustraían dichos fardos, que la comunidad utilizaba para abono: “...sean identificadas las personas que realizan semejante abuso, sen multadas y castigadas convenientemente...” Para cumplir aquel acuerdo dieron curso del mismo al Alcalde de Leioa.

La circulación de carros y carruajes, con grandes cargas, deterioraban la calzada que iba: “...desde el barrio de Las Arenas hasta el punto llamado Arechondo en Algorta...” El consistorio afirmaba que los escasos recursos con que contaba hacían imposible su reparación, por lo que en noviembre de 1866 habían solicitado a la Diputación, les autorizara a crear un impuesto para aquellos carros, a fin de que sirviera para conservar dicha vía.

Por otro lado la libre circulación entre algunos puntos del municipio a veces se veía impedida porque algún propietario, que aún no siéndolo, cerraba los caminos. Fue el caso de la queja expuesta por el vecino de Berango, D. José María de Larrabeiti, que el 21 de julio enviaba un comunicado al consistorio, que fue tratado en el pleno del 16 de agosto de 1866. En dicho escrito se decía: “...que habiendo sido interceptado, sin duda de orden particular, el camino vecinal que se dirige a Las Arenas, en el punto llamado Errotasarreta (sin duda se refería al Caserío Errota-Sarra, próximo al Camino de Larrañazubi), que se halla situado entre la compuerta y la fabrica de cal hidráulica, se ordene la apertura de otro camino para el libre paso...” Sin embargo el Ayuntamiento afirmaba que: “...el camino que atraviesa la expresada vía es propio común de esta anteiglesia, y ha sido arrendado a D. Antonio de Echaniz, por orden de quien sin duda ha sido cerrado. Esta corporación acuerda que se oficie al denotado Echaniz, ordenándole que inmediatamente ponga el camino cerrado, en el ser y estado que anteriormente ha tenido, para que pueda transitarse por el mismo...”


Era la época en la que se acometían las obras del paredón de Asuarca, en el Puerto Viejo, porque las aguas que bajaban por la antigua ermita de San Nikolas, perjudicaban los cimientos de otras edificaciones. Acontecía en octubre de 1866, pero eso será asunto de otra entrada. Al mes siguiente el consistorio acudía a la Diputación a fin de cobrar parte de los depósitos, que tras la venta de terrenos comunales, impuesta por la ley de desamortización, le correspondía.

La extracción de arenas de las playas era otra de las actividades que para la construcción de edificios aparecía en nuestro pueblo, aunque parece que se realizaba sin autorización municipal, las de 1866 en la playa de Ereaga, fue multada con 15 reales. Más tarde se levantaría dicha prohibición. La traída de aguas potables a la población fue otra de las actividades. En ese año se estudió el suministro desde Berango al barrio de Las Arenas. Se aprobaba dicho suministro un 10 de agosto, el importe de aquellas obras supusieron para las arcas municipales 44.734 reales.

La pobreza en el pueblo hacía carta de presencia y alguna familia era socorrida con libra y media de pan diario, que iban a ser pagados con fondos municipales; para ello enviaba un oficio al tendero D. Antonio de Retureta, que tenía un establecimiento de bebidas y comestibles. Mientras el Ayuntamiento compraba tres retratos del general Méndez Núñez por 24 reales, de una partida destinada a gastos de oficina. No era el único gasto, que se cargaba a oficina, ya que el consistorio, por recomendación del Gobernador de la Provincia, en enero de 1867, se suscribía a la “Enciclopedia la Ley” de D. Juan Valero de Tornos, publicación que se editaba en Madrid, y cuyo coste era de 100 reales al año.


En la próxima entrada seguiremos viendo lo que supuso la Ley que dejó a nuestro pueblo sin terrenos de propiedad comunal.

lunes, 11 de septiembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO -II-



En la anterior entrada veíamos el inicio de los cambios que se iban a producir en nuestro pueblo, las normativas que a ello conducían y cómo la Ley de Desamortización afectaba a nuestros propiedades comunales.

En marzo de 1845, siendo Alcalde D. Francisco Antonio de Zalduondo, algunos vecinos, seguramente necesitados, recurrieron a sembrar en los arenales comunes de Romo. El Consistorio tomó cartas en el asunto nombrando a D. Juan Antonio Cortina para que esos parajes volvieran a ser utilizados siempre de acuerdo con la autorización municipal y para que su cesión repercutiera en las arcas comunes. No eran estos solamente los terrenos de la comunidad que inquietaban al consistorio, ya que los argomales de la zona de Baserri eran sometidos a litigio por apropiación no debida de algún personaje de la época.

La importancia de esos parajes para las arcas municipales y sus habitantes era debida, entre otras razones, a la necesidad de abonos para los terrenos de los arenales y a que el efecto de las guerras que se sucedieron durante el Siglo XIX, junto al expolio que supuso la desamortización de Mendizabal por la que estos terrenos pasaban a propiedad de ricos hacendados, provocaron que el municipio y los vecinos vieran sus empobrecer sus escasos recursos.

Las protestas del consistorio de poco sirvieron, ya que años más tarde, en 1894, los terrenos hasta esa fecha de propiedad común, fueron vendidos a acaudalados hacendados. La zona de Baserri fuere adquirida por Víctor Chavarri, la correspondiente al área de Aiboa-Alango lo era por Ignacio Ituarte, y la de la Galea hasta Sopelana por José María Martínez Rivas.

Mientras, los estragos ocasionados por la última guerra, hicieron que en enero de 1847, el consistorio procediera a la recuperación del camino de Mandavide en el alto de Las Arenas, así como el puente del Gobela, que se hallaba en ruinas, que daba paso hacía los arenales, y cuyo concurso era necesario para el servicio público por lo que encargaron un proyecto al maestro de obras José Antonio de Olascoaga. Aquel proyecto debía ser aprobado por: “...el Jefe Político de esta Provincia...” En junio de ese año el consistorio decidía intervenir para reparar los caminos, deteriorados como consecuencia de decisiones militares en la última guerra. Uno de los motivos para tomar aquella decisión era, a decir del consistorio: “...la necesidad de la inmediata reparación para el debido ornato público, por las muchas gentes que anualmente vienen a los baños de mar...” La remodelación alcanzó al “Camino Real Calzada” que iba desde la llamada “Iglesia Matriz”, que no era otra que la de “Andra Mari” (Getxo), hasta el punto conocido como: “...la Avanzada o Alto de los Arenales...” que se hallaba ya trazado por el maestro de obras Juan Antonio de Menchaca.


Sobre este puente y otras obras, consecuencia de la última guerra, ya hablaba en agosto de 1842 el consistorio regido por D. Juan Antonio de Sarria, que acordó: “...que a fin de que esta Comunidad no carezca de los beneficios concedidos por el Decreto de Cortes de abril de este año, donde se establecen ciertas reglas de indemnización para de daños causados durante la última guerra, se acuda a la Diputación Provincial de este Señorío con la solicitud y la manifestación de los perjuicios que sufrió esta Comunidad...” Entre los elementos que requerían ayuda se encontraban el Puente anteriormente citado, la taberna que en dichos arenales tenía Getxo, así como la casa del barquero, que atendía el paso a la Villa de Portugalete y que producía unos beneficios anuales a nuestro municipio de 1.200 reales.

Entre los años 1851-1852, el inventario de bienes del Municipio de Getxo arrojaba los siguientes datos:

En lo relativo a propiedades rusticas:

Disponía de sesenta peonadas de terreno en las Vegas que le rentaban un capital de 9.000 reales y le dejaban una renta anual de 189 reales.

Un terreno en San Martín que le aportaba un capital 800 reales y una renta anual de 15 reales.

Diversos prados y juncales en Lamiako que le aportaba un capital 27.000 reales y una renta anual de 540 reales.

Otros en la playa de Lamiako le aportaban un capital 34.267.

Y las canteras de Alango le aportaban un capital 16.000.

En lo relativo a claustros y capellanías:

El Convento de Santa Mónica de Bilbao le aportaba un capital 11.000 reales y una renta anual de 247 reales.

El Convento de la Esperanza le aportaba un capital 8.400 reales y una renta anual de 189 reales.

El Convento de Santa Clara de Portugalete le aportaba un capital 49.270 reales y una renta anual de 1.231 reales.

La Capellanía de Lekumberri le aportaba un capital 15.675 reales y una renta anual de 391 reales.

En otros valores disponía de:

La testamentaria de Dña. Antonia de Mugica le aportaba un capital 5.000 reales y una renta anual de 2.000 reales.

La testamentaria de D. Juan Bautista Zabala le aportaba un capital 2.000 reales y una renta anual de 800 reales.

Los títulos de propiedad de aquel inventario se extraviaron con ocasión de la última guerra. Las discusiones entre el Estado y el Consistorio getxotarra, sobre la titularidad de las vegas, siempre estuvieron presentes. En octubre de 1851 el Alcalde D. Juan Antonio de Menchaca, en una entrevista mantenida con el Juntero de Caminos e Impuestos D. Felix de Uhagon, para decidir el amojonamiento de los arenales de Lamiako, al manifestar el Juntero: “...que todo lo que baña el agua del mar correspondía al Gobierno...” El Alcalde se opuso y afirmó que: “...dichos arenales se consideraban desde tiempos inmemoriales como propios de la Anteiglesia...”

En 1852 se iba a realizar el proyecto de camino real de Bilbao a Plencia por Deusto, Erandio, Lujua, Laukiniz y Urduliz, el Ayuntamiento de Getxo protesto el trazado, ya que le parecía más razonable que el mismo transcurriera por Deusto, Lutxana, Erandio, Leioa, Getxo, Berango, Sopelana y Barrika. Finalmente ese fue el trazado.

Un año más tarde, en 1853, se añadía el tinglado adosado a la iglesia de San Nikolas, en lo que hoy es el edificio de la Biblioteca, años más tarde en 1866 el suelo tuvo que ser reparado debido a su mal estado.


Dentro de las obras que se estaban realizando en la llamada “Playa de Lamiaco”, playa que al parecer era conocida popularmente como “La del Caudal”, y las marismas situadas entre el monte de Axpe y la playa de Algorta, en 1853 D. Antonio de Salcedo y Landecho solicitaba al Ministerio de Fomento la concesión de dichas marismas. Estas quedaban cubiertas por las pleamares por las aguas que se introducían por el puente llamado de los “Ocho Ojos” (En 1788 el Consulado de Bilbao realizó uno de los puentes que comunicaban Axpe con los llamados Arenales de Lamiako, estaba en el paso de Axpe, al lado del molino de Udondo, que pertenecía al mayorazgo de Barraicúa. Se le denominó “Puente de los ocho ojos”). Las intenciones del Sr. Landecho eran las de utilizar dichas marismas para cultivo, para ello se proponía cerrar el puente anteriormente citado, y canalizar los ríos Udondo y Gobela, encauzándolos y dándolos salida al puente. Por lo que el Ayuntamiento de Getxo no veía con buenos ojos aquella operación, que invadía terrenos de propiedad comunal del municipio.

En junio de ese año se tomaba la decisión de realizar las obras de desmonte de la Avanzada: “...Cuya vista arredra a los muchos transeúntes que por lo expuesto de aquel paso...” Se referían al paso de “Punta Begoña” hacía la playa de Ereaga. Ese mismo año por orden de la Diputación, y con encargo de realizar las obras al Ayuntamiento de Getxo, se derribaba el morro del castillete que daba a la ribera, se trataba del “Castillete de Arrigunaga”, que ya presentaba un aspecto ruinoso y suponía un peligro para los vecinos.


En las próximas entradas iremos viendo como todos aquellos acontecimientos influyeron en el devenir de Getxo.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

DE CAMINOS, VEGAS, OBRAS Y OTROS ACONTECERES DEL SIGLO XIX EN GETXO -I-



Esta entrada da paso a una serie de capítulos sobre los acontecimientos que, entre 1800-1900, se iban a producir en nuestro municipio. Y que empezaron a documentarse en la tercera decena del Siglo XIX, que es a partir de la que podemos encontrar documentación municipal en el Archivo de Getxo, aunque existen también en él, algunas fichas históricas de fechas anteriores.

En la Bizkaia del Siglo XIX se estaban produciendo una serie de transformaciones, provocadas por la necesidad de hacer circular las mercancías, fundamentalmente las derivadas del agro y de la ganadería, que dieron lugar a la construcción de los Caminos Reales, que las propias Juntas Generales del Señorío fortalecieron mediante los decretos que aprobaron entre 1812 y 1832. Las carreteras fueron realizadas por particulares, que los Ayuntamientos promovían formando sociedades, y que la diputación controlaba los impuestos que estos fijaban. Los cuales, en numerosas ocasiones, dieron lugar a conflictos entre ambas instituciones.

En estas entradas iremos viendo la evolución de nuestro Pueblo en lo referente a caminos, vegas y hechos, que por su contenido histórico local he considerado que merece la pena conocer. Sin embargo, no abordaré los referidos al transportes (Tranvía y Tren), así como los relacionados con la educación y sanidad, ya que sobre ellos he tratado ampliamente a lo largo de otras entradas de mi Blog, y solo lo haré de forma puntual, cuando considere que alguna fecha merece ser resaltada.

Mientras que las Juntas Generales aprobaban entre 1820-21 los arbitrios para la construcción de caminos desde Bilbao a Pancorbo y Durango, ya que el pago de estos hasta entonces, no se hacía con uniformidad por los municipios. La situación de los caminos vecinales de Getxo y algunas vegas de Las Arenas, presentaban un estado lastimoso a comienzos del Siglo XIX. Los primeros debido a que en los últimos seis años no se había realizado ninguna actuación sobre ellos, las segundas debido a las grandes avenidas pluviales, habían cegado en algunos tramos el curso del rio Gobela.

Uno de esos caminos eran los caminos reales. Ya en octubre de 1826 el Consistorio estudiaba la forma en que se debían realizar los pagos con fondos municipales para evitar que fueran gravosos para las arcas municipales, y que hasta entonces se confundían con las travesías y caminos vecinales. Se decretaba que los 2.000 reales de sisa de los azumbres de vino común, se tuvieran en caja separada para destinarlos a reposiciones y obras de los caminos reales de entrada y salida del Pueblo. Siendo los mismos vecinos quienes debían de costear los de travesía y vecinales con aportaciones complementarias. Los fuertes desniveles entre Las Arenas y Algorta darían lugar a que el trazado discurriera en paralelo al antiguo camino de la Avenida Basagoiti, en lugar de comunicar a través del Puerto Viejo ambas poblaciones. El trazado de una nueva vía para acceder a la nueva capitalidad, la actual Algortako Etorbidea, era paralelo a la Avenida Basagoiti.


En esos años apareció la llamada “Ley de Desamortización”, también conocida como “Ley Madoz o de Mendizábal”, que buscó fundamentalmente obtener recursos para financiar los gastos provocados por las guerras entre Carlistas y Liberales y liberar deuda pública sacando a subasta pública algunos bienes de la iglesia (monasterios) y sobre todo municipales (comunales). Y cuya aplicación, desde su creación en 1836, se iba a dejar sentir en nuestro Municipio hasta finales de siglo. Pero sobre todo, tuvo un periodo de máxima actividad tras la finalización de la primera guerra entre Carlistas y Liberales en 1839. En esa época se intensifico la enajenación de terrenos hasta entonces de propiedad comunal. Hacia mediados de ese siglo más de la mitad del los terrenos de Getxo, casi un tercio, eran de propiedad comunal. Aquella desamortización se realizó concentrando las propiedades en pocas manos, ya que las subastas se realizaban en parcelas de gran tamaño. Los terrenos comunales de Alango fueron los primeros en enajenarse.

Algunos de aquellos terrenos y vegas comunes eran los de Konporte, que a decir de los responsables municipales: “...desde hace varios años están incultos en la mayor parte y además nada producen en beneficio de la Comunidad...” Al parecer además de no aportar nada, los trabajos de limpieza y saneamiento de esas zonas recaían sobre las mermadas arcas municipales. Por lo que decidieron sacar a remate los mismos, para que quienes las adquirieran realizaran la limpieza de zanjas y terrenos, que según narraban: “...el rematante ha de barrer y limpiar y tener a su cargo la presa o ría que baja por Konporte para que no dañe las vegas particulares de la parte de arriba del Pueblo...” Otra de sus misiones consistía en mantener la: “...la ría llamada de Basáñez...”

En 1826 algunos vecinos “excusaron” su colaboración a la hora de ayudar en la reparación los caminos y travesías vecinales, por lo que el Ayuntamiento decidió que: “...Consideramos conveniente que se sepa y conste los nombres, y que los Cabos que han dirigido las reparaciones de los caminos, den parte de tales personas y se estampen sus nombres para que haya memoria de ellos...” Firmaban aquel decreto Juan Antonio de Ibatao y Juan Maria de Sustacha.

Ya desde 1839 el Pueblo se había divido en: “...Seis trozos o barrios, desde la casa de Cortina por Palacio al molino de Mimenaga; por la parte del Norte del camino que dirige desde la primera casa hasta otro molino; desde Goicoeches por Trampena, Ángel, Ibatao a Zubilletas y Baserri; desde Jauregui, Arrigunaga a Arana con exclusión de San Martín; desde este siguiendo al camino de Amorotoena a la carnicería por lo que queda por el lado del Norte de la calzada con inclusión del barrio de Gobelas; desde la carnicería siguiendo dicho camino a Jardingana y de esta a la Iglesia; desde esta volviendo por otro camino a Venturillena lo que se halla por la parte de poniente...” Para definir aquellas divisiones se comisionó a D. Juan Antonio de Ibatao y Francisco Antonio de Acha para el primero; a D. Antonio de Ibarra y D. Juan Antonio de Goñia para el segundo; a D. Antonio de Sarria y D. Manuel de Libano para el tercero; a D. Juan Antonio Cortina Ugarte y D. Jose María de Sarria para el cuarto; a Jose María de Amusategui y D. Domingo de Ansoleaga para el quinto; a D. Juan Bautista de Cortina Ugarte y D. Francisco Antonio de Libano; el sexto quedó pendiente de decidir para el siguiente día.

Eran tiempos de guerra y los ediles se quejaban de las actitudes de la tropa, que lo mismo sacaban a los vecinos a deshoras de sus casas para ocuparlas, que ocupaban las de otros, como consecuencia de no haber nombrado al responsable de repartir las boletas de alojamiento. Para este menester se nombró a D. Juan Antonio de Cortina y Arana. Otras cosas que trataron de localizar, dado el desbarajuste motivado por la guerra, fueron las pesas y medidas del pueblo, así como el cepo, esposa y grillos, que se utilizaban para retener a los delincuentes. Firmaban el acta los regidores D. Santiago de Aguirre y D. José María de Arias.

En enero de ese año, al abrir el Archivo Municipal, se encontró que toda la documentación presentaba un lastimoso estado, prácticamente estaba reducida a ruinas. Por lo que para salvar los pocos documentos que se pudo, decidieron orearlos en la casa de la viuda de D. Juan Bautista de Arias, logrado así salvar algunos documento de inventario, costas y pagos, que parece era lo que más interesaba. Alguno de aquellos libros, que tras orearse se pudo salvar, hubo que reescribir con cuidado algunos de sus párrafos.

Los efectos de la guerra se hacían sentir en Getxo, el 11 de abril de 1839, se reunían en la campa de la Anteiglesia, algunos ediles, ya que otros ediles se hallaban arrestados por no haber pagado una multa, impuesta por el General de las tropas del Rey de mil pares de zapatos, el consistorio decidía pagar la multa a fin de : “...rescatar o liberar al resto de fieles...” Para ello fueron de casa en casa pidiendo aportaciones para poder abonar la multa. También intercedieron ante otro General, pero lo único que lograron es que este redujera la cantidad a cien pares de zapatos.


La presencia de ganado extraño en las vegas también causaba desazón entre nuestros vecinos, por lo que decidieron imponer una multa de 10 reales por cabeza, que se repartían entre el dueño de la heredad y el aprehensor o denunciante. Otra de las causas de enfado entre nuestros regidores era el contrabando de aguardiente, que las tenderas y la milicia realizaban, evadiendo impuestos. Se acordaba imponer una multa de nueve ducados a los infractores.

Por otro lado numerosas heredades se hallaban incultas, entre ellas las de Aixerrota, propiedad de la viuda de Arias, por lo que se sacaron a remate para pasto de ganado.


En la siguiente entrada veremos cómo algunos vecinos necesitados, recurrieron a sembrar en los arenales comunes de Romo.

domingo, 3 de septiembre de 2017

LA FOTERÍA DE JULIÁN (BAR GURUGÚ)



Algunos establecimientos hosteleros de Algorta nacieron con nombres que con el paso del tiempo fueron olvidados, y a comienzos del Siglo XX tomaron otros que se han guardado en la memoria popular. Este es el caso de la “Fotería de Julián”, más tarde bar “Gurugú”.

Nombre curioso, unos dicen que derivado de “Botería”, que quizá por error tipográfico derivo en “Fotería”. Otros y parece los mas probable, de un pequeño pan (Gallofa) al que llamaban ”Fote ó Fota”, pan abizcochado que se tomaba en el desayuno o se empleaba para confeccionar postres. Según cuenta la “Arratiako Udalen Mankomunitatea”, en su pagina web: “...Fot, conocido también con los nombres de Pota o Txozna, es un pan especial, delgado y larguirucho, que se comía por las mañanas, untado con anís o chocolate...” Dan como origen del termino “Foterie” a una casa de Artea donde se hacía “Fotea”, una especie de pan. De echo, el sufijo “eria” aplicado a “Fote” significa lugar donde se hace o fabrica algo por ejemplo: Arotzería, Jabonería, Bolandería o Fotería.


En otras zonas de Euskal Herria este alimento tomaba el nombre en euskera de: Ogitxo, Opiltxo, Otarro, Panpot. Euskaltzaindia lo define como “Fot”: “...Bollo de pan especial para el desayuno…, que se hacía en Arratia...” Por lo que en sus comienzos en Algorta, pudo funcionar también como taberna en la que se expendía ese tipo de pan.

La fotería en 1833 perteneció a la familia de José Ramón de Zalduondo y su esposa Josefa de Uria, fue cedida más tarde a su hijo Juan Bautista Zalduondo.

El 31 de enero 1868 la “Secretaria de Estadística del Señorío de Vizcaya”, remitió al Ayuntamiento de Getxo un impreso, en el que requería datos de los bares existentes en el Municipio. El 3 de marzo de ese año el consistorio devolvió el documento debidamente cumplimentado. En dicho escrito figuraban las tabernas existentes en la Anteiglesia, según el libro del Trinitario Carlos María Zabala: “...había 11 tabernas, a las que semanalmente, y en total, concurrían 162 personas...” Entre ellas estaba “La Fotería de Julián”, establecimiento antecesor del bar “Gurugu”.


La Fotería de Julián”, nombre que tuvo inicialmente, estuvo situada en 1868 en la calle Carretera n° 41 (Actual Algortako Etorbidea). Fue una de las tabernas emblemáticas de Algorta, (hablamos del ya desaparecido “Bar Gurugú”). En ese año aparecía registrada en la calle Carretera n.º 41 la Fotería.

El 27 de septiembre de 1868 se publicaba un bando con los horarios de cierre de todos los establecimientos públicos y en particular de las tabernas. En él D. Domingo de Arteta, primer teniente de Alcalde, hacía saber a todos los vecinos : “...que a fin de prevenir todo desorden que pudiera ocurrir a consecuencia de las circunstancias extraordinarias por las que atraviesa la Nación, ordeno y mando que se observen las disposiciones siguientes:

1º- Toda persona que se encontrara fuera o en la calle a partir de las nueve de la noche, sin motivo justificado y probado, se le considerará como sospechosa, y será juzgada y castigada como corresponda.

2º- Todas las tabernas y establecimientos públicos, se cerrarán por sus respectivos dueños a las nueve de la noche, bajo pena de cuatro escudos cuando fuera por primera vez, sin perjuicio de aumentarla si alguno reincidiera...”


Los números de calles iban cambiando a medida que Algorta crecía. En 1887 estaba situada en la entonces denominada “Calle de la Carretera”, se denominaba “Fotería de Julián”, estaba entre las casas “Santuena Mayor” y “Chisquiena Nueva”. Actualmente ocupa el nº 70 de la calle Algortako Etorbidea. En ese año en la misma calle, en su mano izquierda, existían varios comercios, algunos como el de “Artasena” en el nº 3, o el de “Saitua” en el nº 21, dedicados a panadería; otros como el del nº 45 eran un depósito de vinos, o el del nº 63 “Mariandresena”, eran bodegas.

En 1897, en los números pares, estaba en el nº 4 la Alhóndiga de “Tatoena Zubiaga”; en el nº 16 el “Hospital Viejo” que ya estaba deshabilitado.


Fotería de Julián”, nombre que más tarde derivaría en bar “Gurugú””, término que a principios del Siglo XX, algunos que estaban en edad militar, y fueron destinados a África, y vivieron los primeros compases de la Guerra contra Marruecos, utilizaron para designar algunos lugares y calles de Algorta. Unos de esos acontecimientos bélicos que tuvo lugar en el monte Gurugú (fronterizo entre Melilla y Marruecos), hizo que al regresar a Algorta, comenzaran a denominar determinada zonas con nombres relacionados con aquellos lares. Uno de los motivos de que el término la “Fotería de Julian” se pusiera al bar “Gurugú” en 1900 pudo tener que ver con aquellos comienzos de las guerras del norte de Marruecos. Ese termino “Gurugú” es una adaptación castellana del nombre originario de dicho monte marroquí “Adrar n gurgu”. El propio Ayuntamiento de Getxo daría nombre a una de sus arterias principales con nombre derivado de aquellas latitudes, la Calle Mayor que pasó a llamarse Tetuán en 1863, como conmemoración de las guerras coloniales. Y no será hasta 1899 que pasará a llamarse por su actual nombre “Avenida Basagoiti

En 1900 arrienda el local “Tiburcio Sasiain” que será quien dará el nombre de “Gurugu” al bar. Más tarde en 1920 pasó a manos de otro bodeguero andaluz “González”, cuya familia era conocida como la de “Las Andaluzas”; un familiar de este tasquero fue un conocido jugador del Athletic de Bilbao “Nando González”. En 1928 se cerró el local, utilizándolo como garaje el propietario del local “José Uribarri”.

Existe una fotografía de 1908 (ver fotografía del encabezamiento), en la que aparecen a las puertas del “Gurugú” varios vecinos de Algorta, entre ellos están, a la izquierda con sombrero Cortina, pero además sin localizar en la fotografía estaban los Capetillo, Etxeandia, Zubiaga, Uribarri, Legarreta, Sarria, Ostikoetxea.


En 1936 pasará a manos de la familia de Lauri Azkorra. En ese año el horario de trabajo solo variaba en cuanto al cierre del local: en invierno lo hacía a las ocho de la noche y en verano a las nueve. Fue un almacén que se dedicó a la distribución de “Vinos y Chacolíes”. En la fachada del bar siempre lució el anagrama con su nombre, en la fotografía superior de 1962 podemos ver la entrada del local con el letrero que lo confirma.

Entre los años 40-80, fruto del crecimiento de Algorta, comienza a funcionar como restaurante, tenía entonces el n.º 60 de la calle “Avenida del Ejercito”, se daban comidas de diario para obreros de la construcción, y los festivos mejoraba la carta incluyendo bacalao, txipirones, cazuelitas de callos y asadurilla, chuletas de buey con las que adquirió fama de buen asador. En su factura del comedor de los años 60 ya figuraban algunas de sus especialidades (Vinos y Mariscos), señalando que daban meriendas. Era íntimo amigo de “Florencio Isla”, que tenía por entonces la carnicería frente a su local, incluso Lauri tenía las llaves de su carnicería !por si se le terminaban las chuletas!, las cuales servía en las cenas de su tasca.


En esos primeros años solían acudir muchos tratantes de ganado, de Gatika, Urduliz, Barrika, Sopelana, que llevaban sus reses al Matadero de Alango, para las nueve de la mañana almorzaban, era habitual ver en el bar los akullus y arreos con los que llevaban los animales al matadero. Llamaban la atención sus viejas botellas de Chinchón y otras bebidas espiritosas, que tras la barra hablaban de los años pasados.


Hay pocos locales en el barrio que hayan sobrevivido al tiempo sin perder ni un ápice de su solera, el bar Gurugú era una de esas excepciones. Desde su privilegiada esquina, permaneció inalterable a los cambios estéticos, solo en algunas ocasiones y para proporcionar confortabilidad se modificaron algunos pequeños detalles. Fiel al paso del tiempo era su cámara frigorífica de 1949 de “Frigoríficos Chiloverg” de Bilbao, que costó en la época 25.500 pesetas, compendio de carpintería e historia, también lo eran sus mesas y bancos de madera. El restaurante tuvo entre sus comensales célebres en 1952, un Obispo de Moyobamba (Perú) Martín Fulgencio Elorza (Pasionista), nacido en Elgeta (Gipuzkoa) el año 1899, que había sido profesor de Lauri Azkorra, en el seminario de Gabiria. En la fotografía superior aparece el obispo Elorza junto al Papa Juan XXIII .


En 1986 celebraron su 50 aniversario. En la fotografía superior se puede ver, a parte de la familia, enarbolando una hogaza de aniversario, su cocinera Puri (a la izquierda de la foto).

Era un lugar clásico para disfrutar del circuito ciclista de Getxo, fuera del bar, se solían colocar mesas y una barra supletoria, incluso se instaló una ducha en el interior del local, en la que algunos ciclistas, al terminar el recorrido, aprovechaban para quitarse el sudor. En la fotografía inferior podemos ver un momento de aquella celebración. En sus paredes aparecían como parte de su historia, fotografías de las cuadrillas, y de algún que otro buey de descomunales dimensiones, fruto del buen hacer de Isla.


Otro clásico de aquella taberna era Javi Hormaza, el mismo recordaba que: “...en mis tiempos de gloria en el Athletic, cada vez que horadaba la portería contraria, Isla me obsequiaba un chuletón...”, que le preparaban en el Gurugú. Pero no el único, también solía frecuentar el local el portero del Athletic Josetxu Etxebarria que era de Alango.

De las partidas de cartas de aquel local habla una magnífica fotografía que el fotógrafo de Reinosa “Fede Merino”, supo inmortalizar en su libro “La nobleza de la vida cotidiana”. La misma transcurre en medio de una niebla de cigarrillos con el sol entrando por las ventanas, mientras los curiosos observan a los jugadores, uno de ellos ojea un periódico. La rana era otro de los juegos, que solían practicar sus clientes en la calle.


El local se fue apagando en los últimos tiempos, ya no era aquel sitio donde corrían las meriendas y el buen vino, su clientela al igual que el local se fue haciendo mayor, y solo los fines de semana su concurrencia era de cuadrillas jóvenes que le daban al “kinito”.

A la hora de la despedida se agolparon, en muchos de sus incondicionales, recuerdos de otras épocas y un nudo de orfandad se notaba en las gargantas de sus parroquianos. El propio Bernar Azkorra reconocía, cuando se produjo el cierre: “...me siento el malo de la película por clausurar el Gurugú...” Hasta un taciturno Javi Hormaza mostraba su tristeza afirmando: “...no me lo puedo creer...”.


El bar “Gurugú” era un sitio mítico para los txikiteros de Algorta, después de regentarlo la familia de Lauri Azkorra durante 74 años, cerró en el 2009 y con él, el barrio perdió parte de su historia popular. Este local, al igual que otros del barrio, han ido cerrando sus puertas. Antes lo hicieron La Marina, Berango, Aldatza, La Bodeguilla de Hormaza, Isidro, nuevas tabernas han abierto pero el calor de aquellas aún no se ha apagado.

Al recordar a ese local la “Fotería de Julián”, más tarde “Gurugú”, quizá se pueda pensar en el poema de Pierre Dibarrate de Baigorri, que reproduzco parcialmente más abajo, si lo que llevaba a los bebedores del local, con su hígado ya satisfecho, hacia la barca de Caronte, era la afición a las jarrillas de buen vino, que algunos tomaban con fruición.

Osailuak hiltzen du
gizadirik erdia,
bertze erdia edailuak
dauka sutik bizia.
Arno onak

Las recetas al ataúd
llevan media humanidad;
la otra media está en salud
porque bebe en cantidad.
A beber….


Existen unos bertsos en Argentina del bermeano Tomás de Otaegi que dicen:

Una de entre ellas sale
emakume Isilla
y va a una fotería
ogui baten bila,
porque es de fresqueras
betiko ekandua
a sorbos de aguardiente

arguitu burua.