MEMORIAS DE GETXO

martes, 19 de diciembre de 2017

ZORIONAK eta URTE BERRI ON



Al llegar la navidad, como todos los años, retornan los días de celebración en familia y enredo en los fogones, para los que somos cocinillas.

Y recordar aquellos viejos días, en los que la navidad se celebraba entorno a la lumbre de los hogares, en los que las brasas chisporroteban, como relataban en una reseña de 1906: “...«En la espaciosa y negruzca de la cocina enlosada, en cuyo centró se alza una mesa cubierta con vasto mantel, donde el vino dejó huellas de su pasado, se halla unida toda la familia, mientras el padre canta viejas canciones de Navidad»...” Mientras que otros las pasaban en comedores de caridad, solos, en torno a destartaladas mesas: “...«ocupadas por mujeres, hombres viejos y jóvenes y niños, que daban buena cuenta de sus raciones de un real, con la vista perdida en el raído plato»...” Esperemos que nuestra conciencia, no sea como lo era entonces, al asomarse a esta realidad, un movimiento general de curiosidad.

Este año también cogeré unos días de fiesta (Del 21 de diciembre al 8 de enero). Y volveré dicho día continuando con la serie que he empezado sobre el último cuarto del Siglo XIX.

Así que, hasta después de fiestas, os deseo a todos unas felices fiestas y prospero año, sin olvidar a los que por distintos motivos, no podrán celebrarlas entre los suyos.


!GABON ZORIONTZUAK

ETA


URTE BERRI ON!

lunes, 18 de diciembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -IX-


La anterior entrada finalizaba con el servicio del barco del pasaje para trasladar invariablemente a Carlistas y Liberales entre ambas margenes de la ría.

El día 20 de enero de 1876 se iban a celebrara las elecciones para elegir a a los Diputados a Cortes de Bizkaia. Como decía anteriormente solo había una mesa para los electores, y ésta situada en la plaza de Algorta. La duración de las mismas era de cuatro días, y como venía siendo costumbre a los designados para la mesa, el consistorio abonaba las comidas, que en esta ocasión ascendió a 200 reales.

Pero como la guerra continuaba, el día 4 de febrero de 1876 el Comisario de Guerra de la plaza de Bilbao, exigía a Getxo la entrega de 12.000 libras de pan en San Anton, antes de las nueve de la mañana, para abastecer a sus fuerzas. Las posibilidades de hornear tal cantidad de pan por los panaderos del municipio era impensable, por lo que delegaron en el regidor D. Pedro de Menchaca para que acudiera a Bilbao para tratar de hacer entrar en razón a las autoridades militares.

El 29 de febrero de 1876, el Gobernador de la Provincia enviaba un Boletín Extraordinario al Ayuntamiento de Getxo, en el que transcribía el telegrama del Ministro de la Gobernación: “...entrando en territorio de Francia D. Carlos vencido por la adversa fortuna, ha renunciado a una lucha inútil, por lo que el Sr. Presidente del Consejo de Ministros ha declarado la Paz...” Con motivo de la finalización de la guerra entre Carlistas y Liberales, se celebraron 3 días de fiesta, el Pueblo apareció durante esos días engalanado con colgaduras e iluminaciones. Como iba a pasar por Getxo el nuevo monarca Alfonso XII, Para celebrar aquel acontecimiento se construyeron dos arcos del triunfo, uno en Las Arenas y otro en la casa de D. Domingo de Aurrecoechea, que fueron realizados por el ebanista D. José María de Ordeñana. El 21 de marzo se cantó un Tedeum en la parroquia de Santa María de Getxo en señal de acción de gracias por al finalización de la guerra.

El 2 de marzo de 1876 se acordaba: “...Conste para los fines consiguientes, haber sido concedida por Real Orden de 18 de octubre de 1872 la construcción de un tranvía desde Bilbao a Algorta, y su transferencia el 3 de noviembre de 1875…” El 26 de febrero D. Juan Amann concesionario del tranvía, en su nombre y el de otros concesionarios de dicho medio de transporte como D. Emiliano Amann, D. Eusebio García y Sres. Hijos de Aburto solicitaba: “...próximas a comenzar las obras del tranvía, en su parte de Bilbao a Las Arenas, y proponiéndose establecer en la Plazuela de este último punto, el correspondiente servicio de cambio de vías y cruces, para la debida separación de coches que se hallen parados, como para la gira de los que regresen de Bilbao, y que los cambios de vía se realizaran a nivel de suelo, sin obstáculo para el paso de carruajes, se le conceda permiso para hacer los estudios de la vía desde Las Arenas a Algorta...”


El 23 de marzo de 1876 , tras la solicitud del Mayordomo de la Cofradía del Puerto Viejo D. Ángel de Zavala, de ayuda para realizar reparaciones en el maltrecho lugar, y ser denegada por el consistorio, por la escasez de fondos producida por los gastos de la guerra. Enviaba la Corporación Municipal un escrito a la Diputación de Vizcaya solicitando: “...se rescinda el convenio realizado hacia el año 1842, entre el Ayuntamiento y la Cofradía de Mareantes del puerto de Algorta, en razón a arbitrios, por haber desaparecido las circunstancias que mediaron para la celebración de aquel convenio, y ser muy gravoso y perjudicial para los fondos municipales...”

Los arbitrios municipales, de los que salían parte de los fondos que iban a permitir el desarrollo municipal de Getxo, estaban ahora, una vez concluida la guerra, en primera plana de los asuntos locales. Y era D. José Fresnedo Jauregui uno de sus protagonistas, que en marzo de 1876, se hacía con el arriendo de la casa matadero y el abasto de carnes frescas.

Y quizá como reminiscencia de la guerra pasada, algunos aconteceres relacionados con los militares seguían coleando. El Comandante Militar de la Villa de Portugalete, en abril de 1876, hacía sentir sus demandas a Getxo. Y lo hacía entorno medio de comunicación, de la época, que permitía unir ambas margenes (Las Arenas y Portugalete). Era este medio el barquero, que transitaba ambas orillas llevando mercancía, animales y personas, alguno de los cuales, parodiando una vieja película en la que intervino José Isbert con su celebre frase “...sea joven, persona o militar...”, en este caso también era el transporte de militares los que hacía intervenir a aquel mando, cuyos acarreos costaban 250 reales al año a los Ayuntamientos vecinos: “...que de acuerdo con el servicio militar de la ría del 29 de diciembre último, este pueblo contribuirá proporcionalmente, al igual que otros de la zona, a los costes del transporte de militares...” Lo hacían a la vez que comenzaba el derribo de las trincheras de guerra de acuerdo con el Bando del General en Jefe del Ejercito del Norte. Los militares, también demandaban ser alojados en casas particulares de Las Arenas, a lo que el Ayuntamiento argumento: “...que no cree que exista la imperiosa necesidad de alojar a dichas fuerzas en casas particulares, máxime existiendo una casa cuartel en el Fuerte de las Canteras (Algorta), en el cual siempre ha habido acuartelas tanta fuerzas o más que la que hoy existen en el barrio...”


Era el momento de las escuelas municipales de Algorta y Sarri (Santa María), las cuales tras el paso de las milicias habían quedado seriamente dañadas. Por lo que se daba orden de repararlas y acondicionarlas para que los pequeños pudieran continuar recibiendo la enseñanza.

En ese mismo mes, el Sello del Fielato era noticia en Getxo, ya que dicho símbolo de la autoridad municipal, en cuyo tampón podía leerse la inscripción “Fielato de Santa María de Guecho”, estaba en manos del sacristán de Santa María D. Justo de Barrenechea, y el consistorio ordenaba su entrega en las oficinas municipales de Algorta.


En la próxima entrada veremos las tensiones que el Ayuntamiento mantenía con la Compañía del Tranvía, así como la atención que dedicaron a los llamados “Huéspedes del Aire” (los mendigos), que al parecer proliferaban por Getxo.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -VIII-


En la anterior entrada finalizábamos viendo cómo había algunos artículos prohibidos por un bando de guerra del Comandante General de Vizcaya, a los que se estableció unas tasas para poder hacer frente a las demandas militares. En esta veremos la llegada de las fiestas de San Nicolás de 1875.

Y como ya estábamos llegando a las fiestas de San Nicolas, era 29 de julio de 1875, y las romerías venían celebrándose los días 11 y 12 de agosto, para agasajar a la guarnición el consistorio acordaba: “...Que dichas romerías se celebren con el orden y solemnidad acostumbradas, teniendo en cuenta la presente situación, y se de a la guarnición el primer día de fiesta media libra de carne y un cuartillo de vino por plaza. Solicitar que venga la banda de música del regimiento, y se le de una gratificación de 1.000 reales…” El 19 de agosto se daba cuenta de los gastos de aquellas fiestas por el regidor D. Ignacio de Meñaca que ascendían a 2.482 reales.

En esa misma fecha se procedía, por orden del Gobierno de la Provincia al empadronamiento: “...que establece la Ley del 17 de agosto de 1870…” Y debido a que los pueblos de la provincia estaban solo ocupados parcialmente por al fuerzas Liberales, acordaron: “... se lleve a debido efecto el empadronamiento de los barrios de Algorta y Las Arenas, que es el territorio donde ejerce autoridad actualmente este municipio, dejando para tiempo oportuno, con arreglo a dicho Real Decreto, el empadronamiento del barrio de Santa María y Baserri, dominados por las fuerzas Carlistas...”

El agua escaseaba, los aljibes del Pueblo estaban casi agotados, los responsables de aquella critica situación no eran otros que la tropa, cuyo desmesurado consumo había mermado extraordinariamente las existencias de los barrios. Por lo que en agosto de 1875 el consistorio tuvo que decidir utilizar carros para transportar agua en barricas de pueblos cercanos.


En esas fechas la escuela de Santa María (Sarri) se hallaba abandonada, y el Pueblo dividido en dos, una zona ocupada por los Carlistas (Santa María y Baserri) y la otra por los Liberales (Algorta y Las Arenas), por lo que decidieron tapiar puertas y ventanas, para impedir que fuerzas carlistas pernoctaran en la misma. El Gobernador Civil, el día 3 de octubre, había ordenado que se prepararan las listas para realizar elecciones, así que para realizar las mismas acordó el Ayuntamiento, hasta que se unificaran los barrios, celebrarlas en un solo colegio que se denomino “Colegio de la Plaza”, que estaba situado en la de San Nicolás, ya que el barrio de Algorta era el más numerosos de población. Según el último censo de ambos barrios el arenero tan solo contaba con 11 votantes.

Parece que por esos días el consumo de carne de cerdo era muy elevado en Getxo, sin que el Ayuntamiento, cuyas arcas estaban muy mermadas, tuviera ningún beneficio por el sacrificio de los mismos. Por ello decretó un “Derecho de degüello”: “...tomando en consideración que los muchos cerdos que se matan en esta población, a fin de venderlos en fresco, y teniendo en cuenta las grandes obligaciones a que debe de dar cuenta el Ayuntamiento, sin que los arbitrios de vino, aguardiente y carne de vaca, alcancen para cubrirlos. Acuerda el Ayuntamiento imponer derechos de degüello municipal a los cerdos que se maten en la población, se estableció que dicho derecho importara 4 reales por arroba...” Los vecinos, antes de sacrificar los cerdos, debían de ponerlo en conocimiento del Alguacil, quien no lo comunicaba era castigado con una multa de 8 reales por arroba. Las cuentas de los arbitrios cobrados en el mes de septiembre alcanzaban la cantidad de 46.309 reales, los cuales equilibraban los gastos de la población.


A finales de octubre de 1875, el Inspector de Instrucción Publica de la Provincia, visitó las escuelas de primera enseñanza del barrio de Algorta. En su informe indicaba las carencias que había observado, por lo que el Ayuntamiento tuvo que : “...Suministrar el menaje para los niños que fuera preciso, así como a los niños pobres de ambos sexos, los libros y útiles necesarios para su enseñanza. Como, al no tener recursos el Ayuntamiento, no se abonaba sueldo a los maestros; ordenó que antes de finalizar el año se les pagaran la mayor cantidad posible de sus haberes…”

Era el momento de iniciar proyectos que recuperaran la maltrecha economía de Getxo. El 4 de noviembre de 1875, se daba lectura a un oficio remitido el 27 de octubre por el Gobernador Civil, en el que se ordenaba al Ayuntamiento emitir un informe sobra la solicitud de D. Eduardo Aguirre para la construcción de un establecimiento de Baños de Mar en Las Arenas. El consistorio se acusaba el recibo de la memoria y planos de dicho proyecto: “...que considera de alta importancia para el progreso y los intereses de la Provincia de Vizcaya, y en particular para esta población...” Por lo que se daba el pistoletazo de salida para la época dorada de los balnearios.

Existía en noviembre de 1875 una curiosa modalidad de correo, era el “Correo Peatón”. De él se decía: “...El correo peatón de esta población de Algorta, especialmente cuando los vapores correos pasan algo tarde para Bilbao, viene a deshoras de la noche, y temeroso este municipio (ya que tenía que venir andando desde Las Arenas o Bilbao) que en las actuales circunstancias (de guerra), le pudiera suceder algún percance desagradable, a dicho peatón, acuerda este municipio se ponga en conocimiento del señor administrador de correos de Bilbao, señale una hora de salida de Bilbao al peatón de esta localidad, para que pueda llegar de día a su destino...”


En 1876 los Ayuntamientos de Getxo, Berango y Leioa, eran los titulares del arriendo del barco de pasaje a Portugalete, estos tres Ayuntamientos bajo las condiciones aprobadas por la Diputación de Bizkaia, sacaban a remate el arriendo de dicho barco. Desde 1872 venía ejerciendo como barquero el vecino de Portugale D. Antonio de Mendieta. Durante su servicio tuvo que trasladar invariablemente a Carlistas y Liberales, cosa que más tarde le causaría perjuicio, ya que el Ayuntamiento de Getxo no reconocía los transbordos realizados a las tropas Carlistas.

En la próxima entrada veremos cómo en enero de 1876 se iban a celebrar las elecciones para elegir a a los Diputados a Cortes de Bizkaia. Y cómo el 29 de febrero de 1876 finalizaba la contienda.

lunes, 11 de diciembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -VII-



Terminábamos la anterior entrada viendo como la gran afluencia de mendigos forasteros, provocó que el Ayuntamiento acordara que dichos mendigos, cualquiera que fuera su sexo y clase, fueran despachados inmediatamente del Pueblo.

Durante la noche del 28 al 29 de abril de 1875 fuerzas Carlistas apoyadas por gentes del pueblo, en la oscuridad de la noche, se adentraron en el interior de la población de Algorta, esquivando las fortificaciones. Más de 300 familias, temerosas de que pudieran realizar alguna represalia, abandonaron la población. Algún regidor parece que se sintió indispuesto, no pudiendo ser localizado. Para evitar nuevas incursiones decidieron realizar un Blocado en las inmediaciones de Alango. El Blocado para la defensa del pueblo decidieron edificarlo en los terrenos de D. Franisco de Zubiaga, cercano a la casa Santurtun; era un paraje situado entre una de la avenidas que llegaban de Berango a Algorta, y a una distancia de 90 metros de las casa próximas al fuerte de Las Canteras. En aquella zona estaba establecida la iglesia entonces utilizada como cuartel. El trazado para su construcción fue realizado por el Sargento Méndez y el maestro de obras D. Manuel Otaduy, bajo la atenta mirada del Capitán Ricardo Seco. La construcción, que no contó con el beneplácito del propietario del terreno, costó al municipio 9.741 reales.

Hasta el reloj de la torre de San Nicolás parece que se revelaba contra las fuerzas Liberales, ya que el día 3 de mayo el comandante de dichas fuerzas exhortaba al Alcalde a que se reparara, ya que a su decir: “...Se halla parado desde hace algunos días, y es necesario a las fuerzas armadas para sus actos de servicio. El ayuntamiento acordaba que fuera reparado por los grandes servicios que está destinado a prestar tanto a la fuerza como a los vecinos...”

Las reclamaciones de la tropa no cesaban, el día 9 de mayo de 1875, era demandado por el Brigadier de la segunda fuerza de las fuerzas Liberales acantonadas: “...se exhortara la población que excitase los sentimientos filantrópicos del vecindario para que hagan donativos de hilas, trapos, sabanas y toallas con destino al hospital militar de Portugalete...” EL Ayuntamiento tratando de justificar la escasez de útiles de es clase decía: “...durante el tiempo que permanecieron la fuerzas Carlistas en esta localidad, hicieron acopio de gran cantidad de cajas de hierro, colchones, almohadas, fundas, toallas y cubiertos. Sin embargo dio este municipio en octubre a sus fuerzas, con destino al hospital militar, 31 colchones, 5 mantas, 2 almohadas, 127 sabanas y 128 fundas...”

La circulación por algunas calles principales del Algorta está prohibida para carros y coches, por los destrozos que en las mismas provocaban las llantas de los carros. Era el caso de las dos arterias principales del barrio: “...Tetuán (actual Avenida Basagoiti) y San Nicolás desde Iturrieta hasta la puerta del jardín de la casa llamada Telleche. Las mismas se habían cerrado al trafico por un acuerdo del 29 de abril de 1871…” Siendo desde aquella fecha peatonales.


El agua, uno de los bienes más apreciados, escaseaba en Algorta, al menos eso se desprende del lo anotado en el acta del 17 de junio de 1875: “...Hízose presente que en esta población escasea mucho uno de los artículos de primera necesidad que es el agua...” Por lo que decidieron aprovechar un pequeño manantial próximo a la casa de D. José Ramón de Arecheta, y realizar una fuente para el consumo del vecindario. Por aquellos días decidieron construir fuentes en Ereaga y Arrigunaga.

Parece que en esas mimas fechas, el tratamiento para oficiales y tropa era ciertamente clasista, ya que se ordenaba al Regidor D. Diego de Uribarri que vivía en el barrio de Las Arenas: “...que haga boletas de alojamiento los oficiales y militares de graduación que tengan que alojarse en el barrio, para evitar la incomodidad de dichos señores...” El Comandante General de las fuerzas acantonadas en Las Arenas había prohibido toda clase de suministros y pedidos, por el abuso que se estaba cometiendo contra la población, y envió jergones y camas por cuenta de la Administración Militar. Y no obstante el teniente coronel del Regimiento de Infantería Murcia, del segundo batallón acantonado en Las Arenas, pedía al Ayuntamiento el suministro de 22 camas para 44 hombres, !Parece que los pensaban hacer dormir de dos en dos!. El Ayuntamiento a pesar de la prohibición expresa del Comandante General contestaba al teniente coronel: “...este Ayuntamiento dispuesto a secundar los buenos deseos de del referido señor jefe, dentro de tres semanas empezará paja nueva, proporcionando entonces la cantidad de paja larga que pueda con destino al destacamento a su mando...” Mientras, la tropa pernoctaba en tiendas de campaña, sobre la piedra y tierra, en el duro suelo, que era donde colocaban sus raídos jergones. El Ayuntamiento se vio en la necesidad de hacer acopio de maderas, para hacer camastros, y evitar que durante el invierno los soldados padecieran enfermedades, por el frío y la humedad de los suelos.

Había algunos artículos prohibidos por un bando de guerra del Comandante General de Vizcaya, a los que se estableció unas tasas para poder hacer frente a las demandas de los militares: “...Al tabaco en rama de importación 90 reales de vellón; a toda clase de reses1 real; a los cerdos 1o reales; a los corderos y cabritos 4 reales, siempre por cabeza; la lista era interminable y abordaba a productos como el pan, trigo, patatas, café, bacalao, arroz, sardinas prensadas, queso de bola cuya tasa era de 1 real; los cales de lana también tenía un recargo de 1 real; los paraguas 4 reales; la cántara de vino común 4 reales y el chacolí del país 2 reales…” Decretaban que: “...cualquier producto que trate de pasar de contrabando, será decomisado y será para beneficio del pueblo...” Aquellos derechos sobre la lista de artículos fueron enviados al Gobernador de la Provincia: “...de conformidad al párrafo 2º de la regla 2ª, del articulado 132 de la Ley municipal del 20 de agosto de 1870. En el mismos se establecía que era para sufragar los gastos de guerra...” Y se nombraba recaudadores D. José Azcarate, Juan Bautista Incera y a D. Lorenzo de Barrenechea. No obstante también acordaron pedir autorización para su aplicación al Ministro de la Guerra.


En la siguiente entrada veremos cómo al llegar las fiestas de San Nicolás el consistorio agasajaba con bebidas a la guarnición militar que estaba en la población con comida y bebidas. Así como la orden del Gobierno de la Provincia para que se llevara a efecto el empadronamiento de los barrios de Algorta y Las Arenas.


jueves, 7 de diciembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -VI-



La anterior entrada terminábamos viendo cómo al finalizar el año con malas noticias para la educación de nuestros niños, y cómo la crisis económica llevaba al consistorio a adoptar una de las medidas más controvertidas.

El nuevo año comenzaba al igual que el anterior, con ruido de sables, caballos y una tropa que comía mucho, y al parecer bebía más. Aunque algunos actos lúdicos venían a dispersar la negrura del pesado horizonte bélico.

Ante la crítica situación en que se hallaba el Pueblo, el Ayuntamiento en pleno presentó ante el Gobernador de la Provincia su dimisión el día 9 de enero. Dimisión que no fue aceptada.

La tropa, como decía anteriormente estaba acuartelada entre el Pórtico de la Iglesia de San Nicolás y el tinglado de la plaza. Algún fenómeno al que llamaban “exhalación” había causado daños en el tejado del pórtico, por lo que ordenaban al consistorio que reparase dicho tejado y cubriera con tablas el tinglado de la plaza, para mejorar el acuartelamiento de la tropa Liberal.

El ambiente parece que empezaba a relajarse de ruidos de sables, y aunque el final de la contienda no estaba aún próximo, faltaban todavía dos años, ya empezaban a conocerse noticias relacionadas con acto lúdico Uno de los personajes relacionados con los mismos era el “Tamborilero”, cuya plaza había quedado vacante por fallecimiento del que hasta entonces había cubierto la misma. De sus habilidades hablaba lo escrito en las actas municipales: “...el Pueblo no puede prescindir de él, en las romerías, procesiones y fiestas locales…, y traerlo de fuera costaría tanto o más que si fuera propio...” Por lo que decidieron cubrir la plaza de ese funcionario, cuyos emolumentos ascendían a 1.900 reales anuales. Entre sus funciones estaba la de: “...Recorrer el Pueblo, tocando el tamboril la mañana de todos los días festivos. Tocará en la plaza después de la misa mayor todos los días de fiesta, asistirá al servicio de ella por la tarde, y en los carnavales. También tenía obligación de tocar siempre que se lo ordenara la autoridad local. No podía ausentarse en los días festivos del pueblo, salvo causa justificada de enfermedad…”


Sin embrago, en el barrio de Santa María, que se hallaba dominada por las fuerzas Carlistas, algunos miembros de la misma que se llamaban fieles regidores: “...Hay dos individuos llamados D. Juan Bautista de Aguirre y D. Ramón de Osticoechea, que titulándose autoridad, llevan a cabo exacciones en dicha feligresía, llevando suministros a dichas fuerzas rebeldes...” Era el regidor de la corporación de Algorta D. Juan Manuel de Ugarte quien realizaba aquel informe y lo trasladaba al Gobernador: “...A fin de que no recaiga sobre esta corporación ninguna responsabilidad...” Los caballos de la tropa comían mucho, ya que devoraron 212 arrobas de paja en un corto espacio de tiempo. Incluso simples materiales de obra, como un madero, fueron expropiados por el Coronel del regimiento de Infantería Saboya, que le fue incautado a D. Juan Bautista de Eguia, para las fortificaciones que se estaban realizando en Algorta. Eran días de embargos, que bien por los militares o por falta de pago de contribuciones, hacían que muchos de nuestros vecinos fueran cada vez más pobres. El miedo a las represalias por el otro bando se hacía sentir.

Y a pesar de que los recursos municipales escaseaban, no fue obstáculo para que el 8 de abril de 1875 el símbolo de la autoridad municipal fuera cambiado: “...Hallándose en mediano estado y poco decentes los bastones de insignia de autoridad del Alcalde y el teniente de este pueblo, acuerda el Ayuntamiento sean cambiados por otros más decentes...”

El estiércol en los laterales de los caminos también fue objeto de un bando en esas fechas: “...A fin de corregir los abusos que se cometen en algunas calles y vías públicas, colocando en las vías públicas y a la vista del público montones de estiércol para uso en jardines y propiedades particulares, siendo los mismos perjudiciales para la salud, acuerda el Ayuntamiento colocar bandos prohibiendo colocarlos en las calles más que un día, bajo la pena de 25 reales, el primer día, y diez por cada uno de los siguientes...” Los coches y carruajes también eran objeto de bando y multa, cuando se dejaran abandonados en la población de Algorta: “...bajo la pena de 10 reales, a los dueños o conductores...” Se establecía como lugar de aparcamiento obligado una plazuela o terreno público a la que llamaban “Flor de Alangüetas”. Eran los tiempos del mandato de D. Juan Manuel de Ugarte.


La picaresca de los consulados de algún país se hacía notar a la hora de esquivar impuestos de guerra, a decir de lo recogido en las actas del 8 de abril de 1875. En esa fecha algunos súbditos de embajadas francesas como D. Antonio Belín, residente en una casa de campo en el barrio de Las Arenas, presentaba la siguiente certificación: “...Consulat de France en Vizcaya & Alava. El Cónsul de Francia en Bilbao certifica, en virtud del artículo 4 de la convención consular entre Francia y España, de fecha 7 de enero de 1862, los súbditos franceses en España, y los mismos súbditos españoles en Francia, estan exentos de todas las contribuciones de guerra, por lo tanto la claúsula se aplica a D. Antonio Belín residente en Las Arenas de Lamiaco...” Se le había impuesto una contribución de 44 reales de vellón, no obstante el Ayuntamiento de Getxo se retrotraía a la Real Orden del 17 de noviembre de 1852 por al que si estaban obligados a pagar impuestos, y pasaba la última decisión al criterio del Gobernador. Parece que dicho francés, que tenía en el mismo barrio una casa de comercio de bebidas, era algo pillín ya que hacía unos días: “...se le ha decomisado un pellejo de vino, que introducía en su casa de contrabando, con objeto sin duda de eludir el impuesto municipal para dichos líquidos...”

En abril de 1875, ante la gran concurrencia de mendigos que se observaba en la población, el consistorio decía que : “...de un tiempo a esta parte se observa una gran afluencia de mendigos forasteros, y teniendo en cuenta lo dificultoso y perjudicial que podría ser en las actuales circunstancias, la tolerancia de los mendigos forasteros en la localidad, acuerda que dichos mendigos cualquiera que sea su sexo y clase, sean despachados inmediatamente...” Para ejecutar aquella decisión fueron autorizados el alguacil y los camineros.


En la próxima entrada veremos cómo durante la noche del 28 al 29 de abril de 1875 fuerzas Carlistas apoyadas por gentes del pueblo, en la oscuridad de la noche, se adentraron en el interior de la población de Algorta, esquivando las fortificaciones.

lunes, 4 de diciembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -V-



En la anterior entrada veíamos cómo la guerra causaba las penurias de Getxo, mientras el consistorio se veía entre la espada y la pared para poder cobrar los impuestos, ya que el barrio de Santa María estaba controlado por las tropas Carlistas y lo cobrado del barrio de Algorta no alcanzaba ni para el pago de un mes al ejercito Liberal.

El 22 de octubre de 1874, el Gobernador de la provincia, enviaba un oficio en el que informaba de: “...la colocación de un cable telegráfico entre Bilbao y Santander...”

El control de entrada de artículos importados era rigurosamente supervisado por el Jefe de la guarnición de Las Arenas. El consistorio advertía al caminero D. Ángel Egusquiza, que ejercía el control en el puesto de guardia establecido a la entrada de la carretera de Bilbao a Las Arenas para que no dejara paso a dichas mercancías. Los artículos que habían sido prohibidos importar eran: “...Petroleo, alpargatas de cáñamo y suela para zapatos. Se ordena al caminero permanezca en dicha entrada para impedir la entrada de estos productos...”

La valija municipal era trasladada a Bilbao en una cartera de cuero, la cual tenía un rótulo indicando Guecho e iba cerrada con un candado. El coste de la misma era de 130 reales y fue adquirida al vecino de Bilbao D. Gregorio López.

Comenzaba diciembre de 1874 con noticias de la guerra, el teniente coronel de la guarnición Liberal de Algorta D. Bonifacio Ruiz, reclamaba al Ayuntamiento lo siguiente: “...Sabiendo extrajudicialmente que en la secretaría de este Ayuntamiento, existen instancias de vecinos de esta población dirigidas a los Carlistas o sea a la Diputación, solicitando a la misma se exima del servicio de armas rebeldes, alegando que sus hijos o parientes se hallan ausentes; en ultramar unos y de marineros otros; bajo la más estrecha responsabilidad e ese Ayuntamiento, proceda a efectuar su entrega a mi autoridad para inutilizar dichos armamentos, aun no estén en poder de las fuerzas de ocupación Liberales...”


Los sellos de impuesto eran también sujeto de fraude, por lo que el 3 de diciembre se leyó un oficio del Administrado Económico de la provincia. Ordenado se evitará el uso de los sellos de impuestos de guerra fraudulentos, el Alcalde solicitó de la Diputación: “...que la misma emitiera una regla de conducta a seguir...” En esa fecha se hizo presente el informe sobre el cobro de arbitrios de 1873: “...estando presente al frente de este Pueblo Autoridad ilegitima o fieles Regidores, fueron sacados a subasta pública los arbitrios de vino tinto, blanco, chacolí, aguardiente y licores, que el rematante valoró en 34.600 reales…, estando el mes de enero esta población totalmente ocupada por fuerzas Carlistas rebeldes También se hizo entrega de vino a las fuerzas de la Nación destacadas en Portugalete así como para las rebeldes...”

El decomiso de bebidas alcohólicas, por no pasar las normas establecidas, estaba a la orden del día. Entre los barriles decomisados se encontraba alguno conteniendo Ron y otro de una bebida dulce llamada Marrasquino, (un licor delicado, incoloro, glutinoso, dulce y fragante. Que se hacía de una variedad de cerezas llamadas marrascas, a las que se añadía azúcar, almendras y miel).

Aunque a decir de las actas, no todo eran noticias de represalias, ya que a veces la tropa colaboraba en el salvamento de náufragos. Era el caso del siniestro acaecido frente al Puerto Viejo de Algorta el día once de diciembre de 1874. Se hablaba: “…del naufragio y destrozo de la barca “Juanita Bilbao”, en que hallándose entre las olas y los cascos del buque los náufragos fueron salvados, algunos de estos por D. Joaquín Roca y Beltrán, soldado de la quinta compañía del segundo batallón de infantería del regimiento Saboya...” En la barca, cargada de madera y con destino a Barcelona, a consecuencia de un fuerte temporal, murieron siete de los doce tripulantes.


Finalizaba el año con malas noticias para la educación de los niños, la crisis económica llevaba al consistorio a adoptar una de las medidas más controvertidas: “...en las actuales circunstancias por falta de fondos…, por las cargas que ocasionan las Escuelas Públicas de Primera enseñanza de niños de ambos sexos…, y considerando que suprimirlas completamente traería consecuencias quizá irreversibles…, acordamos suprimir y se suprime…, desde el día 1 de enero de 1875, mientras otra cosa no se determine, las retribuciones a los maestros, que correrán a cargo de los padres, quienes deberán satisfacer directamente al maestro...” El sueldo del maestro de Algorta era de 3.300 reales anuales más otros 990 como compensación de casa habitación; el de Santa María recibía 2.200 y tenía casa habitación puesta por el pueblo. No parece que aquella decisión contentó a los maestros, ya que el día 3 de enero el maestro de Santa María de Getxo D. Carlos de Salazar, con razón, renunciaba a la oferta de hacerse con la plaza de Algorta, ya que según su escrito: “...No conviene a sus intereses el regentar la escuela de Algorta con la rebaja y supresión acordada…, por lo que me quedo con la de Santa María, por la que tengo 5.000 reales pagados en todos los conceptos...” El Ayuntamiento para mantener su criterio afirmaba que: “...teniendo en cuenta que hallándose abandonada, como se halla, la escuela de Santa María por las circunstancias actuales es imposible dar la enseñanza. Acuerda el Ayuntamiento que dicho maestro dé la enseñanza como sitio seguro y sin peligro, en el edificio titulado “Escuela de Náutica” de la feligresía de Algorta, reconociendo a su favor 5.000 reales anuales. Pero como se expresaba en el acuerdo del 31 de diciembre, debe de pasar a los padres las papeletas del importe de las retribuciones...”


En la próxima entrada veremos cómo el nuevo año comenzaba al igual que el anterior, con ruido de sables, caballos y una tropa que comía mucho y al parecer bebía más.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -IV-



En la anterior entrada veíamos cómo las Juntas vecinales trasladaron su sede a Algorta. Y cómo la guerra afectaba a la maltrecha economía de nuestros vecinos. En esta seguiremos viendo como algunos de aquellos hechos bélicos continuaron preocupando a nuestros antecesores.

En septiembre de 1874 el regimiento de Saboya (Liberales) estaba acantonado en Las Arenas. El coronel de dicho regimiento demandaba la entrega de 300 reales diarios para pago de los jornales diarios de los soldados a su cargo. Por aquellos días se podía oír, por la noche en Las Arenas, la retreta que el regimiento tocaba frente a la casa del Brigadier Cassola. Es el día 24 de ese mismo mes, cuando el primer batallón del regimiento de infantería de Saboya solicitaba al Alcalde le fuera cedido el pórtico de la iglesia de San Nicolás como refugio de noche.

Con la llegada al Pueblo de nuevos contendientes las demandas arreciaban. Ahora era el Brigadier de la segunda brigada de Vizcaya, quien exigía que se lavaran los colchones que tenía en deposito el Ayuntamiento, y que habían servido para el Hospital de Sangre de las compañías Carlistas para utilizarlos en el hospital que los Liberales iban a instalar. Y sin embargo, el consistorio se veía entre la espada y la pared para poder cobrar los impuestos, ya que el barrio de Santa María estaba controlado por las tropas Carlistas, y lo cobrado del barrio de Algorta no alcanzaba ni para el pago de un mes al ejército Liberal. Los suministros de vino a las fuerzas de ambas márgenes de la ría, provocaban reclamaciones desde Portugalete: “...el 29 de septiembre el Alcalde de la Villa de Portugalete, reclamaba al de Getxo, se le hicieran efectivos a D. Juan de Acha 7.837 reales por el suministro de vino a las tropas allí acantonadas, y que correspondían pagar a esta Anteiglesia. El vino había sido pedido a la Columna del Sr. Segundo de la Portilla...” El de Getxo afirmaba que no se había comisionado a D. Juan de Acha para el suministro de dichas raciones de bebida a las tropas referidas.


Entraba octubre y el frío empezaba a hacerse sentir, las fuerzas acuarteladas en Algorta demandaban la entrega de madera para poder hacer la comida a la guarnición. Ante la imposibilidad de realizar tal suministro el Ayuntamiento acordó: “...se proporcione por cuenta del municipio carbón de piedra y hornillas para hacer rancho a los soldados...”

Seguimos en octubre, y las listas de contribuyentes que se había impuesto, para atender las necesidades de la guarnición Liberal establecida en Algorta estuvo expuesta al público durante cuatro días. Provocaron diferentes reclamaciones: las viudas y viudos solicitaban se les aplicara la mitad de la contribución que pagaban los matrimonios de su misma clase. Sin embargo, el Ayuntamiento aducía para no hacerlo, que: “...No es cierto ni verídico haber sido costumbre en este Pueblo pagar media contribución viudos y viudas...” Aunque parece que si se aplicó una sola vez, se acordaba pasar a las personas que estuvieran en esas circunstancias y que habían sido clasificadas en 1ª clase para pago de contribución, pasarlas a 2ª clase.

Hasta el cura de la ermita de Santa Ana, a la que llamaban la de Lamiaco, D. José E. de Gorrondona, venía provocar quebraderos de cabeza a las maltrechas arcas municipales ya que reclamaba: “...el pago de 2.000 reales por la celebración de misas en días festivos durante un año...” Algún pequeño ingreso venía a aliviar la maltrecha economía local, en Bilbao se habían matado tres bueyes de los carreteros que en mayo habían tenido que acudir a Bilbao para trabajar en la fortificaciones para raciones de la tropa, y el Ayuntamiento ingresó en sus arcas loa cantidad de 476 reales.

Los navegantes de Algorta reclamaban no hacer servicio de construcción de trincheras para la guarnición: “...habiendo sido llamados en el día de ayer, 18 de octubre, varios vecinos de este Pueblo para trabajar en las fortificaciones y trincheras que se están realizando, por orden de los jefes de la guarnición, se han opuesto a realizar dicho trabajo...” El motivo que aducían era que si realizaban trabajos por mar y tierra, iban a realizar el doble de los demás vecinos. El consistorio apoyó sus reclamaciones diciendo que no estaban en servicio activo.


La caseta de carabineros del Castillo había sido asaltada por algunos vecinos necesitados de tejas. El asunto se puso en manos del Juez, sin que se tenga conocimiento de que los “rateros” fueran localizados. En aquellos días, en el pueblo había muchas casas cerradas, y el municipio advertía a sus propietarios que: “...las abran inmediatamente, porque si los militares cometieran algún atropellos con las mismas, por falta de alojamiento, esta corporación no se hará responsable...”

Para conseguir mejorar la maltrecha economía municipal el Ayuntamiento solicitaba al Gobierno de la Nación, que de la venta que el estado había realizado de terrenos propios pertenecientes a Getxo entre 1866 y 1869, le fuera concedido convertir sus valores en bonos al portador: “...para que el Ayuntamiento pueda venderlos con intermediación de agentes de Bolsa, a fin de atender con su producto a las cargas municipales...”


En la próxima entrada veremos cómo nuestro consistorio tuvo que realizar el control de entrada de artículos importados.

lunes, 27 de noviembre de 2017

ACONTECERES DEL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX EN GETXO -III-



En la anterior entrada veíamos como la guerra afectaba a la maltrecha economía de nuestros vecinos. En esta seguiremos el transcurso de la misma en nuestros barrios y cómo las Juntas vecinales trasladaron su sede a Algorta.

El día 10 de mayo de 1874, acordaban que las juntas que se venían celebrando en las Escuelas de Sarri, pasaran a celebrarse en los locales de la plaza de San Nicolás. Ante esa demanda el regidor D. Ramón de Azcorra abandonó la reunión. Algunos asistentes presentaron una protesta por el cambio de salón de plenos.

Ante lo agobiante de la situación provocada por la guerra y las sucesivas demandas de los bandos contendientes, en la junta celebrada el primero de junio acordaban en lo referido al cobro de los impuestos: “...Que se proceda inmediatamente al cobro todas las contribuciones…, pasando aviso a domicilio a los deudores para que en el plazo de tres días pasen a pagar…, autorizando a esta comisión a pasar en unión de la autoridad local para proceder contra los morosos…, pidiendo la autorización del señor juez municipal para la entrada en el domicilio de los mismos…” También crearon una lista de vecinos con obligación de acudir al servicio de trincheras.

El 12 de junio de 1874 una nueva demanda de dinero venía, esta vez desde el lado Carlista. Lo hacía el Comisario de Guerra desde Zamora, quien exigía la entrega de 6.400 reales como adelanto para el pienso para la caballería del cuartel general de Deusto. La entrega debía realizarse a D. Pedro Yarritu. Terminaba el escrito con la frase: “...a fin de que no sea atropellado este pueblo...” Pidieron a la Diputación que se repartiera la cantidad entre los pueblos del distrito.

En esas fechas la Escuela Pública de Algorta veía la petición del maestro de primera enseñanza, solicitando el cesar en su cargo. Se presentaba por los vecinos de Santa María la propuesta de que fuera D. Carlos Salazar, de aquella feligresía, quien ocupara el cargo con la dotación de 4.400 reales al año y 500 reales por casa habitación.


El 30 de junio en relación a la demanda del Comisario de Guerra de Zamora, la comisión que se había nombrado para tratar sobre el pago exigido fue: “...que la tarde del día 31 de mayo fueron conducidos al retén Carlista, bajo amenaza, por el Sr. Yarritu, con fuerza armada, donde les exigieron el pago del al cantidad antes mencionada...” Las demandas seguían y tuvieron que llevar al Almacén de Munguia los listados de entregas realizadas en los últimos tiempos.

El 22 de junio el gobernador de la provincia, en nombre del Brigadier de los Ejércitos Nacionales D. Manuel Sarasola, nombra de forma provisional a los ediles del municipio. Recayó aquel nombramiento el los Alcaldes 1ª, 2ª y 3ª D. Martin Berreteaga, D.Pedro de Urquijo y D. Miguel Garcia Salazar; y como secretario a D. Jose María Sarria.

Las fuerzas del gobierno estaban ya acantonada en Santa María: “...y tenían un parapeto en el punto denominado San Martín...” Lo que dificultaba el traslado del maestro Sr. Salazar desde dicho barrio a Algorta con sus enseres, por lo que de forma provisional continuó ejerciendo de maestro en ambos barrios. El señor presidente, en aquel acta, informaba: “...de los grandes dispendios que tenía el pueblo con motivo del acantonamiento de las fuerzas Liberales en él...” Se dividió al vecindario en ocho clases, señalando a cada una la cuota que le correspondía pagar. Las fuerzas acantonadas demandaban gran cantidad de alimentos y forraje, por lo que establecieron una tarifa: “...para que las reses que se trajeran a este Pueblo a matar pagaran un impuesto...” Desde que se establecieron las fuerzas armadas en nuestro municipio, para compensar las continuas demandas de suministros, estaba establecido que: “...a toda persona que adelante bueyes y otros efectos se le abone un seis por ciento de intereses...” Por lo que el ayuntamiento acordó: “...Que en todo tiempo sean validos los vales y documentos que se hayan expedido o expidan con el referido seis por ciento...” De los carreteros que en mayo habían tenido que acudir a Bilbao para trabajar en la fortificaciones, doce de ellos en el mes de diciembre continuaban realizando trabajos, con lo que esto suponía de gastos, que aún no habían sido abonados.


Las libaciones de aquellas tropas debían ser considerables, ya que el día 28 de agosto de 1874, la vecina de Getxo Dña. Manuela de Cortina solicitaba que: “...se le abonen 2.360 reales procedentes de varias pipas y barricas que dio a las tropas atrincheradas en esta localidad...” Tal era la precariedad en la que se encontraba Getxo por las continuas demandas que acordaron: “...se gestione por todos los medios que se le exima en adelante de suministrar raciones a las guarniciones establecidas en él…, y que los carreteros de Bilbao sean relevados...”

El 3 de septiembre de 1874 renunciaba a su cargo el organista de San Nicolás de Bari de Algorta D. Blas de Madariaga.

Y a pesar de las continuas advertencias de la precariedad por la que estaba pasando el municipio, quien ejercía las funciones de Alcalde D. Pedro de Urquijo, fue llamado por el teniente coronel jefe de la guarnición de Algorta: “...exigiendo se pongan a su disposición raciones para tres días para la tropa...” El Ayuntamiento le informaba que: “...Constando este pueblo de dos barrios Santa María y San Nicolás de Algorta, teniendo el primero ciento setenta vecinos y el segundo de trescientos y pico, la mayoría de los del primero no atienden al pago de las contribuciones, encontrándose el barrio de Algorta, por más esfuerzos que haga, en la imposibilidad de atender al suministro de dichas raciones...” Y en vista de esta situación acordaba el Ayuntamiento establecer derechos de tarifas para los siguientes géneros introducidos o exportados: “...Para las harinas de trigo y maíz que se introduzca 3 reales; el pan un cuarto de libra; la alubia que exporte el Pueblo dos reales en fanega; el salvado que se introduzca medio real; la patata que se introduzca, vaya en transito o exporte un real el quintal; los garbanzos, arroz y fideos que se introdujeran un real en fanega; a la castaña y nuez que se introdujera dos reales en fanega; al café en grano o molido medio real la libra; al cacao un cuartillo de real en libra; para el azúcar sin refinar cuatro medios de libra y para la refinada ocho medios de libra. Para el chocolate fuera importado o exportado un cuartillo de real en libra. A todas las conservas en lata medio real en lata. El jabón bien introducido o en tránsito era gravado con dos reales. Los cabritos o corderos introducidos o en tránsito un real y medio por cabeza. La sardina prensada (gallega) diez reales en millar, a la fresca que se exportara dos reales en millar. Para todas la aves de corral que se introdujeran, en transito o exportaren cuatro cuarto de real por cabeza. A cada docena de huevos exportada o en transito cuatro cuartos de real. Al bacalao, aceite y petróleo medio cuarto o dos en libra. Las velas de sebo o espelma (*) dos medios en libra...” Para poder hacer frente a la entrega inmediata de raciones acordaron matar un buey del barrio de Algorta y que en adelante se acudiera para el efecto al barrio de Santa María. Para poder hacer efectivo el cobro de aquellos nuevos impuestos, decidieron trasladar al barrio de Las Arenas al regidor D. José María de Larrazabal y al caminero D. Juan Antonio de Miragaray. (*) El “espelma” que escribían en las actas, era en realidad “esperma”: una cera o aceite blanquecino, que se conocía también como “blanco de ballena”; estaba presente en las cavidades del cráneo de los cachalotes.


En la próxima entrada veremos cómo, con la llegada al Pueblo de nuevos contendientes, hacía aumentar las demandas de víveres para la tropa, empobreciendo cada vez más a nuestros vecinos.