MEMORIAS DE GETXO

miércoles, 26 de julio de 2017

ESCENARIOS DE LAS FIESTAS DE SAN IGNAZIO



Las celebraciones de las fiestas de San Ignazio, las de Algorta, han visto cambiar su escenario festivo a lo largo de los años, pero siempre han conservado algunos de sus actos centrales.


Durante el siglo XIX, el escenario de las fiestas era la zona del Castillo (Usategi). En 1867 trasladándolas a la Avanzada, los vecinos protestaron y las fiestas volvieron al Castillo. Ereaga era otra de las zonas que tradicionalmente se ha venido utilizando como espacio festivo por San Ignazio, en ella se celebraban todos los festejos relacionados con astados, que se corrían en dicha playa, fundamentalmente se trataba de toros embolados.


Durante 1884 dos eran los lugares de celebración, la playa de Ereaga para los astados y juegos, y la plaza de San Ignacio para romerías y fuegos de artificio. Los fuegos eran uno de los platos fuertes de las fiestas. Juegos como los de “La Samaritana y Cantaros” se realizaban entre Calvetena y Mantequena, en la entonces calle Mayor (Avenida Basagoiti); la primera estaba en el n.º 19 próxima a Iturrieta (casa de Pachiquin Aldecoa junto a San Nikolas) y la segunda en el n.º 30, cercana a la Plaza de Tellagorri, era una tienda con cuadra.


Las fiestas de San Ignazio de 1878 contaron con una iniciativa del Ayuntamiento de Getxo, para fomentar las atracciones de cara a los visitantes y hacer más grata la estancia de bañistas. En esos días festivos que iban desde julio a agosto (San Nikolas), decidieron que los domingos, por la tarde, tocara la charanga y el tamboril en el Paseo de la Avanzada. Algorta contaba en ese año con 1564 habitantes. En ese año en la campa del Castillo se estaban instalando los cañones de la batería, por lo que se trasladaron las fiestas a la plaza de San Nikolas.


Las fiestas de Algorta en 1886, fueron los días 31 de julio (San Ignacio) y el 8 de agosto (Octava de San Ignacio). Iban a tener como escenario la plaza de San Ignacio, con diversos jugos, fuegos artificiales y asistencia de la banda de música y tamborileros, imprescindibles en todas las fiestas, aunque también lo eran los corros de acordeonistas ciegos. El “Casino Algorteño” era otro de los centros festivos con sus bailes, que la prensa Bilbaína anunciaba.


Las fiestas de julio de 1890 fueron las elegidas para la inauguración de una plaza de toros construida en la localidad. Era de madera y contaba con palcos, tabloncillos, tendidos de barrera y contrabarrera, tenía cabida para unos dos mil quinientos espectadores. Los artífices de aquella nueva atracción fueron Manuel Eguia, Félix Viot, Pablo Arsuada, Juan José Bilbao y Juan José Sarria. 


Por entonces tenían mucho arraigo las de San Nikolas, que ya en 1881 ofrecían entre los actos festivos regatas, novillos y fuegos de artificio en la plaza del santo. La zona del Castillo era la que se veía confirmada como lugar de celebraciones, el 27 de febrero de 1892, en el diario “El Nervión”se incluía un anuncio en el que se decía: “...En la zona del Castillo donde se celebran las romerías...” Aún no se había terminado la construcción de la iglesia de San Ignacio (la bendición de la misma se efectuó el 21 de marzo de 1892), más tarde parte de las mismas pasarían a esa zona.


En el siguiente siglo (XX), las actividades festivas: Toros embolados, Banda de Música, los llamados “Tamborileros”, las actuaciones de Aurreskularis, y las romerías, veían alternar los espacios festivos entre la Plaza de Maria Cristina a la de San Nikolas de Bari (también llamada de la Constitución), y las Plazuelas de Florencio Larrondo y San Ignazio. La zona del Castillo y la paya de Ereaga seguían apareciendo dentro de los espacios festivos. El Criterium Ciclista “Circuito de Getxo”, la “Travesía del Contramuelle de Arriluze”. En 1903, algunos de los festejos que se celebraron durante las repetición de San Ignazio, el día 9 de agosto, fueron el de los “Ciegos inteligentes”, “Sopa boba” o las “Carreras de andarines”; la romería se celebró en la plaza del santo.

Ya avanzado el siglo las barracas en Ereaga empezaron a tener gran relieve entre las atracciones de fiestas. En 1923 los concursos de trajes de niños estaban de moda, y la banda de música de Galdakano acudía a Algorta para amenizar las romerías.


El “Circuito de Getxo” ya causaba furor entre los aficionados al ciclismo, se celebraba su VIII edición (ver fotografía superior), de 1934 podemos ver el paso de los ciclistas por el “Puente Peligro”. En 1935 el Circuito de Getxo seguía arrastrando aficionados al paso de los ciclistas por Ereaga y Txomintxu (ver fotografía inferior).

Uno de los festejos que ha ido perdurando en el tiempo es la “Tamborrada” (bajada a Eeraga) que recorrería las calles de Algorta desde cuatro caminos hasta Txomintxu, y que ya era recogida en el programa de fiestas de 1935.


Los hoteles, fondas y las casas particulares venían a mejorar la oferta para nuestros visitantes. Entre ellos estaban la nueva fonda de las Elorrianas, titulada “La Buena Vista”; la “Fonda San Ignazio” de Miguel Uria, el “Hotel de Justo Ugarte”, el “Hotel Eguia”. Los medios de comunicación Tranvía y Ferrocarril acercaban a gentes de poblaciones cercanas ávidas de fiesta.


Es esta una pequeña vista por las fiestas de San Ignacio y sus espacios festivos, que nos trae hasta las actuales, en las que algunos festejos y localizaciones vuelven a repetirse, Ereaga, Avenida Basagoiti y Plaza de San Nikolas son alguno de ellos.



Eraso sexistarik
Gabeko Jaien Alde”

Por unas fiestas libres
de agresiones sexistas”


!ONDO PASA

martes, 25 de julio de 2017

FIESTAS DE SANTA ANA EN EL SIGLO XIX


Este año no quería dejar pasar las fiestas de uno de nuestros “barrios”, uno de los lugares más olvidados, aunque no siempre fuera así, ya que fue uno de los lugares de culto festivo de otras épocas, Santa Ana.

Las Fiestas de Santa Ana estuvieron siempre ligadas a la ermita de su nombre, fundada por Francisca Labrocha, viuda de Máximo Aguirre, en 1864, en un espacio que tan solo era un arenal. Hoy es una zona urbana situada en los cruces de las calle Santa Ana con Máximo Aguirre.

La imagen de la Santa que da nombre a la ermita fue adquirida por su fundadora en Paris, desde 1864 hasta 1876 fue el único lugar de culto con que contó Las Arenas. Esta ermita es patrimonio de los herederos de Máximo Aguirre. Su fiesta se celebra el 26 de julio siendo fiesta local del barrio.


Las Fiestas de Santa Ana fueron unas de las más concurridas del Siglo XIX. Las primeras referencias de la festividad aparecen en la prensa bilbaína en 1875, cuando la zona era denominada “La Playa de Lamiaco”. El diario “El Noticiero Bilbaíno” del 27 de julio de aquel año, refiriéndose a la celebración de esa festividad decía: “...se celebra la tradicional y animada romería de Lamiaco, en la que según costumbre de otros años, tuvimos el gusto de admirar una vez más aquel pintoresco punto en el día de la Santa…” Y la prensa preguntaba sabedora de la respuesta: “...¿Qué habrá mañana en las Arenas?...” Se celebraba el día 30 la repetición de la fiesta, y llamaba la atención el continuo ir y venir de carruajes, algunos alquilados en las cercanías de la “Plazuela” de Las Arenas (Actual Bizkaiko Zubia Emparantza) y los más en Bilbao; otro de los medios de transporte era el tranvía de tracción animal. Aún faltaban once años para la inauguración de la estación de ferrocarril.

Al barrio acudían gentes ávidas de fiesta, de todas partes, Bilbao incluido, porque ofrecía lo que la prensa denominaba como: “...un lindísimo paisaje; una brisa bienhechora que abre el apetito, pudiendo satisfacerlo instantáneamente con manjares bien condimentados, toda clase de distracciones para los que no tienen otra cosa en qué pensar, que en dar gusto al cuerpo...” Se referían al establecimiento de “Baños de Mar Bilbaínos”, propiedad de los fundadores de la ermita, al que solían acudir las élites del bocho. La encargada de la atracción músical en aquellas fechas era una orquesta denominada “La Armónica”. Entre los refrescos que se consumían, se pueden citar como los de mayor demanda, la cerveza inglesa y los de limón helado.


Ya para 1891 la prensa, al referirse a las Fiestas de Santa Ana, decía: “...Es incalculable el número de viajeros que los ferrocarriles y tranvías de ambas orillas de la ria trasportaron ayer, deseosos unos de respirar las frescas brisas del mar y los más para presenciar en Las Arenas la tan renombrada romería de Santa Ana…” Aquel día el ferrocarril de Bilbao a Las Arenas trasportó 11.901 viajeros y el de Portugalete 15.000.

En 1893 los animadores de las romerías de Santa Ana eran la Banda de Música de Algorta, los coros de ciegos y los pianos de manubrio, que acudían a todas las celebraciones de Getxo.

Llegaba 1894 y las fiestas de este barrio comenzaban, como todas en la época, en medio de un fervor festivo que atraía a vecinos de otras poblaciones cercanas, Bilbao incluido. Celebrándolas con la tradicional romería en la campa contigua a la iglesia de Santa Ana. La amenización corrió a cargo de la banda de música de Getxo, de la que no hacía mucho se había hecho cargo el maestro Millán de Armero. La romería nocturna se celebró en la Plazuela de Las Arenas, junto al puente Palacios (Puente Bizkaia), iluminada con farolillos a la Veneciana. La repetición de la fiesta se celebró el día 29 de septiembre con carreras de mujeres con cantaros en la cabeza, diversión denominada de la “Samaritana”. Le siguieron, por la tarde, una cucaña en la ría, seguida de un juego que llamaban “patos enterrados”. No faltaron al anochecer los tradicionales fuegos de artificio. Tal era la atracción de gentes de otros aledaños, que la compañía del ferrocarril de Bilbao a Las Arenas estableció un servicio especial con una frecuencia de 20 minutos, hasta las 21:10 horas de la noche.


La repetición de la festividad el día 29 de septiembre resultó tan vistosa como la del 24. La música de las romerías, los artífices de la misma: los pianos de manubrio, gaitas, guitarristas y los célebres tamborileros, venidos de Otxadiano contratados por el Ayuntamiento de Algorta, que así llamaban en la época al de Getxo, hicieron las delicias de los miles de personas que acudieron al barrio. Era una época en la que para hacerse idea del gentío que acudía a las fiestas baste saber lo que escribía la prensa bilbaína sobre los transportes: “...Los tranvía y trenes eran tomados materialmente por asalto, tanto a la ida como a la vuelta...” Y al igual que hoy los carteristas aprovechaban para hacer su negocio. Así terminaba el Siglo XIX.



Las celebraciones de Santiago y Santa Ana fueron fiestas de gran popularidad durante los años 50-60 del pasado siglo. Su antigüedad, con constancia escrita se remonta a finales de 1875. Tan solo habían pasado 11 años desde la construcción por Francisca de Labroche, viuda de Máximo Aguirre de la célebre ermita del barrio de Areeta-Las Arenas.

sábado, 22 de julio de 2017

AIXERROTA, PAELLAS 2017


Han pasado 61 años desde su primera edición. Y ya están de nuevo aquí, deseadas por propios y extraños como cada año desde 1956 en que se celebraron las primeras en las proximidades del campo de fútbol del “Azkorri”, junto a las semiderruidas tapias del pinar de la Vda. del Marqués de Rivas, en las proximidades de Goienetxe, hasta las de 1970 en que se trasladaron a las landas de Aixerrota.


Las Paellas nunca han fallado en nuestro espacio festivo, dando lugar a una de las celebraciones más esperadas por los vecinos de Getxo. Enclavadas en uno de los parajes más bellos de nuestro municipio, desde hace 47 años en Aixerrota, como decía un escribano de época: “...En estos días de verano, en un espacio con una belleza radiante, y además !A la orillita del Mar!...”


En primer lugar dedicar un pequeño recuerdo a aquel grupo de amigos y promotores de esta fiesta: A Damián Ayo, Antonio Bilbao (+) y Félix Yurrebaso (+). Algunos de ellos nos acompañaron en las paellas del pasado año. Esta cuadrilla formaba la sociedad “Irurena”.

Y rememorar pasadas ediciones. Este año toca recordar a las de 1971. Aquel año fueron nada menos que 380 paellas las presentadas a concurso, a las que la prensa local tildaba de: “...Obras de arte gastronómico...” Y a pesar de que un diario llamaba a los organizadores “...los de Ibai Gane...” Lo fueron como siempre, los de la Sociedad “Itxas Argia”. Las landas fueron llenándose poco a poco de gentes venidas de todos los barrios del municipio y poblaciones cercanas, aunque también lo hicieran las cuadrillas llegados de otros confines: irlandeses, bretones, incluso alguno procedente del lejano Egipto. De calentar el ambiente se encargaron nuestros txistulatis, acompañados de dulzaineros y acordeonistas.


Más de 20.000 personas de todas las edades se dieron cita en las campas de Aixerrota. Aquel año los Socut de Algorta se encargaron de la organización del tráfico y de los aparcamientos. La carne y el marisco se alternaban en las preparaciones. El aspecto de la campa era impresionante, el espacio festivo aparecía cubierto por más de ochocientos metros cuadrados de lonas y tubos; 20.000 litros de agua y seiscientos de arroz fueron los utilizados para la preparación.


Simultáneamente al certamen de paellas, se celebró el “Concurso de Txoznas”, como ya venía siendo tradición desde sus comienzos en Azkorri. El jurado estuvo compuesto por Echevarria, Aguirrezabal y Aguirrebengoa. Finalmente el número de paellas presentadas fue de 380, y las txoznas pasaban de 310. La parte más vistosa fue como siempre la presentación de las paellas ante el jurado para el “pobrateko”. A pesar de que el sol apretaba desde la mañana, muchos curiosos se agolparon en torno al recinto para disfrutar, no sin envidia, del suculento paisaje que el arroz, los mariscos y la imaginación de los sukaldaris, ofrecían.


La tarde era el momento más esperado por los participantes. Comenzó la entrega de premios, en primer lugar la de Txoznas, que quedaron en los participantes locales:

El primer premio fue para una reproducción de la ermita de Santa Koloma de Martiartu, premio que obtuvieron los de “Euskal Erri´ko Lagunak” de Algorta; el segundo recayó en “Los Formales”, de Romo; el tercero para “Gure Ikastola,” de Getxo y el cuarto para “Apolo XV,” de Algorta.

Los premios a las paellas fueron concedidos a las siguientes cuadrillas:

Primer premio para “Alkarrak” de Portugalete; segundo para “Encartaciones” de Ortuella; tercero y cuarto premio recayeron en cuadrillas de Bilbao “Atxuritarrak” y “Los Silenciosos”; el quinto para la Sociedad “Gotari” de Gernika; el sexto para “Los Aitas” de Deusto; hubo que esperar hasta el séptimo premio para que les tocara a los de Getxo, fueron “Gema y Paul” los agraciados; los tres siguientes recayeron en visitantes donostiarras.


La paella de los ganadores, que tuvo un metro y veinte centímetros de diámetro, fue condimentada con veinticinco kilos de carne (Pollo y Conejo), ocho de arroz. De la misma salieron 109 raciones, a un coste de 50 pesetas. Los sukaldaris que intervinieron fueron, dos para mover la paella, otro para el guiso, y dos más para ir entregando los condimentos y controlar el reloj. El adorno fue completado con langostinos. Y los premios obtenidos fueron una paellera, una copa de la Diputación y un asador.

Casi volviendo al comienzo de la entrada, no quiero dejar pasar la oportunidad de recordar una vieja foto (ver fotografía inferior), pertenece a las primeras paellas en Azkorri (1958), en ella aparecen:

Empezando por la fila de arriba y de izquierda a derecha:

Egaña, Arrienda, Basozabal, Floren Isla, ? , Jerón Madariaga, Dulce, ?

Los de la fila de abajo y de izquierda a derecha:

? , ? , Igual, Lores, ? , ? , Basozabal


Hasta aquí un pequeño recuerdo de las Paellas de 1971, las próximas serán las mejores, gracias al trabajo de la Sociedad “Itxas Argia”, que por su buen hacer venimos disfrutando desde hace 61 años de una de las fiestas de mayor animación de toda Bizkaia.



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Por unas fiestas libres


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NOS VEMOS EN AIXERROTA
 !ONDO PASA!

jueves, 20 de julio de 2017

WATER-POLO EN LA RIA, AREETA Y ARRILUZE



Esa modalidad de juego, según algunos escritores, apareció en Glasgow en 1869, y era considerada como “fútbol acuático”. Al parecer, tuvo su primera referencia en la prensa escrita en 1879, a juzgar por lo publicado por el diario ingles “Times”, el 21 de julio, que aludía a lo que consideraban como: “...curioso deporte formado por dos equipos de siete hombres llamado Foot-ball acuático…” Y que el editorial noticiaba así: “...en la tarde de ayer, en la pileta del West-End, dos equipos formados por siete hombres cada uno, bajaron al agua para medirse en el juego de Foot-Ball acuático...”
El origen del nombre parece que viene de la necesidad de entretenimiento para el público que asistía a las largas sesiones de natación, en cuyos intermedios se ofrecía un espectáculo de diversión consistente en: “...dos equipos montados sobre barriles de madera con cabeza de caballo. Estos eran manejados por remos y utilizaban una pelota para convertir los goles, de manera similar al polo tradicional...” De lo que derivó una parte de su nombre a partir de la palabra de origen indio “Pulu” (Pelota), cuya pronunciación es “Polo”, y que junto al lugar en el que se practicaba “el agua”, daría origen al compuesto de “Water-Polo”.

Esa actividad lúdica el “Water-Polo”, fue reconocida como deporte de competición por la “London Swimming Association” en 1885. Durante los siguientes años pasó al resto de Europa, en 1889 llegó a Hungría, en 1890 a Bélgica, en 1894 a Alemania y Austria, y en 1895 a Francia. Se incluyó en los Juegos Olímpicos de 1900, en la Olimpiada de París, como deporte de exhibición. En la península el primer partido se disputó en 1908 en Barcelona.


Y sin embargo parece que el deporte rey de la época, el Football, solo dejaba paso al Water-Polo en la época estival. Es como si el tiempo no corriera, como si llegados a nuestros días, diéramos un salto en el tiempo, parece que la afición a los deportes se repitiera, ya que desde principios del pasado siglo ya se decía, al referirse a la llegada del verano, refiriéndose a los deportes de moda: “...Llega la temporada estival. ¿Acabado el football, en verano se puede practicar algún deporte? Repasamos las secciones de náutica del Club Deportivo, Canotaje, Natación, Water-polo, es este último, que se pueden realizar en un puerto de mar, uno de los más completos ya que une el juego de pelota con la natación…”

Este fue el deporte que en las dos primeras décadas del Siglo XX se practicaba en nuestro litoral, tras acabar la temporada del eterno football. Sus escenarios en Getxo fueron nuestra ría, el embarcadero de Las Arenas y la dársena de Arriluze en Algorta.


La revista deportiva madrileña “Gran Vida” ya recogía noticias relacionadas con esta competición, en un monográfico dedicado a Donosti. Información que la rotativa “El Noticiero Bilbaíno” del 21 de septiembre de 1908 sacaba en su tercera página: “...Se ha publicado el número 63 de la revista deportiva Gran Vida, con amplia y notable información de la vida veraniega, fiestas y deportes en San Sebastián, con Carreras de natación y Water-polo...”

Pero será en septiembre de 1912 cuando se recogerá en dicho diario por primera vez dichos torneos en uno de los escenarios más bonitos de la época, en el cual se celebraron campeonatos de diferentes especialidades relacionadas con la natación, la ensenada de Arriluze. Que tal y como relataba en mi entrada del 15 de septiembre del 2016 “Los Deportes Acuáticos en el Abra”: “...Una de las primeras incursiones en la prensa local, de dicho deporte, se produjo el día 22 de septiembre de 1912. Dicho día se celebró una excursión al Abra, organizada por el Club Deportivo de Bilbao, que a bordo del remolcador “Andrés”, partieron desde la villa de Don Diego rumbo al contramuelle de Algorta, lugar en el cual desembarcaron cerca de cuarenta deportistas. Dentro del rompeolas organizaron un concurso de natación en el que tomaron parte veinte nadadores. A continuación se jugó un partido de “water-polo”, una de las modalidades estrella en los siguientes años...”


Ya en 1913, el domingo 1 de septiembre, se jugaba un encuentro de Water-Polo frente al Arriaga, cargo del “Portugalete” y el “Club Deportivo de Bilbao” que envió sus equipos A y B, el primero ostentó distintivo rojo y el segundo blanco. El juego debió llamarse “barro-polo”, pues el agua de la ria, a consecuencia de las fuertes lluvias, aparecía convertida en barro. Por esas fechas se aprobaba por Real orden el Proyecto de reposición de bloques defensa del rompeolas y refuerzo de la escollera del mismo y del muro de defensa de Las Arenas y la Mojijonera. Así como las obras de alquitranado de la carretera de Las Arenas a Algorta. Ese mismo año con motivo de las fiestas patronales de Portugalete, se jugo un partido de Water-Polo en la ría frente a Las Arenas, tanto el muelle de Portugalete como el de Las Arenas se hallaban abarrotados de numeroso público. Sobre las boyas y junto a los remolcadores se podía ver a los contendientes.

Mientras el día 14 de agosto de 1914 tuvo lugar en la Casa Consistorial la subasta de las obras de construcción del mercado de Las Arenas bajo un presupuesto de 64.360,50. En el embarcadero de Las Arenas se celebraba un partido de Water-Polo entre el Deportivo y el Arenas, en las escalerillas del embarcadero se agolpaba numeroso publico, y eran las embarcaciones quienes acotaban el campo de la competición. El “I Campeonato de Vizcaya” de water-polo se celebró en 1917.


Aunque el Water-Polo aparecía y desaparecía en la prensa, periódicamente volvía a las paginas de la misma, algunas veces como simple anuncio de nuestro Consistorio. El 24 de julio de 1922 el Ayuntamiento de Getxo insertaba un anuncio el diario “El Noticiero Bilbaino”: “...Con motivo de las festividades de Santa Ana. San Ignacio, San Nicolás y la Asunción de Nuestra Señora, se celebrarán en este Municipio romerías los días 26 y 30 de julio, en Las Arenas; el 31 d e julio y 6 de agosto en San Ignacio; el 11, 12 y 13 de agosto en Algorta y el 15 y 16 de agosto en Santa María de Guecho, teniendo lugar carreras ciclistas, regatas de botes, concursos de natación-campeonato de Guecho, partido de water-polo, cucaña con fuga de patos, concurso de aurrekularis...” Hacían referencia en el mismo a que otros detalles de los festejos aparecían en el Programa de Mano.

El embarcadero de Las Arenas era otro de los marcos elegidos para la práctica de este deporte. El domingo 28 de septiembre 1924 se celebro en Las Arenas un campeonato de natación organizado por el Club local: “...quedó en primer lugar como Campeón de Vizcaya, Blas Echave del Arenas Club, en la modalidad 200 metros braza de pecho...” En el marco de esta competición se jugó un partido de Water-Polo entre los equipos del Club Deportivo de Bilbao y el Arenas Club, que empataron a dos tantos.


Bajo los auspicios de la Federación Vizcaína de Natación Amateur y organizado por el Club Deportivo de Bilbao, se celebró los días 13 y 20 de septiembre de 1925 el “Campeonato de Vizcaya de Water-Polo”. Se celebro en dos tandas, la primera se jugó el día 13 ( domingo) y la segunda el día 20 (domingo). Se compitió en el escenario del embarcadero de Las Arenas, el primer día se enfrentaron los equipos del Club Deportivo de Bilbao y el Portugale F.B.C.; y el Arenas Club contra la S. D. Indauchu; quedando clasificados para la final del día 20 de septiembre el Arenas Club y el Club Deportivo de Bilbao. En la segunda ronda el Arenas Club ganó por 2-0 al Club Deportivo de Bilbao. La clasificación del campeonato queda así: 1º Arenas; 2º Deportivo; 3º Indauchu; 4º Portugalete. Los equipos ganadores se alinearon de la siguiente manera:

Por el Arenas: Inda, Ferrer, Manzarbeitia, Echave, Azaola, Lozano, Valdes y Lozano.
Por el Deportivo: Rosendo; Artolozaga, Otaduy, Menjon; Calvo, Hormaechea y Picaza.

La victoria se decantó por los areneros, que a decir de la prensa local, estuvieron más compenetrados y fueron más veloces en sus brazadas.

El domingo día 5 de septiembre de 1926, en el muelle de Arriluze, se celebraron los partidos de la primera jornada del campeonato de Vizcaya de water-polo. Participaron los equipos del Deportivo, Arenas, Sporting e Indauchu. El primer match lo jugaron el Deportivo y el Arenas, que alinearon a:

Por el Arenas: Ferrer, Echave, Churruca, Lozano (F.), Lozano, Echevarrieta y Artaola.

Por el Deportivo: A. Ferrer, Otaduy, Artolozaga, Menjón, Zuazola, Hormaechea y Chauve.

Venció el Arenas por seis goles a uno. Quedando clasificados para el encuentro del 8 de septiembre, en el primer puesto el Arenas y el Indauchu y para el segundo grupo, el Deportivo y el Sporting. El match final del campeonato de Vizcaya de water-polo se jugó también en Arriluze. Los equipos alinearon:

Por el Arenas: Ferrer, Echave, Churruca, Lozano (F.), Lozano, Echevarrieta y Artola.

Por el Indauchu: Bolívar. Bolívar, Córdoba, Valdés, Castillo; Alvargonzález y Otaduy.

Terminó el tiempo reglamentario con empate a un gol, en la prórroga el Arenas logró dos goles más, proclamándose campeón de Vizcaya. Al año siguiente el Arenas Club seguía imponiéndose en los Campeonatos de Vizcaya de Water-Polo.


El domingo día 22 de julio de 1928 se jugó en la dársena de Arriluze el “Campeonato de Vizcaya de Water-Polo”. Jugaron en primer lugar el Arenas Club contra el Sestao, venciendo el equipo local por 2 a 1. En el ranking de la liga el Arenas iba en primer lugar con 6 puntos. El domingo día 29 continuaba aquel campeonato en el contendieron los dos Clubs que más destacaban en la liga, el Arenas Club y el Athletic. Ganó el Arenas por 4 a 2, siendo la puntuación del equipo muelleko de 8 puntos por 4 del equipo Bilbaíno.

En julio de 1929 se realizaban entrenamientos en el embarcadero de Las Arenas, entre los equipos del Arenas Club y el Club Deportivo de Bilbao. Como entrenamiento y tanteo de fuerzas de los dos equipos rivales, de cara a los campeonatos de septiembre. Los areneros, a la popa de su flamante base, aquilataban la fuerza de sus lanzamientos de cuero acuático a su incansable guardameta Ferrer. Los tritones areneros se iban a ver las caras contra los “Poseidón” y “Patos” del Club Deportivo.



Este deporte iría decayendo poco a poco en Getxo y daría paso a otras modalidades acuáticas, como las “Travesías del Abra”, pero eso que va a suceder en 1934 con su primera edición será tema de otras entradas.

lunes, 17 de julio de 2017

BASKAVIGING, BALLENEROS EN ISLANDIA



Baskaviging, una historia de los balleneros vascos en Islandia, contada por una productora de audiovisuales de Algorta “Old Port Films”. Historia peculiar de la que forma parte una ley del Siglo XVII, promulgada por el rey danés Cristián IV, que curiosamente permitía hasta su derogación en abril del 2015, asesinar a los arrantzales vascos.

Baskaviging es un documental histórico. De hecho es el primer documental de recreación que cuenta un hecho histórico que marcó la historia de Islandia, la isla más pobre y salvaje de Europa durante la Edad Media. La palabra Baskaviging es islandesa y proviene de la unión de la palabra Baska que hace alusión a lo vasco y Vigin que significa matanza, escarnio, asesinato, muerte... Por otra parte, y referido a la ley que permitió aquella matanza, la ley de Christian IV, la misma permitía asesinar o ajusticiar por parte de la sociedad civil a cualquier extranjero que alterase la paz en Islandia.


Lo que sucedió fue que la máxima expresión de esta ley se materializó en el dramático hecho que sufrieron nuestros ciudadanos como extranjeros y a partir del suceso y los posteriores juicios civiles, la ley y su aplicación de manera escrita se focalizó sobre los vascos. No debemos olvidar que Islandia había sido asediada por piratas y corsarios en varias ocasiones y que el campesinado de la zona había sufrido robos y saqueos de manera habitual así como secuestros. La ley, de hecho, especificaba que ningún extranjero podía permanecer en la isla durante el invierno, algo por otra parte muy comprensible. En invierno y sin comida y con extranjeros hambrientos en una isla como aquella, los saqueos iban a producirse sí o sí.

Para entender esa singular aventura, antes habría que contextualizar mínimamente la época, y la importancia de los derivados de ese impresionate cetáceo en la economía vasca de aquellos años, ya que era la columna vertebral de nuestra riqueza. La Eubalaena glacialis”, también llamada “Ballena de los vascos”, cuya caza era una actividad costera que se venía realizando ya desde los Siglos X y XI, anterior a la fundación de las villas, se realizaba en pequeñas chalupas, con una tripulación de unos ocho miembros.


Aunque la pesca de este gran cetáceo se venía realizando, desde finales del medievo, a lo largo de la costa cantábrica y gallega, las noticias relacionadas con la pesca, que llegaron de la mano del italiano Giovanni Caboto, trajeron noticias a Europa de que en los mares de Terranova, había tal riqueza pesquera, que el bacalao se podía sacar a mano. Para entonces los Bretones, Normandos, Portugueses, habían empezado a acudir a aquellas aguas a pescar esa especie, a la que nuestros arrantzales llegaron para dedicarse al bacalao, pero también al gran cetáceo.

Quizá uno de los puntos interesantes es que son los arrantzales vascos los que gracias a su destreza y conocimientos de la caza de la ballena se hacen dueños y señores durante mucho tiempo de las aguas de Terranova. Ellos son los que industrializan la caza y el procesado de los productos derivados de la ballena generando lo que se conoce como la primera industria en suelo norteamericano. Cazaban ballenas a cientos y el negocio era sumamente lucrativo a la par que arriesgado. Cuando holandeses, franceses (no olvidemos que dentro de las flotas balleneras vascas muchas veces los marineros más apreciados eran los vasco-franceses), normandos e ingleses entre otros vieron que los vascos tenían el monopolio de la caza de la ballena terminaron por expulsarlos de las aguas canadienses, dado que eran muchos más y más fuertes en cuanto a flota y recursos se refiere. Las ballenas comenzaron a escasear y los arrantzales vascos buscaron lugares de pesca alternativos como Islandia, por ejemplo.


Esta historia parte de una entrevista que realicé en mayo del 2016 a uno de sus realizadores. Para documentar este audiovisual recurrieron a varios historiadores y doctores, entre ellos José Antonio Aspiazu, Xabier Irujo y Michael Barkham. El documental se estructura a través de tres vías principales, entrevistas a los historiadores, mapas, infografías y grabados animados, que recrean cómo se conseguía extraer la grasa de la ballenas, y la tercera recreaciones históricas donde nos cuentan la dureza del viaje y cómo llegaron a aquellas costas. La recreación de los hechos la realiza un narrador que da vida a un personaje histórico Jón Gudmundsson, que era el erudito de la isla, además de naturalista, que hizo amistad con los balleneros e intercambiaba información con ellos. Tras los desafortunados hechos, que acontecieron más tarde, escribió un libro que se conserva en el Museo Nacional de Islandia, en el que narra aquella matanza.

Jon Laerdi Gudmundsson, más conocido como Jon el Sabio, era un intelectual y erudito que vivía en la zona más pobre de Islandia: los fiordos del Oeste. Un lugar que a día de hoy sigue igual que hace 400 años. Él fue de los pocos que durante varios años se relacionó con los vascos llegando a establecer una amistad con ellos. La misma que tras la masacre le llevó a escribir, desde el exilio en un islote del archipiélago de Westman donde cumplió condena por brujería entre otras cosas, los sucesos de los que fue testigo inculpando a los propios islandeses que comandados por un sheriff corrupto y malévolo de aquella época levanto en armas al campesinado amparado en la ley de Carlos IV para matar a los vascos. Aquel escrito fue titulado por Jon el Sabio como Spanverjavijin: Matanza de los Españoles.


El documental inicia su andadura en abril de 1615, cuando doce barcos vascos se dirigieron a aguas islandesas, pero solamente tres de ellos se quedarían en la zona que provocó el conflicto, el resto querían ir a Noruega y así lo hicieron para su suerte. En ese siglo el territorio de caza de nuestros balleneros era Terranova, pero la escasez de esos cetáceos en esos mares, les llevó a emprender la singladura de Islandia, llegando a los fiordos occidentales de la isla, conocidos como Spánverjavíg. Los capitanes de dichos barcos eran Esteban de Telleria, Pedro de Aguirre y Martín de Villafranca.

Aventura de la que ni ellos mismos sabían cómo iba a acabar, y menos aún, como lograrían sobrevivir en aquellas tierras del norte. Les iba a llevar a un territorio de campesinos, que debido al clima extremo no cultivaban la tierra, su principal modo de vida era el pastoreo de ovejas y ganado. La presencia de nuestros arrantzales, al principio fue bien aceptada, pero finalmente se convirtió en una amenaza para ellos. Temían que su fuente de alimentación podía ser esquilmada por aquellos rudos marinos, que más tarde actuarían cual desalmados vikingos. En esas tierras islandesas, los nativos solamente aprovechaban la carne de las ballenas, que varaban en sus costas para alimentarse y los huesos para fabricar sus viviendas.


Los arrantzales vascos llevaban pescando en aguas islandesas desde por lo menos 1613 si no antes. La relación entre vascos e islandeses era fantástica y los islandeses, de hecho, necesitaban de los vascos porque los inviernos eran tan duros que estaban deseando poder intercambiar su carne de res por carne de ballena con los vascos y así poder tener asegurada la comida durante el frío invierno islandés en el que morían los campesinos como moscas. De esta manera vascos e islandeses, fruto de esa necesidad porque los vascos también querían comer carne de res después de estar tanto tiempo fuera de casa, crearon un dialecto pidgin para comunicarse, un sistema de comunicación entre el euskera y el islandés del que se llegó a elaborar un diccionario. Se entendían en lo básico y se llevaban muy bien. Otra cosa es que en esta ocasión la relación se torciera fruto de terceros y a que en tiempos de necesidad el ser humano saca su lado más oscuro. Los islandeses no pescaban ni sabían pescar ballenas por superstición y porque en su isla no había madera para construir barcos. Que los vascos pescasen allí era todo un espectáculo visual y también un regalo gastronómico.

Aquellos tres barcos se dirigieron a las aguas del Norte. Su objetivo era pescar el mayor número posible de ejemplares, sobre todo para vender más tarde en Europa la grasa que fundían; cada tonel de grasa adquiría en el mercado el equivalente a 5.000 euros actuales. A su llegada mantuvieron buenas relaciones comerciales con los nativos, pagaban impuestos por el derecho de pesca, de desembarco en tierra para despiezar los cetáceos, y fundir aquella grasa. Eran los jefes tribales quienes se beneficiaban de aquellos acuerdos. Se sabe que hasta más adelante de 1632 los arrantzales vascos conservan una relación fantástica con los islandeses. Las relaciones prosiguieron durante muchos años tras la matanza.


Tras realizar una gran pesca, que les permitió llenar sus bodegas, cuando se las daban por felices, algo pasó que fue el comienzo su atroz final. Este hecho aconteció el 19 de septiembre de 1615, cuando una feroz tormenta se desató en aquellas costas. La fuerza del mar provocó que chocaran con un iceberg que los arrojó a los acantilados islandeses. Con sus barcos destrozados, agotados y desnutridos, la enfermedad empezó a hacer mella en sus helados y húmedos cuerpos, en tierra y desamparados, y aunque no tuviera justificación su forma de actuar, se vieron en la necesidad de robar a aquellos pobres islandeses sus escasos víveres para poder sobrevivir.

A comienzos de siglo se habían sucedido cuatro inviernos durísimos, los bloques de hielo polar hacinados en las orillas, impedían la pesca y el pastoreo en la zona costera, lo que dio lugar a grandes hambrunas. En la primavera de ese año el rey danés firmó un decreto que permitía a los nativos a atacar a los balleneros vascos, requisar sus barcos y posesiones, pero sobre todo lo más grave, quitarles la vida. Ello, junto a las artimañas de algún magistrado y clérigo local que puso a la población en su contra, fue el caldo de cultivo para la matanza que iba a suceder a continuación. El alguacil Ari Magnússon, magistrado en los condados de Ísafjördur y Strandir, organizó una persecución despiadada contra nuestros arrantzales. Algunos consiguieron escapar, pero otros, incluido uno de sus comandantes Martín de Villafranca, sucumbieron en manos de los indignados islandeses. En total fueron 32 los arrantzales degollados (No degollaron a todos. El grupo liderado por Martín de Villafranca, una vez asesinado su capitán, se atrincheró en una cabaña. Los islandeses levantaron el techo de madera y los dispararon desde arriba), de hecho les disparó el hijo de Ari Magnusson. Se considera ese hecho como la mayor masacre de la historia de Islandia. Se cuenta que los supervivientes raptaron un barco ingles en la zona sur de Islandia para regresar a casa. Y además, también se cuenta que la persona que mantuvo con vida a los vascos de las tripulaciones de Aguirre y Tellería, o sea los supervivientes, fue la madre de Ari.


Las recreaciones de este documental, realizado en Inglaterra, Cádiz, Pasajes San juan (Donosti) e Islandia por estos productores algorteños. Precisamente un coproductor de ese país colaboró enviándoles imágenes de ballenas y planos aéreos de la isla. (el coproductor islandés hizo mucho más que enviarles planos: se implicó mucho en todo el proceso de rodaje, fue imprescindible para que se movieran por Islandia, permisos, extras, etc... Fue una convivencia genial entre vascos e islandeses durante la grabación de la película) la coproducción con un productor islandés les permitió recrear los asesinatos en los mismos lugares y paisajes en los que tuvieron lugar hace 400 años. Hoy son sus amigos, guardan una gran relación con ellos y ciertamente, les demostraron que admiran mucho la cultura vasca.

Hasta aquí un relato sobre el trabajo de esta productora de audiovisuales de Algorta “Old Port Films”, de quienes ya he publicado otras entradas “Las Leyendas de Karolo” y “Nuevos Artistas de Getxo”. Entre los autores de este magnífico documental, están Aitor Aspe (director), Aner Etxebarria (Guionista) y Katixa de Silva (Productora); para la dirección de fotografía contaron con Jorge Roig y en el equipo de vestuario Josemi Laspalas. Ha sido presentado en festivales como el “Zinemira Festival de San Sebastian 2016” y el “Reykjavik International Film Festival”. Recientemente han ganado el premio a la mejor película documental en el festival internacional de Richmond, Virginia.


Estamos seguros que este equipo dará grandes momentos a nuestra filmografía en los próximos años.