MEMORIAS DE GETXO

jueves, 30 de junio de 2016

LUGARES DE DIFUNTOS -II-



En esta entrada continuamos viendo los acontecimientos que dieron lugar al nuevo cementerio de Bostgarrena.

En enero de 1906 el consistorio había tomado conciencia de la necesidad de la construcción de un nuevo campo santo. Así, en un acta del 29 de ese mes se decía respecto de la saturación del viejo cementerio de Andra Mari: “...Estando en la conciencia de todos los señores concejales la necesidad urgente de que el nuevo cementerio se abra al servicio público, porque va resultando ya indecoroso y antihigiénico abrir nuevas sepulturas en el cementerio viejo, donde no se puede dar un golpe de azadón sin encontrar restos humanos, casi recientemente sepultados...” Esperaban ver terminado el nuevo cementerio de Getxo “Cementerio de Nuestra Señora del Carmen”: “...antes de que comience la época de los calores...” Entendían como urgente: “...la subasta de los trabajos de movimiento de tierras..., la plantación de arbolado..., dando preferencia a Eucaliptus y Cipreses por ser especies de crecimiento rápido que purifican la atmósfera...” Por otro lado estudiaban si era de interés municipal el hacerse cargo del cementerio viejo: “...en caso de acordarlo así, en qué forma ha de compensar a los propietarios de sepulturas por esa cesión...” Tenía por objeto aquella moción: “...se realicen las mencionadas obras en el más breve plazo posible, a fin de poder ordenar la clausura del cementerio viejo, una vez se inaugure el nuevo...” Aquel cementerio municipal tenia una conducción que partiendo de una alcantarilla vertía al mar las aguas de la necrópolis. El camino hacia el mismo partía desde una carretera construida por D. José Martínez de las Rivas.

La subasta para la terminación de aquellas obras se produjo el día 14 de noviembre de 1906. A ella se presentaron los Srs. Eusebio Uribarri, Manuel Conceiro, Bonifacio Aguirre, Rafael Zubía, Juan Arechavala, Julián Bilbao y Andrés Bilbao. Siendo adjudicadas las obras a la oferta de Manuel Conceiro, valorada en 6.973 pesetas.



En diciembre de 1906 se formaba la comisión para la redacción del Reglamento para el servicio y administración del nuevo cementerio. El mismo tenia una superficie de 23.178 metros cuadrados y lindaba por todas sus partes con terrenos propiedad del municipio. En el mismo se prohibía expresamente: “...la instalación en la proximidad del cementerio puestos de venta de efectos de comer, beber y otros análogos, cantar y llamar a voces..., cuyo carácter tiene forzosamente que desdecir de la veneración de los lugares sagrados...” Lo cual confería a lugar la pertenencia a una determinada confesión religiosa a pesar de estar realizado con dineros públicos, haciéndose hincapié en: “...el respeto que exige el religioso destino de esta clase de lugares...” También se prohibía el encendido de bujías y lámparas sobre las tumbas, con excepción de los días primero y segundo de noviembre. El cementerio constaba de fosas comunes, sepulturas, nichos y panteones, las primeras destinadas a los pobres de solemnidad !Hasta en el último viaje eran separados de las dádivas del resto de los humanos!.

El transporte de los cadáveres se tenía que realizar a hombros o por medio de coches estufas, siendo la administración la competente para fijar las condiciones del traslado, desde el lugar del óbito hasta su última morada. No se permitía trasladar al cementerio ningún cadáver sin la preceptiva autorización escrita, firmada por el Juez municipal, el conserje y el párroco, si en finado en vida perteneció a la Religión Católica. Había un articulo, cuando menos curioso, el Nº 25: “...Ningún cadáver será enterrado hasta que transcurran las veinticuatro horas que marca la ley a menos que presente síntomas aparentes de vida en cuyo caso se prorrogará dicho plazo...” El Nº 26 establecía que: “...en un local anejo al deposito de cadáveres se dispondrá lo necesario para prestar los primeros auxilios al presunto cadáver que volviera a la vida...” Los cadáveres, que no estuvieran embalsamados, antes de ser sellada la caja, debían de ser cubiertos con cal viva. Se fijaban seis tipos de solares para enterramientos, cuyos precios iban desde 2060 pesetas el más caro hasta las 417 el más barato. Las grandes criptas se cotizaban a razón de 12,50 pesetas el pie cuadrado.

El cementerio civil estaba situado a la derecha de la entrada, al final de su pared lateral, paralela a la calle Aranoa. Estaba cerrado por un muro que lo separaba del resto del cementerio. A él se accedía por una pequeña puerta situada en el exterior del cementerio. Es el espacio que actualmente se utiliza para nichos (Ver plano de 1950) .

Para octubre de 1907 aquellas obras habían concluido. La venta de los solares (Criptas, tumbas y nichos) se sacaron a subasta el día 31 de marzo de 1908. Las primeras personas en resultar adjudicatarias de un solar destinado a cripta fueron Dña. Dominica Cortina Piñaga de la calle Viuda de Epalza de Bilbao y D. Justo Basagoiti domiciliado en la Avenida Basagoiti nº 58 de Algorta; cerraba la lista D. Fidel Uriarte. El 30 de marzo de 1908, aparecía recogida en la primera pagina del “Noticiero Bilbaíno” la noticia de la bendición, la víspera por la tarde, del nuevo cementerio de Bostgarena.


En julio de 1930, la Junta Municipal de Sanidad, presidida por el Inspector Provincial de Sanidad, vio la imprescindible necesidad de clausurar el viejo cementerio de Andra Mari. El 22 de agosto de 1930, el entonces Cura Ecónomo de la Iglesia de Santa Maria de Getxo D. Francisco de Astondoa, dirigía una carta al Ayuntamiento en la que expresaba que: “...ha llegado a mi conocimiento que el ilustre Ayuntamiento de Guecho va a iniciar el correspondiente expediente, con el fin de proceder a la clausura del Cementerio del expresado barrio...” Alegaba desconocer el fundamento de dicha iniciativa ya que a él solamente le habían llegado noticias extraoficiales sobre la reunión mantenida entre la Junta Municipal de Sanidad y el Inspector Provincial, en la que se ordenó la clausura inmediata. En la misma cuestionaba que: “...dicho cementerio presenta problemas de insalubridad, ya que ello implicaría decretar el cierre del ochenta por ciento de los cementerios de Vizcaya, que se hallan en peores condiciones...”. No consideraba que fuera un problema de sanidad lo que motivaba el cierre del mismo, ya que apenas se realizaban 20 enterramientos al año: “...y aún queda una sobrada zona para realizar inhumaciones durante varios lustros..., cree el infrascrito que el motivo principal es que existe en la Anteiglesia de Guecho un cementerio municipal nuevo...” Tras realizar algunas consideraciones de carácter sentimental del barrio, llegaba al meollo del asunto: “...una vez desaparecido el antiguo cementerio, el terreno debía pasar a ser propiedad de los hermanos de D. Juan Bautista Victor Ibarra, que fue párroco del citado barrio, y cedió el terreno con la clausula indicada. El citado cementerio situado entre el actual y la iglesia, es de pertenencia de la iglesia...”



El consistorio de Getxo dictaminaba los antecedentes legislativos que hacían que dicho cementerio no estuviera dentro de las normas (Ver fotografía inferior). Una moción presentada por el secretario de la Junta Municipal de Sanidad Sr. Urtasun, el día 30 de julio de 1931, a favor de la clausura, nos sirve para hacernos una idea de como era aquel cementerio:

...Estaba situado a 40 metros de la entrada de la Parroquia de Santa Maria de Getxo, a 200 del cementerio municipal, y a menos de diez del edificio más próximo habitado. Estaba formado por un recinto cercado de paredes. Orientado en dirección de los vientos reinantes de la localidad, que atravesaban la necrópolis antes de pasar por Algorta. El suelo era arcilloso y el subsuelo de pizarra. No existía en el mismo ni sala de cadáveres. En su exterior, tenía un pequeño recinto, destinado a enterramientos civiles, completamente abandonado, por la poca frecuencia de dichos enterramientos...”

Argüía que su remoción habría de realizarse antes de los 20 años que marcaba el articulo Nº 203 del estatuto municipal. Además indicaba que en la campa existente en esa zona, se celebraban romerías dos o tres veces al año: “...y no es piadoso que escenas propias de la juventud, que a veces nada tienen de edificante, tengan su campo de acción en las gradas donde descansan nuestros queridos muertos...” Y ya de paso argumentaba, que con su desaparición, se podría dar más espacio a la campa donde se celebraban las fiestas.

En la próxima entrada veremos los debates e intereses para urgir la construcción del nuevo cementerio de Getxo.



lunes, 27 de junio de 2016

LUGARES DE DIFUNTOS -I-



El lugar destinado a la última morada de los difuntos, ya desde tiempos inmemoriales, ha venido siendo un elemento de preocupación y controversia. En una primera época fueron propiedad eclesiástica, más tarde se produjo su laicización. En el Derecho romano, los cementerios, como todo lugar en el que se practicase un enterramiento, eran calificados como “res sacrae” (cosas sagradas).

Los lugares donde albergar los cadáveres. Los cristianos tenían derecho a ser enterrados en el interior de los cementerios (Campo Santo). Los otros eran expulsados fuera de sus muros. En el siglo XIX este asunto comenzó a generar controversia. La preeminencia canónica sobre el interés municipal se impuso. Así, quien no estaban dentro de las normas eclesiásticas fueron destinados a yacer fuera de los muros del cementerio. La primacía de las normas negociadas entre el gobierno e iglesia, establecieron como precepto Concordatario en 1851, que no se pusiera impedimento de ningún tipo a prelados o ministros de la Iglesia en el ejercicio de sus funciones. La Iglesia Católica adquirió el derecho de disponer de cementerios propios, o en su defecto, a que fueran bendecidos los cementerios de la sociedad civil.


Con la Revolución de 1854 se dio paso a la construcción de cementerios civiles. La Ley de 29 de abril de 1855 permitirá la conducción, depósito y entierro con el debido respeto a los restos de aquellas personas que murieran fuera de la comunidad católica. Y establecía que donde esos recintos no fueran creados, los alcaldes y ayuntamientos debían de tomar las medidas para evitar cualquier acto de profanación. Pero la prevalencia de la Iglesia seguía siendo determinante. 

Una real Orden del 18 de marzo de 1861 otorgaba la custodia de la llaves de los cementerios a los párrocos, estuvieran construidos con fondos municipales o no.
En cuanto a la conducción del finado, el rito que casi siempre se repetía, era el de un cortejo presidido por la cruz parroquial, portada por el sacristán, monaguillo o clérigo; también por un vecino, seguidos por el presbítero y los portadores de luces (faroles); tras ellos iba el cadáver, seguido de los familiares y vecinos. El orden de la comitiva era: en primer lugar, los hombres y tras ellos, las mujeres. El camino funerario era un itinerario marcado por las costumbres locales. En algunos lugares, como en Andra Mari (Sta. Maria de Getxo), se conserva la costumbre de entrar al templo; los de Goiherri por arriba, los de Beharri por abajo. Algunos templos tenían como adornos, suspendidos de sus techos, maquetas de barco, quizá para reafirmar su tradición marinera. Pero este punto lo trataré más adelante.


Antes de comenzar este artículo sobre los enterramientos en Getxo, había planeado tratarlo según un escrito de un libro de decretos de 1866. Pero más tarde, tras consultar algunos expedientes municipales, he decidido ampliarlo y realizar un recorrido por los distintos “Campos Santos” de nuestro Pueblo. Y también sobre el hecho que dio origen al mismo: “...Preparar el campo Santo de San Nicolas como un local decoroso y seguro destinado a depósito de cadáveres...”.

LOS CEMENTERIOS DE ANDRA MARI (STA. MARIA DE GETXO):


El primer cementerio de Getxo fue el de la iglesia de Andra Mari (Sta. Maria de Getxo). Hasta 1811, en la Anteiglesia de Getxo, no existió otro cementerio que el de las llamadas “127 sepulturas”, que se encontraban situadas en el interior de la iglesia de Andra Mari. Los antiguos enterramientos estaban en el presbiterio (Parte de la iglesia donde está situado el altar mayor). Esta zona estaba destinada a las jerarquías, (Presbíteros y personalidades de cierto rango). A lo largo de la nave central y bajo ella estaban los enterramientos del pueblo llano, sobre todo en la zona delantera. También dentro de ella, bajo el coro, existió una tumba cementerio, lugar donde los extranjeros eran inhumados. Sobre esa fosa común colgaba un Vera Cruz. En ella fue enterrado un tal “Philippe Cobián”, que falleció en Getxo el día 9 de enero de 1650. Quien a decir de algún escribano era: “...extranjero, peregrino y buen cristiano...”. Hasta 1831, todos los enterramientos se realizaban en la Iglesia Matriz (Andra Mari), aunque al parecer las casa antiguas disponían de sus propias sepulturas, situadas generalmente bajo los aleros de los caseríos o arrimadas a sus muros. Concluida la primera guerra carlista 1833-39, las tumbas del interior de la iglesia de Andra Mari fueron inhabilitados.


En 1811 se inició la construcción del cementerio adosado a la Iglesia. Con anterioridad había existido otro cementerio junto a la iglesia de Andra Mari. Este nuevo lugar de enterramientos era una prolongación de la iglesia, de propiedad parroquial. Estaba totalmente amurallado, disponiendo en su entrada de una portalada monumental, con grandes puertas de hierro. El responsable del cuidado de dicho campo santo era el sacristán de Andra Mari D. Justo de Barrenechea, quien en julio de 1870, presentaba una queja por la escasez de medios y herramientas para poder atender dicho lugar. El consistorio de Getxo acordaba, que puesto que también el de San Nikolas carecía de ellas, se construyeran y compartieran (dos cacos, dos azadas y dos palas) para el mantenimiento de ambos cementerios. En 1868 se entarimó todo el suelo de la iglesia.



En marzo de 1892 los accesos al cementerio causaron algunas protestas. Al parecer, la entrada al antiguo cementerio de Sta. María, había sido cerrada. Las paredes del antiguo cementerio habían sido realizadas en 1892 por el cantero D. Juan Arrieta. El paso transcurría por encima de algunas sepulturas del antiguo cementerio. El antiguo camino de acceso estaba en terrenos de D. Ignacio Arias, que era apoderado de las propietarias, su madre y hermana Dña. Andresa de Menchacatorre y Dña. Adelaida de Arias. Se formó una comisión presidida por los entonces concejales Sres. Ajuria y Azcorra, encargada de negociar con el propietario de los terrenos que circundaban al cementerio, a fin de renovar el antiguo camino de acceso y reponer y arreglar el antiguo cementerio. Dicho propietario, conocido por su buen hacer para el pueblo, facilitó disponer gratuitamente de parte de su terreno para reponer el acceso al cementerio, por donde había estado anteriormente. La única condición que puso fue la de realizar una pared de tres a cuatro pies de altura en toda la longitud que daba a su propiedad y realizar una puerta más abajo para poder acceder a la misma.


En la próxima entrada veremos la toma de conciencia por parte del consistorio para la construcción del nuevo cementerio, el del “Cementerio de Nuestra Señora del Carmen” en Bostgarrena. Al finalizar la serie sobre los cementerios de Andra Mari (Getxo), incluiré las fuentes a partir de las cuales he escrito esta pequeña historia de los cementerios de Getxo.



jueves, 23 de junio de 2016

VÍSPERA DE SAN JUAN



¡Noche llena de encanto, de recuerdos y añoranzas infantiles, la noche de San Juan!.

Las vísperas habían sido de un incesante acarreo de ramas y jaros; la actividad frenética de pequeños acarreadores era interminable por las calles aún sin asfaltar de un viejo y bullicioso Romo. Los enseres ya inservibles de las casas se arrojaban a la pira festiva; los más adultos iban acomodándolos alrededor del totémico poste, que seguro había pertenecido a la cercana compañía eléctrica. Ese madero iba a sujetar, coronado en lo alto, el muñeco festivo, confeccionado con trapo y relleno de viejos papeles de periódico, elegantemente ataviado a la vieja usanza, con su blusa y txapela.

Noche de San Juan, sueños de la niñez, hogueras encendidas, chispas por el aire, corros de niños saltando las brasas. Mientras Mikel Atxaerandio “El sastre de la Prolon”, terminaba en el taller de su casa de coser el muñeco que iba a ondear en lo alto de la hoguera; se iban apilando las ramas traídas desde los Pinitos y Gaztelueta.


Antes de que la noche extendiera su negrura y las típicas hogueras empezaron a chisporrotear en medio de las campas, apenas comenzada la cena, llegaba como todos los años Antonio Cordón provocando las carreras, escaleras abajo, de la vecindad. Año tras año, sin ser anunciado, él se encargaba de dar inicio a la sanjuanada. Y de pronto la luz del fuego resplandecía por todas partes. Los grupos de niños jugábamos dando vuelas alrededor de las hogueras, saltando sobre pequeñas piras de fuego, mientras cantábamos estrofas que en nuestro barrio decían:
...San Juanetan,
ogia eta esnea jateko
San Juanetan,
esnea eta ogia jan...”
...Por San Juan,
se come pan y leche
Por San Juan,
se come leche y pan...”

Y en otros entonaban estrofas parecida a la que recojo a continuación:

...San Juan, San Juan,
nik ez daukat bezterík goguan,
arrautza bi kolkuan,
beste bi altzuan,
artuak eta gariak gorde, gorde,
lapurrak eta sorgiñak erre, erre...”

... San Juan, San Juan,
no tengo otra cosa en la cabeza,
dos huevos en el kolko,
otros dos en el regazo,
guardar, guardar el maíz y el trigo,
quemar, quemar a los ladrones y las brujas...”

Entretanto, nuestros padres vigilantes controlaban nuestras cabriolas al rededor del fuego. Permanecían vigilantes, sentados en las munas de la campa, mientras encendían sus cigarrillos y comentaban lo acontecido en el día. Por todo el barrio se oían los cánticos y voces que brotaban de jóvenes gargantas. Siempre la víspera era más alegre que el mismo día de fiesta. Parecía como si esa víspera anunciara la esperanza de un porvenir prometedor al quemar los trastos viejos.


Cuando las llamas empezaban a alcanzar su cénit, todos los niños corríamos a buscar en huertos cercanos algunas patatas que cocinar dentro de las brasas. Eran días de escasez. Y mientras los mayores del barrio se hacían las últimas confidencias, los niños cantábamos y reíamos, deseosos de que esa noche mágica no terminara nunca. Ya bien entrada la madrugada, con las últimas canciones al mandato de nuestros padres, nos dirigíamos a regañadientes a casa. Mientras, en el cielo temblaba la noche y se adivinaba pronta la llegada del alba. En la lejanía se oía el último cantar de San Juan de un trasnochador coro infantil.


lunes, 20 de junio de 2016

VOCES EN LA MADRUGADA, LA MISIÓN DEL NERVIÓN



Voces en la madrugada, ese es mi recuerdo de niño, de aquellos cánticos que a la seis de la mañana retumbaban por todo el barrio de Las Arenas y Romo. La responsable de los mismos fue la “Misión del Nervión”, que acompañada por la denominada, entonces, “Virgen Peregrina” que no era otra que la Patrona de Bizkaia, la de Begoña, que fue proclamada por la Juntas Generales de Bizkaia como tal en 1738; recorrió las calles de Getxo durante los días 5 y 6 de Noviembre de 1953. Como símbolo, la “Santa Misión General del Nervión”, que así se hacia llamar, utilizaba un escudo en el que se incluía el Puente de San Antón, la Basílica de Begoña, y el Puente Bizkaia.

La “Misión del Nervión”, sobre este tema ya hablé en mi entrada del 29 de diciembre del 2011. Su ideólogo y artífice fue D. Casimiro Morcillo obispo de Bilbao en 1950. Había tenido como preludio, en unos años de nacionalcatolicismo, arengas políticas de llamamiento a “...ha llegado la hora de hacer una manifestación más palpitante de su amor y devoción a la iglesia..., que el estado recibe de la iglesia una inmensa cooperación moral...”. Puesto en ese dilema no es de extrañar que ambos estamentos se unieran para comenzar su particular cruzada de evangelización, de una población a la que consideraron perdida y poco afín a la causa. Y que la prensa local secundó gustosa bajo el titulo “A Misión nos llaman”.


El argumento del prelado de Bizkaia fue: “...para conmemorar los cincuenta años de la proclamación de Nuestra Señora de Begoña, como Patrono del muy Noble y muy Leal Señorío de Vizcaya...” En aquel llamamiento recordaban tópicos de la época como “una alta empresa común”, la regeneración “económica, social, espiritual y moral” y “el afán excesivo de bienestar, lujo y de diversiones” que a decir del autor: “...están socavando, en sus cimientos, a la familia...”.

La imagen de la Virgen de Begoña fue recibida el domingo, 1.° noviembre, en el Ayuntamiento, por el Obispo y su Cabildo catedralicio, el Alcalde D. Joaquín de Zuazagoitia, concejales y demás autoridades civiles y militares. Más tarde fue trasladada a la Diputación, donde los misioneros besaron su manto, siendo aclamada por los presentes. A partir de ese momento, comenzó la peregrinación de la imagen por toda la comarca durante aquel “tiempo de la Misión”.


No solo fueron visitas a los pueblos, que también, pero seguramente, quizá fuera lo que más retumbara en los oídos de los vecinos de Getxo, por su horario intempestivo el “Rosario de la Aurora”. En el barrio de Romo se celebraron procesiones muy de madrugada, las calles estaban llenas de altavoces, y en sus calles se instalaron estratégicamente altares donde paraban para hacer proclamas religioso-políticas, los mismos se dispusieron en las calles Ibaiondo y Santa Eugenia. A los vecinos que no interesaba el asunto, que en aquellos tiempos no podían expresar su desacuerdo, no les quedó mas remedio que oír aquellos “mitines intempestivos” ya que los altavoces se escuchaban potentes por todo el barrio.

Pero volvamos a la visita de la virgen peregrina, el sábado 31 de agosto de 1953, el obispo de Bilbao se dirigía a: “...los vecinos de Bilbao, Baracaldo, Portugalete, Santurce, Guecho, Galdacano y Basauri, especialmente a los que habéis vivido y acoso vivís apartados, recelosos, incrédulos. Vienen los misioneros a comunicaros el mensaje..., para que los que firmemente anclados en su fe..., arrastren a los remisos...”. Ya advertía de aquellas “pequeñas molestias” que la campaña iba a ocasionar a los vecinos a quien se trataba de salvar del fuego eterno: “...la Misión trae consigo altavoces, rosarios de la aurora, viacrucis, concentraciones..., quisiera evitar estas molestias a mis vecinos, pero puesto que no es posible..., aceptemos de buen grado el sacrificio..., la misión nos promete el auxilio..., para vencer el ardor de las pasiones..., trae el remordimiento para vuestras conciencias por lo que hicisteis mal...” Terminaba con un: “Hijos míos, venid a la santa Misión”.


El domingo 1 de noviembre de 1953 arrancaba la cruzada misional en medio de un desapacible tiempo lluvioso y con fuerte viento. Partió de la Basílica de Begoña para dirigirse al Ayuntamiento de Bilbao, en medio de las canciones de la época “...Oh María madre mía, o consuelo del mortal...”. Para más tarde dirigirse al Palacio Provincial (Diputación). Allí el prelado se dirigió a los asistentes diciendo: “...La Misión va a comenzar..., Ya está la cruz en el monte Banderas..., es una acción apostólica que tiene por objeto enseñar y recordar a los fieles la verdadera salvación..., No es un movimiento que se proponga resolver los problemas acuciantes del mundo del trabajo..., no es un intento de coacción espiritual, ni física..., El que creyere las verdades de la salvación se salvará y el que no las creyere se condenará...” Ya estaban, la condenación y el miedo instalados, para una población considerada poco dócil a la doctrina oficial. En los días siguientes esos misioneros salvadores visitarían entre otras poblaciones Getxo. Con un trazado aproximado de 25 kilómetros, recorrieron las dos margenes de la ria, incluso la prensa presentaba un gráfico del itinerario. Por nuestro municipio le tocaba pasar el día 3 por Neguri y el 5 a Las Arenas.

El martes 3 de Noviembre pasaba por Getxo (Andra Mari), Algorta y Neguri. La prensa de la época dedicaba mayor espacio en sus paginas, a las dos zonas consideradas como de mayor fervor patriótico. Así recogía la llegada a Neguri (San Ignacio) describiendo la calurosa acogida: “...esta Anteiglesia, en su barrio residencial de Neguri..., ha realizado el ambiente de una afectuosa docilidad, de una ejemplar sumisión...” A las nueve de la mañana tenía lugar el recibimiento en la Parroquia de San Ignacio, en medio del volteo de campanas: “...la multitud entonaba cánticos marianos, la imagen fue colocada en el interior del templo...”, el párroco D. Ignacio Bilbao, de quien un compañero dijera: “...actuaba como un caporal...”, pronuncio la salutación. A continuación el capellán que acompañaba a la imagen D. Victorio Larrucea realizó un semblante de la misma: “...es la misma Virgen peregrina que hace tres años recorrió toda Vizcaya...es esta una ocasión excepcional, el comienzo de la Santa Misión del Nervión...” Durante toda la jornada devotos asistentes organizaron tandas para rezar el rosario. Los niños de las escuelas de Getxo fueron llevados por la tarde para llevar una ofrenda a la patrona de Bizkaia. El miércoles día 4 salía a las siete y medía de la mañana el cortejo hacia Las Arenas, los fieles de la parroquia, acompañaron la imagen hasta los limites del barrio.


Allí cogieron el testigo los de Las Arenas, que la acompañaron hasta la parroquia de Nuestra Señora de Las Mercedes (Areeta), donde fueron recibidos por el cabildo parroquial. A las nueve de la mañana hacía su entrada en dicha iglesia, colocada la imagen en una peana junto al altar mayor, tomó la palabra el parroco D. Ignacio Isasmendi. Nuevamente los cánticos de “Oh Maria madre mía” e “Hijos de Vizcaya” acompañaron a aquella “Virgen Peregrina”. Los niños volvían a ser los protagonistas de aquel acto, todas las escuelas de la zona desfilaron por la iglesia. Calculaban que hasta las nueve de la noche habían desfilado más de 4.000 personas. Al día siguiente, a las siete y cuarto de la mañana, aquella marcha religiosa abandonaba Getxo camino de Erandio.


El domingo, día 15 de noviembre, se celebraba el acto de clausura ante el monumento del Sagrado Corazón de Jesús, en Bilbao. La población misionada alcanzó a 400.000 habitantes, en un área que iba desde Galdakao y Usansolo, siguiendo el curso aguas abajo de los ríos Ibaizabal y Nervión, hasta Santurtzi y Getxo, en el Abra, o sea una faja de 25 kilómetros de longitud por 4 de anchura. Los servicios de: “...megafonía utilizaron 130 micrófonos y otros tantos receptores, 200 amplificadores, 300 altavoces interiores y 1.000 exteriores y más de 300.000 metros de cable; y los de propaganda lanzaron cerca de 700.000 entre carteles murales y rosarios...”. Todo un alarde de poder en unos años de miseria y dictadura, con unas voces en la madrugada, que seguro que aún recuerdan muchos, hoy adultos, que como niños lo vivieron.


miércoles, 15 de junio de 2016

MALAKATE, EL TÚNEL QUE EMERGE EN GETXO


A pesar de que ya escribí sobre los malakates, he aprovechado esta nueva entrada para ampliar datos, tanto técnicos como históricos, sobre esta conducción de aguas de Bilbao.

Los Malakates son unas misteriosas edificaciones con forma de cubos que emergen altivas a lo largo de Getxo, restos de una red de saneamiento de Bilbao, con final en “Túnel Boka”. Casetas de forma cuadrada, construidas en hormigón y ladrillo rojizo, pozos de ventilación y registro de dicha red.

Su historia surge como consecuencia de la epidemia de “Cólera Morbo” que en 1885 azotó a la población de la cuenca del Nervión, paralizando la industria y la minería bizkaina. Epidemia surgida entre otros motivos por la falta de salubridad pública. El incremento de la población con la llegada masiva de inmigrantes, debido a la industrialización, provocó que fueran alojados y realojados en auténticas covachas, en las que se hacinaban dos o tres familias. La inmensa mayoría de aquellos alojamientos carecían de servicios sanitarios y suministro de agua, por lo que sus ocupantes hacían sus necesidades en la calle o en una bacinilla que vaciaban en plena vía pública o en carros de basura.

Era tal el nivel de insalubridad de aquel Bilbao de finales del siglo XIX, tal su aspecto de cloaca, que escandalizaba a propios y extraños. Ante ese estado de cosas, en octubre de 1890, para paliar sus consecuencias, se nombró una Comisión especial para la realización de un proyecto de saneamiento que, entre otras cosas, fue anunciado en la prensa nacional y extranjera, dando un plazo de dos meses para la presentación de proposiciones. El concurso de ideas para realizar el estudio del saneamiento de la ría de Bilbao, debía entender la desinfección y eliminación de materias fecales. Fue convocado el 11 de noviembre de 1891, a propuesta de la comisión municipal se realizó bajo el lema “Mens sana in corpore sano”. Formaron parte de aquel tribunal prestigiosos arquitectos, ingenieros y médicos. Entre otros miembros aparecían: los señores Evaristo de Churruca, Jose Lequerica, Agustin de Obieta, el director de la “Compañia Orconera Iron Ore”, Carmelo Gil y Gorroño, Severino Achucarro y Joaquín de Rucoba. También formaron parte del mismo reconocidos arquitectos.
Cuando Uhagón presentó el proyecto definitivo en 1894, Bilbao tenia 63.900 habitantes. Las obras se iniciaron el 6 de marzo de 1895, se terminaron en 1903, tras ocho años de trabajos, con una inversión publica de 5.453.611 pesetas, Bilbao contaba ya con 90.200 habitantes. El proyecto contemplaba un saneamiento que eliminaba totalmente los pozos negros, creando una doble red; y conservaba la red existente para aguas pluviales, las cuales se verterían directamente a la ría y la construcción de un nuevo alcantarillado para recoger las aguas sucias.


La nueva red contaba con tres colectores, dos en la margen izquierda y uno en la derecha, y un gran depósito en Zorrozaure con capacidad para 12.000 m³ para regular el trabajo de las bombas, situadas en el barrio bilbaino de Elorrieta, que mediante un colector de 60 centímetros de diámetro enviaban las aguas hasta una galería visitable la aguas fecales, situada en Getxo, vertiéndolas directamente, sin depurar, al mar en “Túnel Boka” (La Galea). La maquinaria se encargó a la empresa James Simpson y Cia. de Inglaterra en 1899. Se instalaron dos maquinas de vapor que actuaban sobre las bombas, el vapor era producido por tres calderas de la firma Babcock&Wilcox. Años mas tarde se sustituirían las bombas por otras de alimentación eléctrica, pero nuevamente en los años 20 cuando Bilbao contaba con 150.000 habitantes los vertidos a la ría volvieron a ser habituales.

Nada de aquello era ajeno a un Getxo que en diciembre de 1859 se veía en la necesidad de aprobar medidas sanitarias para evitar la propagación de epidemias, medidas tales como las dictadas, en esas fechas, por su Alcalde Manuel de Azcorra :

...Dentro de 8 días a contar de hoy, se procederá por los vecinos a la limpieza de zaguanes y depósitos de basura, manteniéndolos en buen estado...”
...se prohíbe la limpieza de pescado y verduras en las fuentes públicas, limpiándose la ropa en las corrientes donde no escasee el agua y haya piedras destinadas a ello...”.


Y que en junio de 1890 sacaba a remate publico los servicios de arrastre y conducción de los desperdicios de las calles de Las Arenas y Algorta cuyas redes de alcantarillado, escasas, vertían literalmente a la ría, lo que provocaba enfermedades que atacaban a aquella población, que se veía constantemente asaltada por viruelas, sarampión y el tifus, las cuales causaban numerosas muertes; pero el mayor azote lo constituyeron las diarreas de la infancia y la tuberculosis en la juventud. Detrás de ellas se encontraban las durísimas condiciones en que vivía la población, que contaba con escasos ingresos, (el hacinamiento, hambre, carencia de los más elementales servicios de higiene, agua potable o saneamiento), responsables, que no únicos, de aquellos fallecimientos. Como resultado de aquella red de saneamiento a su terminación en 1903, el coeficiente de mortalidad había descendido de un 40,42 por mil en 1894 hasta el 28,57 por mil en 1903.

Instalaciones que también tuvieron la función de refugios antiaéreos durante la guerra de 1936. Una parte de dicha conducción, desde Fadura, forma parte de una amplia galería, a la que se puede acceder a través de las casetas antes mencionadas, las cuales eran utilizadas al sonar las sirenas que avisaban a la población del avistamiento de la aviación enemiga para proteger a los vecinos de Andra Mari. Tras la Guerra, las instalaciones de Elorrieta se utilizaron para el servicio del barrio de Deusto, perdieron parte de su uso y las máquinas de vapor quedaron inutilizadas aunque permanecieron en perfecto estado de conservación hasta el saqueo producido en 1996, tras el abandono y dejación en la conservación de las instalaciones por parte del Ayuntamiento de Bilbao.


En el Municipio de Getxo forman parte de una pre-galería a la que llegaba, como decíamos antes, un colector de 60 centímetros desde el bombeo de Elorrieta, a una caseta ya desaparecida en la zona de Azaldedegi en Aldapa (actualmente en esa ubicación existe una Agencia Funeraria). A partir de ese punto correrá una galería siguiendo Ollarretxe para, subiendo a lo largo de Maidagan, desembocar en “Túnel Boka” (La Galea). En todo el recorrido irán apareciendo las casetas de registro llamadas “Malakate”.

Resto de estas podemos ver el Malakate Nº 1 situado en la calle Ollarretxe, cercano al cruce de “Venancio”; el segundo se encuentra en el Parque Maidagan, conocido popularmente como “Parque de Malakate”; el tercero en la calle Gabriel Ramos Uranga, junto al aparcamiento del probadero de Getxo; el cuarto cercano al colegio de Andra Mari; y el quinto cerca de la calle Juan Vallejo, en la urbanización de la Galea y el Golf de la Galea. Por último, se encuentra la boca de salida del túnel a pie de los acantilados de la Galea en “Túnel Boka”. Dicha cala es accesible mediante un sendero que antes del desastre de 1983 estuvo escalonado. Se trataba de un camino tallado a pico para llegar a los motores que subían agua de riego al Club de Golf situado sobre el acantilado.


Esos restos de la red de saneamiento recibieron años más tarde reconocimiento histórico por parte del Pleno del Ayuntamiento de Getxo, que reunido en sesión el 31 de enero de 2012, acordó que se restaurasen, identificasen, señalizasen y se pusieran en valor los cinco “Malakates”, declarados Conjunto Monumental y la portada de “Túnel Boka”, estudiándose la posibilidad de hacer visible e incluso visitable un pequeño tramo del túnel.

El conocido como “Túnel de Malakate”, no es si no el primer sistema moderno de depuración de aguas de la Península que tuvo Bilbao, que discurre por nuestro municipio horadándolo de forma artesanal.



lunes, 13 de junio de 2016

LOS FERROVIARIOS, SUS MÁQUINAS Y ACCESORIOS



Siguiendo con la anterior entrada, hoy toca ver a los ferroviarios con sus viejas maquinas de vapor, sus herramientas de trabajo y algunos documentos acreditativos. Evidentemente no aparecen todas las personas que ocuparon cargos en las distintas estaciones, solo de las que he conseguido fotografías o documentos.

ESTACIÓN DE LAS ARENAS:


El primer Jefe de Movimiento de la Estación Central de Las Arenas, situada en la calle Mayor, fue Eusebio Muro Saseta. En la fotografía superior podemos verle en el anden de esa estación. Desde ella controlaba todas las salidas que se hacían desde la estación de Las Arenas para las dos compañías que operaban en las líneas de Las Arenas-Bilbao y la de Las Arenas-Plencia. Bajo estas líneas le podemos ver junto a su familia, sentado en uno de los bancos del andén


Tenían su vivienda en la estación. En la fotografía inferior podemos apreciar algunos detalles de cómo era la cocina de aquella vivienda. Disponía de un fogón de los llamados económicos, seguro que alimentado por el carbón que utilizaban las viejas locomotoras. En su chapa reposaban los pucheros y el termo para el patriarca de la familia; disponían de unos escurridores de platos y cucharones de madera; cualquier lugar sobre la lumbre era apropiado para secar los trapos de cocina; a la derecha estaba la boca rectangular del deposito de agua caliente. Un amplio ventanal, de marcos de madera, dejaba entrar los rayos de luz que iluminaba aquella vieja y oscura estancia.



En la fotografía inferior podemos ver a Eusebio en la estación de Las Arenas, junto a la locomotora “Zalla”, al lado de un grupo de ferroviarios. Es el quinto de la fila de abajo empezando por la izquierda, su cabeza esta cubierta con gorra de plato y tiene un abundante mostacho; la fotografía está sacada frente al Bar Recreo de la calle Mayor, era un día de San Juan de 1916 festividad de los ferroviarios.

Uno de los elementos de su autoridad para el transporte de mercancías era un sello con anagrama en forma de vampiro, correspondía al tren llamado “Gau Txori”, que salía en la madrugada, normalmente con mercancías. Con él sellaba el parte de la expedición.


ESTACION DE ROMO-LAS ARENAS:


Respecto a los ferroviarios de esta estación, mostrar la fotografía superior, en la cual aparecen dos de los empleados de la línea en los años 50. Se trata de los vecinos de Romo Pablo Otaolea y Manuel Ernaiz.


En la fotografía superior de 1927 aparecen, al pie de su maquina “Astillero”, de izquierda a derecha Julian García y como fogonero Cagigas.

ESTACION DE ALGORTA:


En Algorta uno de los jefes de estación fue Gabriel Guinea. En la fotografía superior podemos ver a una de las locomotoras de vapor la, “Esperanza”, con algunos de sus empleados a pie de maquina, fue sacada en 1930. En la fotografía inferior, que es de 1908, tomada también en esta estación, aparece subido en la maquina de vapor Ramón Ansoleaga.



Otro de los ferroviarios de Algorta, que ocupo el cargo de Jefe de Estación, fue Jaime Robles Rodriguez, nacido en 1923, en la calle Santa Eugenia de Romo. Fue hijo de un motorista del ferrocarril de la línea Bilbao Santander Honorio Robles Rojo, natural de Aguilar de Campoo (Palencia). La familia Robles vivió al llegara a Getxo en Romo en la calle Santa Eugenia, más tarde pasarían a vivir en Algorta, en la casa “Alango Barri”. Estudió en las Escuelas de Zabala. Después de los años de escuela, se mudaron a Romo, a la calle Caja de Ahorros Nº 14. Allí vivieron hasta que se caso en 1950.


Jaime trabajo desde muy joven, primero de botones en el Hotel Carton. Después, a partir de los 20, lo haría en la estación de Algorta, pasando por casi todas las profesiones de los ferroviarios, fue factor y a la jubilación de otro de los jefes de estación de esta localidad Sr. Garcia, pasó a ocupar su puesto, en los años 60. Su periplo laboral le llevó por diferentes estaciones, en dicho cargo: Lutxana-Erandio, Las Arenas-Romo y Algorta. Sus horarios de trabajo empezaban muy temprano, durante sus primeros años, a las 5 de la mañana.

Sus últimos años ocupo dicho cargo en Algorta, de su firmeza de carácter da una idea, un hecho relatado por su hija: “...en los años 80 solían convocarse muchas manifestaciones en Algorta, en una ocasión, estando en el anden una chicas muy jovencitas, la policía cargo y entró dentro del recinto ferroviario repartiendo porrazos a diestro y siniestro. Al ver la angustia de esas jóvenes, les abrió su oficina para que se protegieran; al llegar la policía le reclamó que les dejara entar para detener a las chicas, a lo que el se negó aduciendo !Yo soy la única autoridad en este recinto!...”


Entre estos trabajadores del ferrocarril, también se produjeron accidentes, en algunos casos con consecuencias fatales. Fue en esta estación de Algorta, cuando un 24 de junio de 1982, sucedió un terrible accidente en el que perdería su vida. Según lo que contaba la prensa de la época: “...Jaime Robles resulto muerto sobre las 19,20 de la tarde, cuando un tren maniobraba en la estación de Algorta, al dar marcha atrás, quedo bajo los carros de un motor. El rescate duró varias horas, finalmente fue la DYA la que con un cojín de levantamiento de 30 tn., y otros medios, consiguió recuperar su cuerpo....” El accidente se produjo en un momento en el que había dos trenes en la estación, se puso nervioso porque los trenes no se movían y bajo a las vías para organizar la maniobra. El convoy que tenía que coger la dirección a Bilbao realizó una maniobra, con el cambio de agujas, y el jefe de estación debió de perder el equilibrio cayendo en la vía y siendo arrollado por el tren.

Jaime eran muy amigo de un escritor de Getxo, Ramiro Pinilla, recientemente fallecido, quien le dedicó uno de sus libros “Las Ciegas Hormigas”.





ESTACION DE GETXO (ANDRA MARI):


De esta última estación en territorio de Getxo podemos ver, en la fotografía superior, sentado en un banco de la estación al que fuera Jefe de la misma, en los años 40, José Zabala, padre de Ignacio Zabala. El matrimonio José Zabala y Justa Mazorriaga habitaban el edificio de la vieja estación de Getxo. Años más tarde pasarían a vivir en el edificio llamado del “Sindicato”, junto a las antiguas barreras de Andra Mari.


Aprovechando y para poder visualizar algo de la misma, y aunque no eran empleados del ferrocarril, dos fotos. En la superior podemos ver a Ignacio Zabala, apoyado en un platanero. Y en la inferior a Ignacio Zabala y Ramontxu Bilbao con sus trajes de primera comunión.


Sobre la edificación de Getxo ya escribí en mi entrada “Nekazari Etxea, La casa del Sindicato Agrícola Católico en 1916-19”, del 27 de noviembre del 2011. Para refrescar recuerdos de cómo era incluyo dos fotografías (Planos) de dicha edificación, los cuales nos permiten ver el conjunto de estación (Apeadero) y Casa Sindicato Agrícola, tal y como fue diseñado.



Y por último, respecto de los documentos y sus accesorios, gracias a familiares de los implicados mostrar tres carnets, dos de empleados del ferrocarril, vecinos de Romo: El primero a nombre del Jefe de Tren Manuel Isart de 1948, y el segundo del motorista Osorio del Rio de 1960. El tercer documento es de 1931, es un Abono Temporal de segunda clase, para circular entre Bilbao y Las Arenas, a nombre del vecino de esta última Juan Muro.




Entre los accesorios, uno de los elementos que daba nombre a los revisores “El Pica”, elemento a modo de grapadora que servía para picar, revisar, el billete de tren; y uno de esos billetes del año 1959, de segunda clase, para viajar entre Neguri y Las Arenas.