MEMORIAS DE GETXO

martes, 23 de diciembre de 2014

!ZORIONAK ONDO PASA ETA URTE BERRI ON !


Años difíciles, ojala que otras manos, espíritus libres, en los tiempos venideros los mejoren.

Como todos los años al llegar estas fechas, dejaré descansar mis publicaciones hasta el próximo día 5 de Enero del 2015. Así que os deseo a todos que disfrutéis junto a vuestros seres queridos de estos días, y a todos aquellos que no lo puedan hacer un abrazo y mis mejores deseos.


!FELICES FIESTAS Y AÑO NUEVO PARA TODOS!

lunes, 22 de diciembre de 2014

LA RESTAURACION EN GETXO, EL JOLASTOKI -II-


Siguiendo con la historia de uno de los centros gastronómicos por excelencia de Getxo, a continuación veremos la evolución del merendero de Neguri, que de las manos de las hermanas Olaizola y de su hijo y sobrino Sabino, lo convirtieron en uno de los restaurantes emblemáticos de Bizkaia. 
 
El momento álgido fue en 1969. Los cónyuges tenían ya perfilada la idea de los que iba a ser “Jolastoki”. Sabino era un buen dibujante. Esbozó los diseños del nuevo local e ideó su decoración. Deciden cerrar, lo que era una terraza, que era la fachada que da a la calle del antiguo restaurante, sobre la que colgaba el cartel “Jolastoki Jatetxe”. En ella instalaron unos bancos, copia de los existentes en la población lapurtarra de Ainhoa. Fue la época de sus platos estrella (lubina a la pimienta verde, los pasteles de kabrarroka, el pastel de esparragos, txipirones encebollados y la caza). Sus platos preferidos eran los de caza, Jabalí y venado asados. 

 
El local les quedó pequeño y la exigencia de los comensales era cada vez mayor. Así que en 1984 se trasladarían a su actual ubicación, un edificio-chalet de estilo vasco, que había sido propiedad de la familia Zubiaga, en el que realizarán una amplia reforma. Y al que dieron una maravillosa decoración, nacida de, además de los conocimientos que sobre arquitectura había adquirido Sabino en Bilbao, sus constantes viajes a Francia e Inglaterra, de donde importaron ideas y detalles; en palabras de Begoña “...teníamos poquito dinero pero muchas ganas, así que realizamos aquella decoración entre nosotros...,....siempre hemos aprendido mucho de las personas que saben, al buen profesional hay que sacarle astillas, de el aprendes mucho...,...los restaurantes franceses me volvían loca, eran tan Gozos, de tanto sabor...”; pero también en Neguri aprendía “...cuando iba a las casas de aquí, a las que me mandaba mi suegra para preparar banquetes o despedidas, venía con fiebre, !tal era el ansia por aprovechar aquellas ideas de decoración que veía en ellas!...”. En 1996 Begoña Beaskoetxea recibiría el reconocimiento, dentro de los Premios Nacionales de Gastronomía, como mejor Directora de Sala.


Con el fallecimiento de Sabino Arana Olaizola (1997), llegamos a la tercera generación de los Arana en los fogones del Jolastoki, esta vez con la presencia de su hijo Sabino Arana BeskoetxeaSabin”. Para entonces ya llevaba 11 años en el restaurante. Antes pasó por las cocinas de “El Racó de Can Fabes” de Sant Celoni (Barcelona), en el “Restaurante las rejas” en las Pedroñeras (Cuenca). Enriquece sus conocimientos de cocina realizando practicas culinarias por diversos países (Amsterdam, Boisse, Milán, Nápoles, Miami, Nueva York,…). 
 
Sabin es miembro fundador de la Asociación de Cocineros Bizkainos “Geugaz Jan”, que nació con la pretensión de promocionar y defender la gastronomía de Bizkaia. En 1998 sus hijos Itxaso y Sabin fueron elegidos Jóvenes Valores de la Cocina del País. 

 
A lo largo de la vida del “Jolastoki”, en los dos espacios que el mismo ha ocupado, raro sería que sus moradores no tuvieran su rinconcito preferido, y así es, en el antiguo restaurante, para Begoña: “...en aquel lugar, teníamos un pequeño rincón, era de piedra con una chimenea, más bien un simulacro de chimenea, ya que no se podía encender, el sitio era una monada...,...en el actual, a mi lo que más me gusta es la terraza, el comedor del jardín, tiene un encanto especial...,...pero arriba del edificio, donde hemos realizado la última obra, tengo un lugar donde suelo subir a hacer vainica, o a leer el periódico, es mi lugar de relax...,...aunque el lugar con mayor personalidad de la casa sea el salón, es coqueto y acogedor...”; y no puedo estar más de acuerdo con su dueña, es un lugar confortable, rodeado de recuerdos, presidido por un retrato de los dos Sabinos (Padre e hijo).




En uno de sus laterales, sobre una amplia chimenea de fuego bajo, bellamente adornada con motivos navideños, están los escudos familiares de los Arana-Beaskoetxea. Frente a ellos, a la derecha de dos preciosos relojes de carillón, sobre una repisa, como escondido, descansa el trofeo conseguido Itxaso Arana en 1997 “La Nariz de Oro”. 
 
Actualmente no faltan en la cocina del “Jolastoki” los productos que a lo largo de los años le confirieron personalidad, con los que escribieron las paginas que le dieron renombre: desde la deliciosas croquetas de pimientos verdes al ragú de vieiras; o esas exquisitas almejas con arroz de verduras y sus inigualables txipirones a la plancha con cebolla confitada, qué decir de sus caracoles a la bizkaina y sus asados de becadas, palomas torcaces que suelen salir asilvestrada y sangrante, y sus deliciosas tórtolas, obras de auténticos alquimistas de la cocina. 

  
Detentadores de muchos merecidos premios y reconocimientos, uno de ellos fruto de las innumerables visitas, acompañando a su padre Sabino Arana por bodegas de todos los países, lo disfruta orgullosa Itxaso Arana, reconocida como la “Primera Mujer Sumiller de Euskadi”, recibiendo en 1997 el primer premio en el campeonato de Sumillers de Bizkaia. Pero sobre todo el de “Nariz de Oro” en el 2003, fecha en la que resultaría vencedora, en una final celebrada en Madrid, convirtiéndose en la segunda mujer que lograba alcanzar ese galardón. 




Ya han pasado 93 años desde que el viejo merendero abriera sus puertas de la mano de Bixenta Olaizola y sus hermanas, que más tarde continuaría su hijo Sabino Arana con su esposa Begoña Beaskoetxea, quienes supieron transmitir ese bello lenguaje de la gastronomía a sus hijos Itxaso y Sabin, quienes junto a Arantza, la mujer de éste último, han trasladando con su buen hacer una amplia oferta, que va desde los menús del día hasta una sugerente carta, en la que no podía faltar el plato que en su día bordaran su amona y hermanas: “La Caza”.

viernes, 19 de diciembre de 2014

LA RESTAURACION EN GETXO, EL JOLASTOKI -I-


Al hablar de la restauración en Getxo es obligado hacerlo del Restaurante Jolastoki, un buen centro del buen yantar. Abrió sus puertas en 1921. Lo hizo de las manos de unas, aún incipientes, aunque no inexpertas cocineras gipuzkoanas, las hermanas Olaizola. Le seguirían en la profesión, años más tarde, su hijo y nietos, pero vayamos por orden. 
 
Las hermanas Olaizola, formaron parte de una larga prole. Fueron en total 11 hermanos, hijas de un trabajador de Iberduero José Francisco Olaizola Beldarrain y de Josefa Manuela Uranga Arteche. José tenía gran movilidad debido a su trabajo, por lo que no es de extrañar, que alguno de sus retoños, nacieran en Zestoa, Lasare-Oria, incluso en Zumaia.

VAQUERIA DE JOLASETA
 
La primera de las hermanas en llegar a Getxo fue Maria Olaizola Uranga (Usurbil), que lo hizo sobre 1915. Su primer lugar de trabajo fue una casa de Bilbao. Poco más tarde vendría a Algorta, a la “Casa Barco”, allí trabajó para los Duques de Medinacelli como cocinera. Poco a poco fue trayendo a sus cinco hermanas a Algorta, trabajaron en diversos lugares como cocineras y doncellas. Uno de aquellos trabajos lo realizarían en la antigua “Vaquería de Jolaseta”. 
 
Eran mujeres de gran iniciativa. En el año 1921 Maria, junto sus hermanas Bixenta y Mertxe abrirán un merendero al que darán por nombre “Jolastoki”. Estaba situado en Neguri, frente al actual “Parque Gernika”, donde años más tarde estuvo el conocido “Restaurante Jolastoki”, y más tarde el “Aitor”. En aquel momento la auténtica experta en las lides de cocina era la mayor de las hermanas “Maria la Gipuzkoana”, nombre con el que era conocida popularmente, que tuvo una fonda en Algorta. 

Bixenta Olaizola
 
Si embargo, fue una de las hermanas, “Bixenta Olaizola”, la que daría lugar a la saga de los “Arana”. Esta mujer trabajó, antes de la guerra en el antiguo Batzoki de Algorta, junto a su marido Celestino Arana Gasteluiturri. Eran los comienzos de Neguri, cuya idea se había fraguado en 1903 de la manos de Jose Isaac Amann, constituyendo junto a Enrique Aresti y Valentín Gorbeña en marzo de 1904 con el nacimiento de la Sociedad de Terrenos de Neguri. El comienzo de aquellas urbanizaciones señoriales, vio llegar a innumerables gremios de constructores, tapiceros y carpinteros, que comían en aquel merendero. Otros de sus asiduos visitantes eran lo que se denominaba como “los señoritos de Neguri”, que iban pasar sus ratos de ocio y a echar sus partidas de cartas entre aquellas paredes, “...!era un lugar muy divertido!...”. Dicen que otros de ellos eran, también “señoritos”, estos procedentes de importantes familias bien situadas de Bilbao, que venían a casarse con las “señoritas de Neguri”. 
 
Al frente de los fogones estaban Bixenta y Mertxe, trajeron a su hermana Carmen para que les ayudara. Contrataban a jóvenes de los alrededores para completar la plantilla. Su cocina era la clásica de la época, sembrada de esos exquisitos platos tradicionales (Txipirones, merluza en salsa, bacalao, tripakallos,...), pero enriquecida por los conocimientos adquiridos en casa de los Medinacelli (gallina trufada, sopa bullabesa y otras exquisiteces). Uno de los platos que más fama les aportó fue la caza (Perdices, sordas,...), de ellas se decía que eran muy buenas salseras. El marido de Bixenta, que trabajaba en la “Aurrera” de Barakaldo, solía ayudarlas en la barra en sus ratos libres. 

  
Este matrimonio tendría un hijo: Sabino Arana Olaizola (1935-1991), quien en 1953 emprenderá la primera reforma del merendero convirtiéndolo en el “Restaurante Jolastoki”. El sería quien durante los años 60-90 daría fama a ese establecimiento, haciendo del mismo un lugar de obligada parada gastronómica. Bixenta enferma, y será su hijo Sabino Arana Olaizola quien se hará cargo de la dirección del antiguo restaurante, desarrollando sus conocimientos como cocinero. Aunque su primera profesión fue la de delineante, trabajó con el arquitecto bilbaino Francisco Hurtado de Saracho. Fue la insistencia de su madre, quien le animaría a abrazar los fogones, quien le repetía constantemente: “...en la oficina con tu jefe vas a ser uno más, y aquí serás tu solo quien guíe tu vida...”, dicen que ya entonces era un hombre de un gusto exquisito en la cocina, !Que regalo nos hizo Bixenta al dirigirlo a los fogones!. 

Poco después en 1961 se casaría con Begoña Beaskoetxea del “Txakoli Artebakarra”; que había trabajado en Bilbao en los restaurantes “Txakoliña” y “La Gernikesa”. Aquel cambio supuso crecer, entrar en una nueva fase, que evolucionó el restaurante y en esos cambios también lo hizo su cocina. Las hermanas Olaizola, como ya he comentado eran muy “salseras”, hacían la caza estofada. Sabino fue cambiando la antigua manera de hacer, convirtiéndola en algo más exquisito, de menor elaboración, ya no eran las salsas el fuerte de aquella cocina. Su cocina seguía las épocas del año, dio paso a una innovación en sus platos con el asado de la caza, Becada, Perdiz, el Perdigón (la perdiz cría). Aquella evolución, fruto de sus continuas visitas a los restaurantes de los mejores chefs franceses (Gérard Boyer y Joel Robuchon,...), trajo las formas de hacer de aquellos artistas de la cocina gala a sus fogones, logrando llevar a “Jolastoki” a ser uno de los referentes de la cocina de Bizkaia. Siempre fue un restaurante familiar. Trabajaban Sabino en la cocina con su tía Mercedes, Begoña en el comedor e Itziar en la cafetería. 

 
 
Pero aquel viejo restaurante no solo fue lugar del buen yantar. En su parte superior tuvieron una pensión, que fue visitada por innumerables personajes. Uno de ellos, quizá uno de los más entrañables que pasó por allí en los años 50, resultaría ser un joven alemán, de nombre Stefan, hombre bohemio, pintor realista, utilizaba sus cuadros como moneda cuando estaba escaso de fondos para pagar sus estancias. Aquellas paredes vieron pasar a personajes célebres como el madrileño Muguiro o los santanderinos Errandonea, en opinión de Begoña: “...era una casa interesante, casi interclasista, lo mismo estaba el chófer que el señorito...”. 
 
En la próxima entrada veremos como fue la evolución de aquel restaurante así como su cambio al actual chalet en donde se encuentra ubicado.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

CONFLICTO DE TRIBUTOS EN 1887


Los Tributos, esa vieja demanda que nobles y monarcas ya pedían en la edad media, bien para construir sus castillos, calzadas y caminos y mantenimiento de sus tropas. Las veintiún villas bizkainas ya pagaban desde el Siglo XV. En el Fuero Viejo de 1452 ya recogía como una fuente de ingresos fundamental para las arcas de los Señores de Bizkaia: “...¿Cuanto es el pedido de Vizcaya y quién lo ha de pagar?. Otrosí dijeron que los Señores de Vizcaya que hobieron siempre en los labradores su cierto pedido, é en las villas de Vizcaya hobieron siempre sus pedidostasados según los privilegios á las tales villas dados, é diez é seis dineros viejos por cada quintal de fierro...”. 
 
Impuestos que ya desde la “Matxinada” de 1766 se revolvían contra los recaudadores de impuestos y sus autores al grito de: “...Que no se pague el diezmo de la castaña; que el que tiene dos capellanías, se le quite una; que la Villa pague salario al médico y no exija sisa por ello a los vecinos...”, dedicando algunas advertencias a los clérigos: “...no salgan de casa después del ángelus, y si cayeran en pecado de fragilidad, le capen públicamente a la tercera...”. Grande era el enfado por aquellos abusivos tributos que a los baserritarras agobiaban. 

 
Años más tarde vieron los pueblos surgir, como champiñones en el campo, aquellas casetas de los llamados “Fielatos”, colocadas estratégicamente, que ya desde 1884 aparecían en Las Arenas, y más tarde en Algorta (1907) y Neguri (1932) causarían algunos conflictos, como en el que intervino quien sería el primer concejal del barrio de Areeta-Las Arenas. 
 
Así fue como Andres Larrazabal el 22 de Agosto de 1887, siendo arrendatario del establecimiento de “Baños de Mar Bilbainos”, se dirigía al “Gobierno de la Provincia de Vizcaya”. En esa misiva solicitaba que: “...para mejor servicio del público, en bien de los interese de la localidad y la Provincia los artículos de consumo, que en el establecimiento a mi cargo, solicitamos sean descargados del tranvía a pie de nuestro establecimiento...”. Al parecer los suministros, que hasta entonces así venían siendo entregados, por motivos desconocidos eran dejados en la “Plazuela de Las Arenas” (se refería a la plaza del Puente o Transbordador). 



Entre esos avituallamientos se encontraban dos barricas de vino, lo que provocó que tuviera que pagar impuestos municipales en aquel punto, además de tener que realizar nuevos portes. Cuando, sin embargo, desde hacía más de 18 años le venían siendo entregados y descargados en su propio establecimiento. La discusión surgía debido a que aquellos artículos ya devengaban impuestos en origen, en el tranvía. Y a que la nueva normativa aprobada por el Ayuntamiento de Getxo, por la cual al realizar las nuevas subastas, para el arriendo de los arbitrios municipales, obligaba a que: “...según el reglamento vigente, y disponiendo el artículo 17 del mismo, que los géneros que sean conducidos en coches correos, diligencias o tranvías, satisfarán los derechos en el punto de descarga a cualquier hora, aunque no hubieran sido comprados en la localidad...”. Solicitaba el Sr. Larrazabal que se ordenara y previniera a los rematantes de los arbitrios municipales, para que no pusieran obstáculos para que las personas por él designadas pudieran realizar la descarga en el punto por ellos establecido, sin que tuviera que pagar nuevos impuestos. 

  
Quizá esta protesta venía precedida por la que en su día encabezó en las Cortes Eduardo Aguirre, a la sazón uno de los propietarios de aquel establecimiento, que el 23 de enero de 1880 encabezó una petición en las Cortes Generales para la segregación del barrio de Areeta-Las Arenas del Municipio de Getxo, debido a la desatención que el consistorio mostraba hacia el barrio. Y que según los opositores a la misma se debía más a los intereses económicos y especulativos en la zona de Santa Ana de aquella familia. 
 
La contestación municipal no tardaría en llegar, el 30 de octubre de 1880, el Ayuntamiento de Getxo aprobaba un empréstito para la mejora del barrio de Areeta-Las Arenas.

lunes, 15 de diciembre de 2014

DOS BARRICAS DE VINO FRANCÉS


Dos barricas de vino francés provocaron en 1820 un conflicto de competencias entre el “Tribunal del Consulado de Bilbao” y el “Alcalde Constitucional del Puerto de Guecho”, que así llamaban a este último. Esta disputa generó un intercambio epistolar de gran relieve, y todo por haber hallado en alta mar unos lancheros, dos barricas de aquel néctar que en versión de algunos, debió balancear en los aires a quienes tuvieron la fortuna de catarlo, puesto que aquellas barricas, al igual que los piratas del dios Baco que se arrojaron al mar convirtiéndose en delfines, debieron enloquecer y embargar a las instituciones implicadas, para generar aquel largo pleito epistolar.

Barricas de vino francés que fueron conducidas al Puerto de Getxo el 26 de junio de 1820. Ello provocó un litigio entre el entonces Alcalde de Getxo  Jose Ramón Artega, el Cónsul del del Tribunal bilbaino Tomás de Zubiría y el prior del Consulado Serapio de Hormaza. En la sesión celebrada en el Consulado de Bilbao en aquella fecha, el Síndico José María de Aristrain expuso que: “...acababa de hacerse parte verbalmente por el Atalayero del Puerto de Guecho José María Zalduondo, que algunos lancheros habían hallado en el mar, dos, o tres barricas de vino, que las habían recogido y traído a tierra...”. En aquel oficio demandaban al alcalde getxotarra que independientemente de las circunstancias que concurrieron en el hallazgo, se debía proceder de acuerdo con las ordenanzas del Consulado, por lo que le requerían diera cuenta de la cantidad y lugar donde se habían depositado las barricas de vino.


El Consulado de Bilbao advertía el 1 de julio que: “...siendo las atribuciones de este Tribunal Consular el conocimiento de todos los naufragios sucedidos en nuestra costa de Vizcaya y el conocimiento, la custodia de todo lo que el mar arroje a las playas...”, debía notificarse al mismo los datos solicitados.

Intervino incluso la Comandancia de Marina, que el 3 de julio de 1820, cursaba circular al Alcalde de Getxo, firmada por Luis Gonza de Ibarra, en la que se daba por enterado del conflicto de competencias, y en base a lo expresado en la Real Orden del 17 de abril de 1752, solicitaba se le notificase por parte del Ayuntamiento todo lo concerniente al mismo. Según la Real Orden: “...correspondía al consulado de Bilbao entender de los naufragios que ocurriesen en Vizcaya...”.

El 5 de julio de 1820, nuevamente el Consulado insistía ante el consistorio de Getxo, en la necesidad de que aportasen datos relativos a: “...número y lugar donde se hallan las barricas de vino...,...y que en caso de hacerse caso omiso a lo contemplado en las ordenanzas, se deberá tomar todos los medios necesarios para la observanza de las resoluciones de la Real Orden...”.


El 8 de julio el Alcalde de Getxo contestaba al exhorto del Consulado indicando que: “...entregaré el expediente que hubiese firmado con las barricas salvadas a Jose Ramón de Zalduondo, comisionado de ese tribunal...”. Y mientras seguían las disputas entre ambos estamentos en litigio, con cartas al Comandante de Marina, refiriéndose a artículos legales del Decreto de Cortes del 7 de octubre de 1812, que en sus artículos 5 y 6 concedían a los alcaldes: “...Art. 5º Conocer todas las demandas civiles que no pasen de 500 reales de vellón...,...Art. 6º Conocer todas las diligencias judiciales sobre asuntos civiles hasta que lleguen a ser contenciosas entre partes, en cuyo caso las remitirán al Juez del Partido...”. En dichos artículos fundaba el Alcalde de Getxo su prevalencia para entender el conflicto generado por el hallazgo de las barricas de vino francés.

El Consulado, por su parte insistía,: “...si usted hubiera consultado imparcialmente el espíritu de los Reales Decretos de Cortes que menciona, se hubiera convencido que su referencia se limita a los negocios civiles y criminales que ocurren entre individuos sujetos a la jurisdicción pedánea u ordinaria de los Alcaldes...”. Hablaban de que el número y lugar no justificaba el no atender las ordenanzas del Consulado. El 24 de julio insistan en que aún no se había notificado por parte de Getxo los datos requeridos por el Consulado de Bilbao.

Por parte del Consistorio getxotarra se insistía en que aquel hallazgo se había producido en diferentes épocas, y diversos expedientes, no llegando ninguno en cantidad a lo establecido en el Articulo 11 capitulo 3 del Real decreto de 9 de octubre de 1812, aquello más parecía una mesa de ping-pong chino, en que la bola iba de un lado al otro sin verse la solución. Ya que el Consulado insistía: “...nunca la cantidad hace cambiar la sustancia de las cosas...”; además concluían con que: “...Si las dos barricas que arrojadas por el mar fueron halladas por los pescadores de ese Puerto, no alcanzan en el valor de cada una al leve de quien se comete el conocimiento exclusivo, a los Alcaldes por los Decreto de Cortes, se deberá tener entendido que esta jurisdicción solo se ejerce en asuntos contenciosos de entre partes, y que donde no ha habido Alcaldes Ordinarios, como en ese Pueblo, los Constitucionales no están autorizados para procedimientos de oficio...”. !Por fin parece que afloraba el verdadero conflicto de intereses!, el Consulado quería que se sustanciase: “...a cual de las dos autoridades competía entender del “negocio”...”.


El 2 de agosto el Alcalde de Getxo anunciaba que iba a ser enviado el expediente de aquel hallazgo por correo al Tribunal Supremo de Justicia del Ministerio de Hacienda, quien se daba por enterado el 28 de septiembre de 1820. Quien el 14 de octubre sentenciaba: “...el conocimiento de estos autos corresponde al Consulado de Bilbao...,...y remita al tribunal competente el expediente sobre la segunda barrica de igual calidad que el primero...”, aquellos expediente sumaban 22 folios uno y el otro 14, lo que a todas luces parece un exceso para, aparentemente, tan nimio litigio.

Por fin aquella información fue facilitada por el Alcalde Constitucional de Getxo, quien incluía varias declaraciones de los lancheros, firmadas en 6 de junio de 1820, por Antonio de Aldecoa y Juan Bautista de Ibarra: “...el lanchero Antonio de Aldecoa encontró en el Abra una barrica de vino pequeña, que condujo a nuestro puerto, que quedó guardada en la tejavana del muelle...”, seguía la declaración del lanchero: “...que en la mañana del día de ayer, salió nuevamente de Algorta con su lancha a la mar, con el objeto de abordar y pilotear barcos, habiendo venido al regreso por el punto denominado “Azcorri”, donde halló una barrica que al parecer contenía vino, conduciéndola a este puerto y dando parte al Alcalde...”.

Al parecer el segundo lanchero acompaño al primero en su lancha en aquel percance. Una vez el la tejavana del Puerto, aquel vino fue trasegado a un vaso, en presencia del Alcalde Asociado José de Aguirrebengoa y del médico Thomas de Libarona y otros vecinos. Al parecer, la conclusión fue: “...que el vino era de procedencia francesa, no se hallaba aún en condiciones de hacerse uso del mismo, pues estaba revuelto y turbio...”, por lo que acordaron esperar a que reposase para volver a catarlo.


Al parecer aquel vino fue reconocido con de excelente uso y acordado sacarlo a remate publico, en los lugares habituales de Getxo. Aquel remate se realizó en la casa denominada “Echebarri” del Puerto de Algorta el 13 de julio de 1820 y adquirido por Juan Bautista de Arriaga.

Al parecer aquel conflicto continuó generando papel, pero seguro que aquel Beaujolais despertó inolvidables historias en el Puerto de Algorta, y que como en la canción “!Ai Mari Migel!”, de Felipe Abásolo de Ubidea, tras catarlo, alcalde, medico, y vecinos, terminarían cantando alguna de sus estrofas:

...Ai Mari Migel
¿nun dona arkondarie?
Ai Mari Migel ¿nun dona katue?
Zapi ta zapi esanagaitik, eztona kentzen katue.
Sekula bere eztot ikusi onelan neure burue.
i Ai Mari Migel!...”

...Ay Mari Miguel! ¿dónde tienes la camisa?
¡Ay Mari Miguel! ¿dónde tienes el gato?
Aun diciéndole zape y zape,
el gato no se quita.
Nunca me he visto de esta manera.
¡Ay Mari Miguel!...”.

viernes, 12 de diciembre de 2014

EL RELIEVE DE GETXO y -II-


Siguiendo con mi anterior entrada “El Relieve de Getxo -I-”, hoy traigo la segunda parte en la que veremos los levantamientos topográficos realizados por Salvador Garcia Cerón en Neguri y Algorta.
 
En otro de aquellos cuadernillos, en los que rotulaba a mano “Plano de Población de Algorta”, iba describiendo las coordenadas de algunos puntos de este barrio. En él realizaba el taquimétrico de lo que denominaba “Barrio de Pescadores” y “Estación de Ferrocarril”, pero que, sin embargo, recogía algunas calles del centro de Algorta. 



En la hoja 1 aparecía la parcela del Ayuntamiento en construcción.


En su tercera y cuarta hoja aparecía la calle San Nicolás.

 
En la quinta hoja se podía ver la “Cuesta de San Ignacio” con su lavadero. 



Desde la sexta hasta la diecinueve iba describiendo algunos puntos del Puerto Viejo. 




 
En otras hojas se recogían la “Casa Barco” y la “Iglesia de San Ignacio”. 

 
En la hoja 21 recogía el “Parque de Urkijo Baso”. 


 
En la hoja numero 39 aparecía la correspondiente al “Casino Algorteño”. 

  
En la hoja 46 y 47 la “Iglesia de San Nicolas” y el Viejo Ayuntamiento. 

 
En otra de aquellas hojas, está sin numerar, recogía el “Lavadero del Puerto” (Riberamune), con el “Matadero Viejo”. 



También sin numerar aparecía el conjunto del “Barrio de pescadores del Puerto” y la “Batería San Ignacio”. 

 
Al final del primer cuadernillo recogía un plano elaborado a mano de la “Estación de Algorta”, en el que anotaba que el ancho de vías era de un metro. 

 
En la hoja 173 aparecía la “Playa de Ereaga” y el “Balneario de Igeretxe”. 

  
Otro de los cuadernillos está dedicado a Las Arenas “Vértices de Poligonación”, desde las paginas P180j hasta la 184 recogía la “Cofradía de Pescadores de San Nicolas” (Arriluze), la dársena y el faro. 
 
En el plano de población de lo que denominaba “Neguri”, en su hoja numero 12, aparecía la zona que abarca desde la casa de Lezama Leguizamon hasta Punta Begoña, área a la que denominaba como “Palacio Costa Rica”. 

  
En las hojas números 13 y 15 describía la zona de la estación de Neguri. 



En la última hoja aparecía un plano con líneas que definían las zonas de trabajo de Algorta, que el topógrafo había realizado, acompañado de unas hojas que detallaban las coordenadas de la población. Estaba fechada el 24 de octubre de 1924. En la aparecía una curiosa indicación: “...Paso de la estrella por el meridiano superior el día 25 T.M.C.D. = 23 h – 19 min – 13 seg...”. 

 
Así finalizaba la descripción de algunas zonas de Getxo, ya que en aquel trabajo no se recogían ni Andra Mari, Fadura, Baserri ni Romo. Pero esos viejos trazos con sus referencias y coordenadas, nos describían levemente algunos punto de nuestro Pueblo en aquellos años de 1923, cuando el Servicio Cartográfico comenzó a modelar un plano moderno de Getxo.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

EL RELIEVE DE GETXO -I-


Los inicios de la cartografía en Europa cabría situarlos con posterioridad al Siglo XV, ya que en esa época eran prácticamente inexistentes los topográficos, y no será hasta 1650 (Siglo XVII) cuando se producirá la explosión cartográfica. En la península habría que situarlos a comienzos del Siglo XVIII, ya que en 1856 se crea la Comisión Estadística General del Reino, órgano civil de carácter consultivo. En Diciembre de 1923 se creaba el Consejo Superior Geográfico, cuya misión fue la de planificar la información geográfica y la cartografía del estado, servicio que quedaría militarizado por la dictadura de Miguel Primo de Rivera.
 
Y es en esos años 1923-1924 cuando el Instituto Geográfico y Estadístico comienza a elaborar la documentación preparatoria del mapa topográfico de Bizkaia. En ese momento el relieve de Getxo empezó a tomar carta de naturaleza, mediante un levantamiento topográfico, que incluyó a la mayor parte del municipio. Se realizarían apuntes que servirían más tarde para hacer los planos de Las Arenas, Neguri y Algorta, en suma de las áreas urbanas más pobladas de nuestro municipio. 

 
En unos cuadernillos cuyo título de cabecera era “Mapa Topográfico de Vizcaya”, el topógrafo Salvador García Cerón, comenzaba a tomar sus primeros apuntes. En primer lugar realizó los apuntes topométricos de Las Arenas. En su cuadernillo escribía “Plano de Población de Las Arenas, Poligonación”. En él iba describiendo las estaciones, los puntos observados y las lecturas de los mismos: 
 
En su tercera hoja recogía el entorno de la Ermita de Santa Ana, en el aparecía la propia Ermita, una zona de chalets y una finca que denominaba “Villa Carmela”. 

 
En la cuarta hoja recogía la zona del muelle, más concretamente la zona de la “Rampa para Botes, la “Cooperativa Cívico Militar” y una extensa finca denominada “Villa Luz”, le seguía a continuación el “Palacio Uriaurre”. 

 
En la hoja 15 describía la zona del muelle del “Puente Vizcaya”, en la que se podía observar las vías del tranvía, casi frente a él, un poco a su izquierda, como a unos doscientos metros tierra adentro, había unos “Urinarios”, se supone que públicos; justo frente a ellos y a otros doscientos metros, hacia el interior, aparecía una fuente pública. A la izquierda del levantamiento, dejando en la parte inferior la ría, estaba la calle Paulino Mendivil, a su izquierda y formando una especie de triangulo, y hacia la mitad de la altura, se podía ver la anotación “Bomba de Gasolina”.

  
En la hoja 19 aparecía la denominada “Escuelas Municipales Mixtas” y bajo ella la “Plazuela de los Arcos”, a la derecha del plano podía verse la “Calle la Estación”. 

 
En las hojas 21 y 21bis se representaba la Iglesia de Las Mercedes. 

 
En la hoja numero 23 y 28 estaban incluidos el solar del antiguo Mercado de Las Arenas y la “Plaza de los Mercados”. 

 
En la hoja 27 recogía la punta de Churruca con el paseo de la playa.


 
En la hoja 31 describía el embarcadero al que denominaba como “Embarcadero de la Reina Victoria”, la zona correspondiente al flotante la definía como un “Pontón de Madera”.


En la hoja numero 36 se representaba el final del “Paseo de Zugatzarte”, con las escaleras que daban acceso a la carretera de Asua-Neguri.

 
Finalizaba aquel taquimétrico con un plano de la vieja estación de Las Arenas, con la conformación característica en forma de “Y”, punto de encuentro de las líneas para Bilbao y Algorta. Quedaban en su parte inferior izquierda la de la estación, con los andenes y cocheras, en su extremo inferior se podía ver una plataforma giratoria. 

 
Le seguía otro cuadernillo, este de “Vértices de Poligonación”, que iba recogiendo esos puntos de encuentro de calles y plazas, en uno de los cuales, en sus hojas P16b y P17 C y D, se podía ver lo que denominaba como el “Embarcadero de la Reina Victoria”. 

 
Curiosamente en uno de aquellos cuadernillos en el que aparecían las “Referencias de la estación de Ferrocarril”, nos dejaba una curiosa anotación: “...Las referencias de los detalles de la estación de ferrocarril de Las Arenas...,...no se pudieron tomar con cinta por el enorme trafico y movimiento de dicha estación (cerca de 100 trenes diarios)...”, !un poco exagerado aquel topógrafo!, ya que de ser ciertas sus afirmaciones pasarían cada 15 minutos los trenes. 

  
La descripción que realizaba aquel taquimétrico, nos iba dando las pistas de como debía ser nuestro barrio, en aquellos años de principios del Siglo XX. Para no hacer demasiado extensa esta entrada, en la próxima, aparecerán Neguri y Algorta.